El Gobierno tiene su propia lista de prioridades

Por Hernán de Goñi

La expansión de la gripe A dejó de ser un problema de salud pública. Si bien el Gobierno nunca se mostró paralizado ante el avance del virus, la sensación es que a medida que se acercaban las elecciones bajó la intensidad de sus reacciones, pasando de un extremo (el cierre de la frontera aérea con México) a otro (la reticencia a declarar la emergencia sanitaria).

Los funcionarios utilizan argumentos casi técnicos para defender su postura. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, sostuvo que hay que actuar con máximo rigor en materia de prevención, pero advirtió que si se saltean los controles administrativos, se pueden caer en ‘situaciones desagradables ligadas al manejo de fondos públicos‘.

Es cierto que no se puede cuestionar el celo que pone Massa en esta materia. Lo que llama la atención es que el Ejecutivo no haya exhibido un interés similar en la administración de gastos de mayor envergadura.

La salida de Graciela Ocaña (cansada de las internas y de que sus recomendaciones no tuvieran eco) potenció la percepción de que con la gripe A el Gobierno también se mueve con una escala de prioridades y valores diferente a la de mucha gente, lectura que ya se vio en el resultado electoral. El problema es que lo que hoy está en juego ya no se mide con costo político.

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