Con goles importados crece el imperio de Julio César

Al Banfield de Falcioni le bastó un tiempo para soñar bien arriba.
La gente le dio luz verde al corazón. Primero reclamó: "esta tarde, cueste lo que que cueste, esta tarde tenemos que ganar"; y como el equipo respondió a esa exigencia, cuando telón se preparaba para caer reconoció el esfuerzo con un himno a la ilusión: "que de la mano, de Julio César, todos la vuelta vamos a dar".

Y es que de mano del orden de un equipo que sabe a lo que juega y la potencia explosiva de su cuota goleadora extranjera, Banfield dobló el codo rumbo a la recta final con paso firme y mezclado en el pelotón de los que van a dar pelea hasta los últimos capítulos.

Le ganó a un Godoy Cruz desconocido, sin iniciativa y sin reacción, con un primer tiempo feroz en el que tiró tres trompadas al mentón que fueron suficientes para aniquilar las fuerzas del rival y el sentido de un partido al que le quedaron cuarenta y cinco minutos innecesarios.

La trama del juego se resolvió rápido. Mientras Godoy Cruz trató de hacer circular el balón en el mediocampo, Banfield mostró la energía suficiente como para encontrar espacios desde los que primero inquietó y, luego, lastimó.

Tras un par de ensayos ofensivos con combinaciones aceitadas entre Silva y Fernández, el pelado resolvió terminar con los rodeos y clavar un bombazo impresionante en la red de Ibáñez. Iban 13 minutos y, desde entonces, todo fue de Banfield que siguió visitando el área de Ibáñez con insistencia y cascoteando el arco mendocino.

James Rodríguez, que no estaba fino, tuvo el segundo en un mano a mano pero Ibáñez -en medio de reclamos de penal- se quedó con el balón. Enseguida, llegó el segundo, también de Silva, después de la mejor jugada de la tarde: Fernández para Silva sobre la izquierda, centro al segundo palo donde James la devolvió de cabeza para su compatriota quien definió con toque suave.

Godoy Cruz estaba desconcertado. Banfield, sin demasiado esfuerzo pero con la seguridad de Méndez atrás y Quinteros en el medio, manejaba los tiempos del juego a voluntad, el entusiasmo de Higuaín no alcanzaba para nivelar merecimientos.

Todo era de Banfield: pelota, terreno, situaciones y convicción, frente a un rival que, cuando sus hinchas terminaron de acomodarse en el codo visitante y desplegar sus banderas, ya perdía 3 a 0.

Antes del descanso, y tras otra gran intervención de Fernández, James Rodríguez volvió a quedar solo y, esta vez, con un zurdazo letal, no perdonó a un Ibáñez que a esa altura jugaba solo contra el mundo. Cifras categóricas que le permitían a Banfield empezar a armar el bolso y mirar más allá en el horizonte, rumbo a La Plata, donde el miércoles enfrentará a Gimnasia.

Cocca mandó a Chávez y a Valencia en el arranque del complemento que renovaron los bríos del Tomba pero sin llegar a inquietar a Lucchetti que recién sobre el final del juego debió jugarse entero ante Vera en la única de peligro para la visita.

Sin despeinarse, con oficio y determinación, Banfield logró tres puntos que lo llevaron a lo más alto, desde donde sueña con la gloria tantas veces perseguida. Tiene material, tiene confianza y tiene argumentos; le queda enfrente el tramo más exigente de la competencia, en el que se define la identidad de los que inscriben su nombre en la historia.

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