El Gobierno toma distancia de una ley de triple indemnización

El jefe de Gabinete pidió "no atarse a soluciones que después cuesta trabajo desarmar". Y otras tres fuentes oficiales confirmaron a Clarín que no se acompaña la iniciativa. La orden, sin embargo, fue no salir a confrontar con Moyano.Por: Leonardo Mindez
El Gobierno marcó la cancha y avisó ayer que no está de acuerdo con el proyecto impulsado por la CGT para defender el empleo ante la crisis financiera mundial y que incluye la instauración por ley de una doble o triple indemnización y la posibilidad de que los trabajadores rechacen sus despidos y se mantengan en sus puestos de trabajo.

"Hay que trabajar en soluciones prácticas para el momento y no atarse a otras que son duraderas y después cuesta trabajo desarmar", contestó el jefe de Gabinete, Sergio Massa, cuando lo consultaron al respecto en Santiago del Estero, adonde viajó para respaldar la candidatura a la reelección del gobernador radical K Gerardo Zamora.

Se sabe que el Gobierno se mueve con guante de seda con la CGT y quizás el calor y la distancia le hicieron decir a Massa lo que no debía. Lo cierto es que durante la tarde, voceros oficiales afirmaban que el jefe de Gabinete no había dicho lo que dijo y que, en todo caso, no había que darles a sus palabras ninguna connotación de enojo o enfrentamiento con la central sindical. "En la lucha por el empleo, estamos del mismo lado que la CGT", insistieron desde un despacho de la Casa Rosada.

Con todo, Clarín pudo confirmar con tres altas fuentes oficiales que el Gobierno no está de acuerdo con el proyecto redactado por el diputado y abogado de la CGT, Héctor Recalde. Pero que el mensaje que había bajado desde Olivos (léase, Néstor Kirchner) era "no confrontar públicamente" con Hugo Moyano.

Por eso, se desistió de la idea de emitir un comunicado oficial expresando la posición de la Casa Rosada y Massa no volvió a hablar del tema en su segunda escala del día en Rosario. Quedó, apenas, su escueta declaración matutina como única señal, pero suficientemente elocuente, de que el kirchnerismo no respaldará en el Congreso el proyecto que ayer mismo Recalde le entregó a Moyano para que sea aprobado por el Consejo Directivo de la CGT (ver página 4).

La relación del Gobierno con la CGT entró en zona de turbulencia la semana pasada, cuando un fallo de la Corte Suprema abrió la puerta a una mayor libertad sindical, amenazando la tradicional hegemonía gremial del sindicalismo peronista. Algunos importantes gremialistas sintieron que detrás del fallo de la Corte había un mensaje del Gobierno.

Para colmo, la decisión judicial llegó mientras funcionarios y sindicalistas comenzaban a reconocer públicamente que la crisis ya se hace sentir en el país con despidos y suspensiones crecientes.

En ese contexto, la cúpula de la CGT instó a Moyano a redoblar sus presiones sobre el Gobierno. En las últimas horas, el camionero salió a reclamar que "algo hay que hacer o empezamos a aplaudir cuando despiden gente". Le pidió a Recalde que avance con la redacción del proyecto para incrementar los costos empresariales para los despidos y volvió a la carga con el pago de un plus salarial de 500 pesos a fin de año.

El lunes, cuando Clarín consultó a Kirchner en la quinta de San Vicente su opinión sobre estas ideas de Moyano, el ex presidente sonrió y dijo que su relación con el líder de la CGT "es fantástica".

Ayer, desde la Unión Industrial elevaron su "rechazo a estas iniciativas que no hacen sino generar incertidumbre y reducen los incentivos a la creación de empleo y a la inversión" (ver página 4).

Anoche, en la Casa Rosada afirmaban que es "poco probable" que se pague el plus salarial reclamado por muchos sindicatos, pero un importante ministro del Gabinete reconoció ante la consulta de este diario que "en este contexto, el Gobierno no puede mostrarse enfrentado con la CGT".

Un hombre que se sienta en la mesa chica de la conducción cegetista confesó a última hora que "el proyecto sobre las indemnizaciones es secundario si entramos en sintonía con el Gobierno y se toman las medidas necesarias para preservar el empleo".

Así las cosas, y aunque tanto funcionarios como sindicalistas negaban que se tratase de una jugada concertada, el juego de declaraciones parecía servirles a ambos. A Moyano, para mostrarse combativo. Y al Gobierno, para agitar ese fantasma en la negociación con los empresarios en busca del objetivo de preservar las fuentes de trabajo.

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