El Gobierno sigue atrapado en un conflicto que lo liquida de a poco

Por: Eduardo van der Kooy

Obsecación. Ineptitud. Impotencia. Cualquiera de los calificativos serviría para caracterizar el camino que el Gobierno de Cristina y Néstor Kirchner vienen transitando desde hace con exactitud un año en la pelea con el campo.

La obsecación no se limita sólo a ese problema irresuelto. Ha sido también el signo más saliente de Kirchner en el año y meses que lleva de vida la administración de su esposa.

Quedó demostrado en las últimas horas. Negó una derrota política -tal vez más que electoral-- en los comicios del pasado domingo en Catamarca. Una derrota que pareció buscarla con denuedo en una competencia que, en tiempos de normalidad, debió resultarle absolutamente ajena. Ni siquiera Kirchner insinuó una rectificación como había sucedido con la mala experiencia de Misiones. Emocionalmente desbordado, rústico de gestos y palabras, el ex presidente aseguró el lunes desde un estrado bonaerense que seguirá participando activamente hasta el próximo octubre cada vez que haya en juego aunque sea un voto.

El conflicto eterno con el campo le desmembró los bloques en el Congreso. En el Senado se produjo otra baja, la de Ramón Saadi. El catamarqueño había sido uno de los votos oficialistas de aquella resolución 125 que terminó de tumbar el vicepresidente Julio Cobos. Anoche se perfilaba otro legislador de una provincia norteña dispuesto a partir. Agustín Rossi, el jefe del bloque del PJ, hace números todos los días sin la certeza de los diputados que podrán acompañarlo cuando la Cámara baja vuelva a sesionar y, sobre todo, cuando regresen los temas delicados.

La confrontación con Felipe Solá subió el tono de manera inconveniente en las últimas horas. Kirchner embistió contra el ex gobernador pero en su ceguera arrastró también a Daniel Scioli por la cuestión de la inseguridad. Scioli estuvo ayer desolado tratando de encontrarle alguna explicación a la ofensiva. Un ministro clave de su gabinete estuvo con ganas de renunciar.

El senador Carlos Reutemann siguió marcando distancias con el matrimonio aunque dijo que si el PJ de Santa Fe resolviera una lista de unidad con Rossi no se rebelaría. No dijo si, en ese caso, continuaría ambicionando la candidatura y si estará dispuesto a hacer campaña en favor de Cristina y de Kirchner. Pareciera no estarlo.

Kirchner supone que sus críticas a Solá podrían servir para debilitar al diputado y, a lo mejor, afectar la alianza que pretende sostener con Francisco De Narváez y Mauricio Macri en Buenos Aires. Supone también que el constante castigo a Cobos mellará la figura del vicepresidente. Algún encuestador le acercó cifras con una hipotética declinación popular del dirigente radical. Kirchner está viviendo de su pasado.

El presente es otra cosa. Las andanadas del ex presidente actúan, en general, como estímulo y crecimiento de sus adversarios. Le sucedió a Cobos el pasado fin de semana en Mendoza donde antes de su irrupción en el Senado era un dirigente que generaba divisiones. Le ocurrió también en Corrientes cuando asistió a un homenaje al general San Martín, sin la Guardia de Honor de Granaderos que le retaceó Cristina. Se zambulló en Catamarca para castigar a un gobernador, Brizuela del Moral, que escapó de la huerta kirchnerista para asociarse con el vicepresidente. El gobernador está ahora agradecido pero Cobos lo está bastante más.

En ese punto la obsecación podría fundirse con la impotencia. Quizás esa impotencia fue lo que indujo al Gobierno a enrarecer de nuevo las vísperas de la reunión con el campo. Lo mismo había acontecido hace dos semanas.

Aquella vez fue la amenaza de un nuevo mecanismo para la futura comercialización de granos. Ayer alguna solapada injerencia de Guillermo Moreno en el proyecto de ley de carnes o la mezquina publicación en el Boletín Oficial de los acuerdos celebrados el martes 3.

Débora Giorgi tuvo mucha responsabilidad en que el encuentro de ayer no fracasara. La tuvieron también Florencio Randazzo, el ministro del Interior, y Carlos Cheppi, el secretario de Agricultura. Pero la ministro de la Producción actuó con rápidos reflejos cuando escuchó las quejas de los dirigentes de la Mesa de Enlace y prometió correcciones en aquel Boletín antes de continuar con el diálogo.

Ese diálogo progresó poco y nada por dos razones. Los dirigentes del agro descreen de los Kirchner mas allá de la buena voluntad de sus interlocutores circunstanciales. Esos mismos dirigentes, acuciados por ciertos núcleos de productores y por la oposición que se cuelga de sus faldas, necesitaría de respuestas oficiales más expeditivas para distender la situación.

El corolario ha sido una nueva frustración. Mañana habrá una protesta del campo en las rutas de Córdoba organizada, en especial, para canalizar el disconformismo de los sectores duros. Cristina, luego de una semana de tregua, volvió a cuestionar a los dirigentes.

El escenario de la batalla se ampliará en el Congreso. La oposición pergeña el llamado a una sesión para tratar un proyecto que promueva una baja a las retenciones, también para la soja. Ese es el límite que han trazado los Kirchner.

El oficialismo en Diputados está dispuesto a no dar quórum. La oposición asegura que insistirá las veces que sea necesario. El problema con el campo, mientras tanto, sigue sin resolverse. Todos los problemas del país tienden a empeorar.

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