Gordon Brown, de capa caída.

En su primera entrevista tras la contundente derrota sufrida en las últimas elecciones, Brown se mostró humilde y reconoció errores y falencias personales. Lamentó no haber impuesto una regulación más estricta del sistema bancario.
En una entrevista exclusiva con The Guardian el primer ministro Gordon Brown admitió que podría dejar su puesto "mañana mismo". "No siento el menor apego hacia esos privilegios que acompañan el poder. No me preocuparía si no puedo volver nunca más en mi vida a Downing Street. Probablemente sería mejor para mis hijos", indicó el primer ministro.

En su primer encuentro con la prensa escrita desde la contundente derrota que sufrió en las elecciones locales y europarlamentarias el pasado 7 de junio, Brown se mostró humilde y hasta reconoció errores y falencias personales. El primer ministro lamentó no haber impuesto antes una regulación más estricta del sistema bancario y se justificó diciendo que no había querido que Gran Bretaña "quedara a la zaga en materia financiera". Brown admitió que ignoraba el grado de exposición de los bancos a las hipotecas "sub-prime". "Nadie sabía que los bancos británicos, alemanes, italianos y austríacos estaban adquiriendo estas hipotecas en los Estados Unidos. Dada la naturaleza del sistema bancario global es algo que va a seguir sucediendo. Pero hay mucho que se puede hacer para evitar una repetición de la actual crisis", dijo Brown.

En el marco de este nuevo lanzamiento público de su figura, el primer ministro reconoció que tiene problemas en la comunicación con el público de sus políticas. "No soy tan buen presentador como me gustaría serlo", dijo a The Guardian. En otra admisión de doble filo –virtud en la carencia– Brown dijo que no es tan buen político, opinión que seguramente ganará un inusual consenso entre laboristas y conservadores. "No tengo una gran habilidad para las maniobras políticas", le dijo al matutino. A pesar de todo esto Brown insistió en que el laborismo puede ganar la elección con él como primer ministro porque sus iniciativas en materia económica y de gastos de parlamentarios van a empezar a dar resultado. "La gente sabe que hemos tomado las medidas necesarias para solucionar nuestros problemas económicos, pero todavía no han visto los resultados. Lo mismo pasa con los diputados", señaló Brown.

En medio del fallido golpe de mano de diputados de su propio partido para destronarlo, Brown prometió más humildad y una actitud abierta para recuperar el terreno perdido. La entrevista parece formar parte de esta nueva estrategia. En medio de una doble crisis económica y política –los niveles de confianza pública en la Cámara de los Comunes está en su nivel más bajo por el escándalo de los gastos de los diputados– Brown necesitará bastante más que un cambio cosmético para salir del entuerto.

Habrá que ver, además, con qué coherencia cultiva esta nueva imagen y qué impacto tiene en la opinión pública británica, que hace unos años eligió al proverbial hombre fuerte –Winston Churchill– como el británico más grande de toda la historia, muy por delante en la preferencia popular de Isaac Newton o William Shakespeare.

Además de la estrategia de aparecer como un humilde servidor público, el primer ministro británico Gordon Brown está recurriendo a la magia de las relaciones públicas de la realeza para evitar un definitivo ocaso político. El encargado de rescatar la reputación de Isabel II luego de los tórridos meses que siguieron a la muerte de la princesa Diana, Simon Lewis, estará a cargo a partir de julio de un reto tanto o más arduo: la imagen pública del alicaído Brown.

En el curriculum vitae de Lewis figuran los dos años que trabajó para el Palacio de Buckingham por unos 400 mil euros al año, un período en Vodafone y uno de esos requisitos semiobligatorios para las élites británicas: la Universidad de Oxford. De similar importancia son los datos que no se encuentran en su CV. Lewis es miembro del Partido Laborista y viejo amigo del gran superministro del nuevo elenco gubernamental, Lord Peter Mandelson, verdadero Rasputín del Nuevo Laborismo. Además, es hermano del editor del Daily Telegraph, el periódico que publicó en mayo las revelaciones sobre abusos en los gastos de diputados que dañó la reputación del parlamento en su conjunto y del gobierno en particular.

Lewis tendrá que recomponer la atribulada relación de Brown con la prensa y la opinión pública. La percepción de continua manipulación mediática de parte de 10 Downing Street ha debilitado a Gordon Brown tanto ante su propio partido como con la clase política y los británicos en general. Uno de los escándalos que le sacó el brillo a la exitosa conferencia del G-20 el pasado 2 de abril fue el de los correos electrónicos de Damian Mc Bride, un aliado y asesor político de Brown, que proponía hacer circular todo tipo de calumnias sobre políticos opositores y hasta sus esposas y familias para ganar la batalla mediática. Mc Bride renunció, pero a Brown ni los encendidos elogios que le había prodigado durante el G-20 el presidente Barack Obama lo salvaron del oprobio.

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