Un golpe que jamás se olvidará.

Un golpe que jamás se olvidará.
SUB 20: Los chicos argentinos cayeron por 1 a 0 ante Colombia y no se clasificaron al Mundial; razones para la involución tras una década de oro
Naufragio, retroceso, decepción, apatía, falta de rebeldía y hasta mala conducta. Condiciones que resumen el penoso camino del seleccionado Sub 20 en este Sudamericano al que se llegó con ánimos de conseguir el título y ni siquiera se logró uno de los cuatro pasajes para el Mundial de Egipto, pese a ser el bicampeón mundial vigente de la categoría. Increíble. Es, sin dudas, uno de los fracasos más impactantes en la historia del fútbol albiceleste. "Quiero un equipo con belleza", se había ilusionado el conductor, Sergio Batista, antes del arranque de la competencia, durante los primeros días de enero. Sin embargo, atractivos son lo que menos mostró este equipo sumamente desconcertante y pobre, que nunca tuvo juego ni tampoco alma en muchos casos.

Luego de más de una década de oro, con José Pekerman como mentor, la actuación en tierra bolivariana deja la certeza de que se involucionó, de que se dieron muchos pasos hacia atrás. Seguramente el presidente de la AFA, Julio Grondona, desde su despacho en la calle Viamonte, se deberá estar replanteando varias decisiones. Y el futuro es incierto.

La Argentina nunca mereció ganarse un lugar en Egipto; jamás hizo los méritos suficientes. Las virtudes se observaron con cuentagotas. Y los números finales fueron contundentes: de nueve partidos perdió tres, empató cinco y triunfó solamente uno, frente a Perú, un conjunto muy limitado y con graves problemas de disciplina. La carencia de concentración y la falta de compromiso fue una característica distintiva: en los tres primeros desafíos por su grupo, el equipo sufrió goles en contra antes de los tres minutos de juego, que lo obligaron a un esfuerzo superior.

El equipo no tuvo bravura y fue infantil. En los momentos límites no exhibió intenciones de querer llevarse a sus rivales por delante, de querer sobrepasarlos con el corazón. Más allá de que Batista no lo reconozca abiertamente, al equipo le faltó fibra, no tuvo sangre, como se dice popularmente. Salvo excepciones (Eduardo Salvio fue un ejemplo de empeño y ayer lloró, desconsolado, no bien consumada la derrota frente a Colombia), los jugadores nunca ofrecieron ese plus tan tradicional en el futbolista argentino. En cada pelota dividida, en cada salto, en cada acción de riesgo?, la tibieza fue el común denominador. Charlas hubo muchas, juramentos también, pero no sirvieron de nada. Nunca reaccionaron. Nunca se dieron cuenta de la importancia de vestir la camiseta de la selección. "Es como que no les importara nada. Lo que se les dijo, les entraba por un oído y les salía por el otro", dijo, anoche, resignado, un integrante de la delegación.

En esta generación, Checho Batista no contó con estrellas. Sin Pablo Piatti, Franco Di Santo, Javier Pastore y Mateo Musacchio, que por distintas situaciones no participaron del Sudamericano, en Salvio recayeron todas las responsabilidades. Y el jugador de Lanús fue el mejor del plantel, sin dudas, pero siempre careció de compañía confiable. Nunca tuvo a su lado alguien con quien ensayar una pared. Varias individualidades prometedoras bajaron considerablemente su nivel en Venezuela. Jonathan Cristaldo, Franco Zuculini, Iván Bella, Andrés Ríos y Exequiel Benavídez, especialmente, no rindieron como lo habían hecho durante los ensayos en el predio de Ezeiza.

El entrenador, que llegaba con el crédito abierto tras la obtención de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Pekín, esta vez, sin figuras, no pudo armar un equipo con identidad, con solidez colectiva. Tampoco sobre la competencia pudo hallar soluciones, pese a los diversos movimientos de piezas y de dibujos tácticos que practicó y puso en funcionamiento.

El comportamiento dentro del campo fue otro aspecto que dejó varios aplazos. El grupo exhibió reacciones ingenuas e irresponsables, muchas de ellas producto de la impotencia por no poder evolucionar futbolísticamente. Julián Fernández, Cristian Gaitán, Bella, Zuculini y hasta el capitán, Emiliano Insúa, fueron expulsados. El Fair Play, en el que tanto hincapié hizo Pekerman durante su prolongada gestión, quedó lejos, muy lejos.

"Nunca me imaginé que esto podía pasarnos", balbuceó Salvio ayer, entre lágrimas. Sucede que lo ocurrido aquí es como si hubiera sido una pesadilla. La rica historia albiceleste en los juveniles sufrió un mazazo inesperado. Tanta expectativa se desvaneció poco a poco, sin remedio. El dolor es grande, el fracaso fue categórico y pasará mucho tiempo hasta poder digerirlo.

29,6 es el bajísimo porcentaje de efectividad del equipo argentino, que en los nueve partidos disputados ganó sólo uno, perdió 3 y empató 5.

Las claves de la frustración

EL EQUIPO

La falta de variantes y amor propio, más la indisciplina

La Argentina no tuvo juego ni fibra íntima. Cayó en la irresponsabilidad y hasta se alejó del fair play, una característica de los juveniles en tiempos de Pekerman/Tocalli.

EL ENTRENADOR

Batista perdió la brújula y terminó confundido

No supo darle una entidad a un equipo sin figuras. Y sobre la marcha, tampoco pudo encontrar soluciones. En los últimos partidos se lo advirtió resignado.

LA PERSONALIDAD

Salvio, el único que se destacó en medio de la apatía

Ninguno dio el salto de calidad que se esperaba. El jugador de Lanús fue el mejor del plantel, y el que intentó asumir el liderazgo, pero no tuvo compañía.

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