Los gobiernos del día después

Cristina, Schiaretti y Giacomino no son candidatos, pero sus gestiones quedarán vinculadas a los resultados. El nuevo reparto de fondos impactará en las cuentas de la Provincia y de los municipios, en especial el de Córdoba. ¿Decisiones audaces antes del 10 de diciembre? Por Juan Turello.
Sus nombres no los podrá encontrar en las boletas del cuarto oscuro, pero fueron protagonistas centrales de una campaña electoral excesivamente teñida por las acusaciones y la frivolidad televisiva.

La presidenta Cristina Fernández recorrió el país en respaldo de los candidatos del oficialismo. Inauguró obras, anunció otras, lanzó promesas de campaña y se plegó a la opción de Néstor Kirchner, quien hasta el último día –en su discurso de cierre en La Matanza– no dejó de insinuar que era "este Gobierno o el caos", al que asociaba intencionalmente con el menemismo y la Alianza. En suma, planteó un plebiscito de su gestión.

El gobernador Juan Schiaretti hizo lo mismo, aunque el tono de aprobar o rechazar su gestión fue perdiendo decibeles con la campaña. Y optó por el planteo de que era la defensa de Córdoba o de la Nación, que ya no envía a la Provincia ni el mínimo que la Constitución garantiza como coparticipación –34 por ciento de lo que se recauda– ni cumple con los pactos firmados para financiar la deuda ni el déficit de la Caja de Jubilaciones.

Aún no llegaron los fondos del Programa de Asistencia Financiera de abril y mayo (120 millones) y de junio (otros 60 millones), que vencen el próximo martes. Con lo de la Caja, lo impago asciende a 310 millones.

El intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Giacomino, decidió cerrarle el grifo al gremio municipal, que entre sueldos y aportes se lleva más del 70 por ciento de la recaudación, pese a que la ciudad exhibe un deterioro que no se conocía hace 35 años. El desafío –comprensible, aunque 18 meses tarde en su aplicación– se pareció mucho a una jugada política del kirchnerismo y del peronismo provincial contra Luis Juez. Giacomino dependerá de la ayuda nacional para evitar el incendio del Palacio 6 de Julio.

En suma, los tres verán comprometidas sus gestiones por la voluntad que se deposite en las urnas. Cualquiera sea el resultado, supondrá que desde el 10 de diciembre próximo alumbrará un nuevo poder político.

¿Qué es importante?

Si se trata entonces de una elección legislativa de mitad de mandato, ¿por qué es tan importante ese resultado para los gobiernos provinciales y municipales?

Es que la suma de voluntades implica la posibilidad de que el kirchnerismo siga controlando el Congreso o que este manejo pase a la oposición. Y, con ello, la alternativa de modificar cómo se reparten los ingresos del Estado nacional, hoy con serios perjuicios para el interior. Por las crisis recurrentes, las provincias –y, por ende, los municipios– fueron cediendo a la administración central recursos para que ésta enfrentara las sucesivas debacles. Como muestra, dos botones:

Cuando se creó en 1994 la jubilación privada –que manejaron las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP)–, las provincias cedieron a la Nación el 15 por ciento de la coparticipación bruta de los impuestos (antes del reparto). Ahora, con la estatización de las AFJP, el Gobierno de Cristina Fernández se hace de entre mil millones y 1.500 millones de pesos mensuales que antes iban como aportes de los trabajadores a las administradoras. Además, decide qué proyectos financia la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) sobre la base de un fondo de unos 100 mil millones que era de los aportantes.

Así, la finalización de la nueva central Pilar –que permitirá el desarrollo de la industria cordobesa y evitará los cortes en invierno y verano–, las cloacas en la ciudad de Córdoba y las obras en Villa María dependen de la abultada caja de la Anses.

Más del 80 por ciento de los jubilados, en tanto, cobra un haber mínimo de 770,66 pesos, que recién aumentará en setiembre.

El "impuesto al cheque" se implantó a mediados de 2001 para enfrentar el déficit fiscal que afrontaba el Gobierno de la Alianza. La debacle pasó y hoy las cuentas nacionales –aunque menguadas– lucen robustas, pero las provincias sólo reciben el 30 por ciento de ese tributo. Y siguen las muestras.

Los municipios de Córdoba, a su vez, reciben el 20 por ciento de la coparticipación. Como los sueldos de los trabajadores aumentaron y los gastos corrientes son más caros por la inflación, la mayoría deberá rascar la olla para pagar aguinaldos y sueldos en término. Para hacerse de nuevos recursos, varios municipios ya crearon el "impuesto a la valija", un tributo que se cobra a las empresas que no tienen sede en el lugar pero que venden allí sus productos. El impuesto es pan para hoy y hambre para mañana. Salvo las grandes urbes, las empresas no irán allí a vender sus productos y lo que compren sus habitantes será más caro por la falta de una mayor competencia. El gravamen terminará perjudicando a los más pobres.

Si la oposición le quita al kirchnerismo el control del Congreso, recortará los superpoderes (gracias a estos, el Gobierno puede cambiar el uso de una partida en el presupuesto y puede distribuir como quiera los mayores recursos que ingresen); hará coparticipable el ciento por ciento de las retenciones a la soja –en la actualidad se reparte el 30 por ciento– y el "impuesto al cheque", entre otras iniciativas que apuntarán a achicar la caja que maneja la Presidenta.

Según trascendidos no confirmados, Cristina y Néstor Kirchner harán todo lo contrario antes que se produzca la renovación de las bancas el 10 de diciembre. Pero los actuales legisladores no se suicidarán. Antes de votar esos proyectos, mirarán los resultados de las urnas y responderán al juego de alianzas o rupturas que protagonizarán sus gobernadores.

Como en las elecciones legislativas de 1987 (Alfonsín perdió frente a la renovación peronista) y de 1997 (surgió la Alianza contra el menemismo), éstas no serán un acto electoral más.

Tampoco suponen la salida de ningún gobierno. Sólo alumbrarán un nuevo esquema de poder político que –si existe el consenso– podría significar en términos económicos la salida de una recesión que ya alcanza a tres trimestres, aunque los datos oficiales aún se empeñen en esconderla.

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