El Gobierno vigila el ritmo que tendrá la economía

Por: Alejandra Gallo

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner le pidió a la AFIP que fortalezca las cuentas públicas, en un año de elecciones y más "frío" que los últimos cuatro.

El Gobierno tiene en banco de prueba todas las medidas que tomó para incentivar el consumo y sostener los niveles de empleo y de actividad. También tiene un ojo puesto afuera del país y otro, muy atento, depositado sobre el futuro de las cuentas públicas porque comenzó un año que será muy político por las elecciones legislativas y en el que se prevé menor crecimiento económico.

El desembarco de Ricardo Echegaray (ex ONCCA) coronó la hipótesis de que sólo a un hombre de extrema confianza el kirchnerismo puede encomendarle su bastión más preciado: el superávit fiscal. En especial, en un año que se prenuncia más frío que los anteriores (2009 prevé un PBI de 4%) y con abultados vencimientos financieros.

En ese contexto, y según el núcleo del poder, hay una sola manera de resguardar ese bastión: un "duro" como Echegaray, quien irá directo al grano. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya le encomendó que en sus primeros 15 días de gestión instrumente el blanqueo de capitales porque el Gobierno lo concibe como una herramienta para incentivar las inversiones.

También le pidió que trabaje con urgencia en un nuevo esquema de normalización tributaria, es decir que se concentre en apuntalar la recaudación ingresando nuevos contribuyentes, que hasta ahora operaron en negro o subfacturando. Entre las prioridades del flamante recaudador estaría seguir de cerca el nivel de cumplimiento del sector agropecuario, con el que se enfrentó durante el conflicto por las retenciones móviles. Según datos de la propia AFIP, el ritmo en el crecimiento de la recaudación viene cayendo. En noviembre pasado se recaudó sólo un 17,6% más que en igual mes del 2007, aunque el saldo general sigue siendo superior a los 21 mil millones de pesos. El cambio en el organismo recaudador podría no ser el único que se viene en el Gabinete. El actual titular de la ANSeS, Amado Boudou, tiene muchas aspiraciones.

Desde la Casa Rosada tienen la vista puesta en cada detalle de los pasos que podría dar en los primeros 60 días de gestión el por ahora presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama. La Presidenta seguirá de cerca lo que pase en la primera economía del mundo. Quiere ver si el cambio de Gobierno modifica las expectativas de los estadounidenses y si las medidas económicas que tomará Obama aliviarán el temor a que la recesión se profundice.

Aunque por ahora los funcionarios del equipo económico no vislumbran riesgo de invasión de productos importados provenientes de Asia o de Brasil (el principal socio comercial argentino) por los coletazos de la crisis mundial; en algunos sectores industriales no comparten ese diagnóstico. A pesar de los festejos por el cambio de año ya hubo reclamos concretos por parte de algunas grandes fábricas. Dicen que habrá daño comercial en algunos sectores a partir de marzo. En realidad, tanto el sector privado como el Gobierno coinciden en que en ese mes será el momento de medir el alcance de la crisis porque entonces podrá predecirse más claramente cómo vendrá el resto del 2009.

En ese sentido, el kirchnerismo apuesta a los incentivos para las pequeñas y medianas empresas que se impulsarán desde el Banco Nación. Por ahora, la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont fue una de las más activas en el apoyo financiero y el otorgamiento de líneas de crédito para las pymes. La intención del Gobierno es fortalecer ese rol. Sobre todo porque en otras entidades bancarias circula un informe advirtiendo sobre posibles casos de morosidad a partir de febrero. Sin embargo, ningún indicador señala que hayan bajado los depósitos. Esto permite suponer, desde la perspectiva oficial, que el pico de mayor incertidumbre, como el que se vivió aquí entre octubre y noviembre, habría quedado atrás.

Hay otra razón para mirar a marzo como un mes de referencia. La mayoría de las empresas y los gremios empezarán a discutir los salarios 2009 y habría casos con situaciones complicadas en los niveles de empleo para entonces.

En ese punto, el rol que cumpliría el Ministerio de Trabajo será clave. En la cartera conducida por Carlos Tomada, elaboran desde octubre un diagnóstico laboral con los gobernadores. Hasta ahora, salvo en la industria automotriz, forestal y del calzado el informe no augura situaciones graves en la continuidad laboral. De todos modos, parte del equipo de economistas del Gobierno sí parecen encender luces amarillas por el caso automotriz.

Un informe reservado que circula en esos ámbitos advertiría que por las diferencias en el tipo de cambio, y de no haber una fuerte señal proactiva por parte de los Estados Unidos en sus propias terminales, se correrían riesgos de que algunas terminales radicadas en la Argentina y Brasil intenten mudar líneas de producción al mercado brasileño. Por eso, quienes comulgan con esta visión ya preparan un duro borrador sobre las posibles herramientas de comercio que podrían ponerse en juego.

En este contexto, dentro del Gobierno hay quienes verían una ventana abierta para volver a insistir con una convocatoria a un acuerdo social con empresarios y sindicatos.

Los impulsores de esta idea saben que los antecedentes no ayudan. Las anteriores veces que fogoneó este tipo de convocatoria siempre naufragó. Primero por el paro del campo, luego por querer convertir ese acuerdo en un ambicioso plan para el Bicentenario.

Por eso, esta vez abogarían por un contenido menos amplio; circunscripto a cinco ejes donde el empleo y el tipo de cambio serían centrales. Sin un contenido más conciso, al Gobierno le resultaría imposible sumar a la mesa a los dirigentes empresarios y éstos, a su vez, quieren ver a todos los sectores, incluyendo al campo, alrededor de la mesa.

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