El Gobierno no volverá, por ahora, a pedirle al FMI.

El Gobierno no volverá, por ahora, a pedirle al FMI.
Por lo tanto, no podrá aprovechar los acuerdos firmados en el G-20.
Pese al triunfalismo con que la presidenta Cristina Kirchner intentó mostrar su participación en la Cumbre del G-20, que significó una inyección de fondos al mundo en crisis para salir de la recesión global, el gobierno argentino no podrá intentar, por ahora, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para lograr financiamiento a la demanda y la economía real.

Según admitieron ayer a LA NACION fuentes cercanas a la Presidenta, en la cumbre de Londres no se produjo la tan esperada reforma al FMI que obligue a este organismo a otorgar créditos sin imponer condiciones a los países. Esto último es lo que pretendía Cristina Kirchner. "No están las condiciones para volver al Fondo", dijeron a su lado.

El G-20 triplicó los fondos para el FMI y además le reconoció las facultades para monitorear los futuros préstamos.

En cambio, en la Casa Rosada no descartan gestionar un nuevo paquete de recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que también fue capitalizado en la cumbre de los 22 países desarrollados y emergentes. Es cierto que el FMI ya no pide reformas estructurales como antaño. Sin embargo, el G-20 ratificó los monitoreos del Fondo, que continuarán, y fortaleció al desprestigiado organismo financiero internacional: ejercerá en adelante el monitoreo sobre todo el sistema financiero mundial.

Además, la Argentina no califica para las nuevas líneas de créditos flexibles lanzadas la semana última por el FMI. Se requieren condiciones macroeconómicas, como estadísticas sanas, transparencia en las cuentas públicas y deuda sostenible, muchas de las cuales nuestro país no cumple.

A juzgar por recientes receptores de esas líneas, Serbia, Rumania o México, el FMI no cedió demasiado en las condicionalidades para otorgar créditos atados a recortes fiscales. Además, en la cumbre del G-20 le reconoció anteayer al FMI la misión de vigilar las instituciones bancarias, los fondos de inversión, y a las calificadoras de riesgo ?hasta hoy poco reguladas?, tan criticadas éstas por la Presidenta en sus discursos.

En estudio

Sin embargo, según confiaron funcionarios a La Nacion, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, conversó ayer con representantes del FMI en la Argentina. "Se evaluará cuáles son los nuevos condicionamientos del Fondo y en función de ello se determinará si es conveniente o no negociar con el FMI", aseguraron cerca de Massa.

La definición política pasará por Olivos y por el jefe del PJ, Néstor Kirchner. Y en ese entorno aseguran que una negociación con el Fondo está "muy lejos" porque "el FMI no se reformó en la medida que se requiere".

El Gobierno apuntará a obtener entonces recursos y financiamiento del BID. La banca de desarrollo, como el BID, el Banco Mundial y otros, obtuvo del G-20 en Londres unos 100.000 millones de dólares adicionales para prestarles a los países pobres y en desarrollo.

Precisamente, en la próxima Cumbre de las Américas, los países miembros avanzarán en la letra chica de esa recapitalización del BID. Sólo entonces la Argentina estudiará qué porción le corresponderá.

El FMI se fortaleció también con recursos tras la cumbre del G-20. Se resolvió que a los 250.000 millones de dólares que hoy cuenta para prestar se le sumarán 500.000 millones más, o sea, el triple de poder de fuego. Pero además se le otorgó un paquete de 250.000 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG).

Entre los recursos de la banca de desarrollo y del FMI se conformó el paquete de 1,1 billones de dólares que se inyectarán para reactivar la demanda y el comercio global, y evitar la recesión mundial.

De aquellos DEG, a la Argentina le corresponden por cuota 2500 millones de dólares, que fortalecerán las reservas del Banco Central (BCRA), hoy en 46.500 millones. Si bien ellos no son de libre disponibilidad, y se asemejan a un asiento contable, es cierto que despeja dudas acerca de la solidez monetaria y cambiaria.

Otro aliciente para el Gobierno se produjo el lunes último cuando el titular del BCRA, Martín Redrado, firmó con su par de China la conformación de un "swap" de 10.000 millones de dólares, en yuanes, que se podrá utilizar como crédito contingente para operaciones de regulación cambiaria y monetaria.

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