Golpe a la confianza en la City local

La caída de dos empresas financieras de nuestra provincia frustró a ahorristas que se vieron vulnerados en su buena fe. Un efecto de la contracción de la economía.
Durante años, los impulsores del mercado de capitales como alternativa de inversión y de resguardo del dinero dedicaron mucho esfuerzo a tratar de convencer al ahorrista básico de que no sólo los bancos eran confiables para dejar el dinero. Lamentablemente para ellos, episodios que rayan en lo delictivo, ocurridos en las últimas semanas en Tucumán, parecen haber desplomado como un castillo de naipes una tarea tan difícil y desgastante como es cambiar paradigmas tradicionales, y más cuando la cuestión pasa por un tema tan delicado como es el manejo del dinero, nada menos.

La caída de dos “compañías financieras” -dicho entre comillas, porque tal vez la Justicia debería determinar la verdadera denominación que les cabe a estas empresas- dejó un tendal de inversores que se sienten estafados. Entre todos estos casos, está el de un joven trabajador que había ahorrado con mucho esfuerzo algo más de $ 10.000 para tomarse este año vacaciones en el exterior. Había depositado su dinero en un plazo fijo bancario, pero allegados a él lo convencieron de que sacara su plata del banco y que la invirtiera en una de estas fallidas financieras. Casi en el mismo momento en que le tomaron los fondos al incauto inversor, los “financistas” declararon que habían entrado en una etapa de iliquidez y que no podrían responder por el dinero que manejaban. Al joven trabajador le arruinaron los planes, como a muchos otros, y seguramente nadie se hará cargo del asunto.

El funcionamiento de estas firmas es clásico. Pagan por el dinero que toman intereres levemente mayores que los que ofrecen los bancos y prestan a tasas a menudo de usura -a través de descuentos de cheques, de facturas y de pagarés-, a personas o empresas con situaciones financieras tan delicadas que están dispuestas a firmar lo que sea para salir del paso, aun cuando sus negocios estén lejos de lograr los puntos de rentabilidad que hacen falta para justificar tamañas tasas. Obviamente, cobrarle a un actor tan desesperado es complejo, y más en un escenario de marcada contracción de la economía, en el que los niveles de actividad se vienen reduciendo a la mínima expresión. En esas circunstancias, es altamente probable que la cadena se rompa y que toda la estructura se resienta, como finalmente ocurrió.

Hacer la plancha

Frente al hecho consumado y para frenar los ímpetus de los inversores defraudados, los responsables de una de las financieras que entró en default argumentaron que la situación se originó en la crisis internacional. Lo más grave es que es tanta la necesidad de financiamiento por parte de algunos sectores en particular, que es probable que la compra-venta de cheques se acreciente. Por lo pronto, muchos optaron por “hacer la plancha” hasta que mejoren las perspectivas de la economía y en varias actividades parecen haber bajado las persianas hasta marzo, el mes que parece ser clave para determinar la salud de muchas empresas de la provincia, otrora sólidas. En este contexto desfavorable para el sector privado, la Provincia parece retornar a pasos de gigante a las cifras de desempleo previas al despegue de la economía que se produjo desde 2002. Lo peor de la crisis actual recae sobre las espaldas de los que menos tienen.

Mientras todavía resuenan los efectos del espectacular caso Madoff, el financista norteamericano al que se le acaban de descubrir estafas por la friolera de U$S 50.000 millones, se consolida cierta visión de que los bancos terminan siendo el menor de los males para guardar el dinero, pese a las malas experiencias de 1989 y de 2001, que tuvieron a las entidades como artífices de la incautación de los fondos de sus ahorristas. Por lo pronto, la irresponsabilidad de algunos vuelve a asestar un golpe tremendo a la confianza, el combustible del sistema financiero.

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