Un golpe definitivo

Por Carlos Pagni

Los Kirchner perdieron Santa Cruz. Néstor Kirchner perdió frente a Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires. Sus candidatos en Santa Fe, Córdoba y la Capital Federal rondaban el 10% de los votos. Infarto definitivo para el kirchnerismo. Desenlace de una declinación que se inició en octubre de 2007, con el rechazo de la clase media urbana a la candidatura de Cristina Kirchner, y se hizo más pronunciada desde marzo del año pasado, cuando el Gobierno le declaró la guerra santa a la clase media rural.

Este es el mensaje de las elecciones de ayer para la historia del oficialismo. ¿Qué significa para la historia del país?

La respuesta es más compleja. Para ensayarla hay que leer los resultados de ayer, todavía provisionales, a la luz de la secuencia que se abrió en 2001. Aquel año colapsó el juego entre dos fuerzas, que había organizado la política a partir de 1983. La vida pública pasó a girar alrededor de una sola fuerza, el peronismo, y éste alrededor de una sola voluntad, la de Kirchner.

El orden rudimentario que se constituyó alrededor de ese liderazgo empezó a transitar anoche hacia una configuración todavía desconocida. Su primera manifestación se verá en el Congreso. El Gobierno se quedará sin quórum. Pero esa llave no pasará a manos de nadie. Las fuerzas de la oposición se coordinarán por la negativa, que es la manera más fácil de coordinar diversidades.

Por ejemplo: Francisco de Narváez pretende la presidencia de Diputados para Felipe Solá, pero los radicales no piensan ceder esa prerrogativa. El macrismo aspira a mediar con Federico Pinedo. Ese arte combinatorio deberá aplicarse también a la composición de las comisiones o del Consejo de la Magistratura.

Más fácil será crear esas comisiones investigadoras que se ponen de moda cuando la oposición está dispersa, y el Poder Ejecutivo desprestigiado. Para estos cometidos, sobran las ideas: una sobre el juego, otra sobre el caso Skanska, una más para la valija de Antonini o los fondos de Santa Cruz.

A la Casa Rosada no le será más sencillo abroquelar al oficialismo. Kirchner condujo a su partido a un derrumbe. Sólo la supervivencia de Carlos Reutemann evitará que el PJ se convierta una colección de náufragos encomendados a dos extraños, Mauricio Macri y De Narváez. Conviene recordar la convulsión que experimentó esa fuerza en 1983. Aunque a diferencia de Lorenzo Miguel o Herminio Iglesias ahora los "mariscales de la derrota" están en el poder.

¿Será posible para los peronistas recuperar la capacidad electoral sin diferenciarse del propio Gobierno? Ya hay antecedentes para ese enigma: para ganar anoche La Pampa, Carlos Verna debió decir que "Kirchner no es discípulo de Perón sino de Nerón". Inquietante dilema entre la aspiración a 2011 y la gobernabilidad. Para peor, el gabinete quedó anoche herido de muerte: hasta Sergio Massa perdió en Tigre. Daniel Scioli, otra gema de la corona, está más dañado que los Kirchner. Tal vez tenga razón Eduardo Duhalde: "El próximo presidente no saldrá del PJ".

Proeza

La Argentina se veía esta madrugada como un país más equilibrado, pero lejos de encontrar un nuevo orden. La voluntad del que manda no será sustituida todavía por un sistema. Para advertirlo, basta hacer un inventario de las estrellas de esta hora. Francisco de Narváez realizó su proeza rodeado de unos pocos asesores: su colaborador todo terreno Gustavo Ferrari, el publicista Ramiro Agulla, su socio José Luis Manzano y el king maker ecuatoriano Jaime Durán Barba, decisivo a la hora de convertir al candidato de un peronista del conurbano a un macrista de Pro.

Si alrededor de Macri y De Narváez funcionará una fuerza política, ésta empezará a formarse recién ahora. Ni siquiera el vínculo que une a esa pareja es de acero, y no sólo porque difieran acerca de las privatizaciones.

Algo similar puede decirse de la otras dos figuras que los comicios de ayer proyectaron hacia 2011. Son Julio Cobos y Hermes Binner. El mendocino es la expresión electoral de la que, acaso, sea la organización más articulada que aparece hoy en condiciones de competir en el país: la UCR. Hay que creer en la resurrección. Sin embargo, el Acuerdo Cívico y Social quedó desbaratado con la mala performance de la Coalición Cívica en la Capital Federal y Buenos Aires.

El desequilibrio político sobre el que se basó el despiadado liderazgo de Kirchner comenzó anoche a resetearse. Hay otro desajuste que llegó en 2001: el desequilibrio territorial. Cobos, Binner, Luis Juez, Reutemann y los gobernadores que comenzarán a rodearlo expresan a un interior que quedó marginado desde que la provincia de Buenos Aires, primero con Duhalde y más tarde con Kirchner, se apropió del poder de la Nación.

Ese país federal y agrario vuelve a buscar su lugar en el concierto. Las elecciones de ayer representaron también el fracaso de un experimento desesperado: ejercer la dominación del país desde el conurbano. Si alguien lo advirtió fue De Narváez, que sustituyó a tiempo a Duhalde por Macri y Michetti. ¿Lo habrá entendido el esposo de la Presidenta? Hasta esta madrugada siguió llamando, desencajado, a cada intendente del Gran Buenos Aires para que le expliquen su derrota.

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