El Gobierno da señales compatibles con Chávez y no con la democracia

Por Gustavo Sylvestre

El Gobierno mantiene actitudes contradictorias y hostiles con distintos sectores de la sociedad. Dice querer el diálogo -hoy por hoy en vía muerta- pero impone sin concesiones al parlamento la aprobación de leyes que merecerían un amplio debate.

Dice querer buscar las soluciones para los productores rurales, pero demora la reglamentación de medidas y manda a echar a un funcionario de Scioli por tener buenos vínculos por los ruralistas.

Dice trabajar para todos, pero mantiene a raya a los gobernadores y los asfixia económicamente si no son de la partida oficialista.

Y, aún más, un importante ministro del Gobierno estuvo a punto de renunciar en los últimos días, por haberse sentido ‘maltratado’ públicamente por la Presidenta.

Hasta el 10 de diciembre mantendrá una mayoría parlamentaria que le permite imponer sus criterios, pero: ¿Que pasará cuando la pierda y deba negociar, como se hace en toda democracia, leyes indispensables para el Gobierno y para la sociedad?

Con bombos y platillos se anunció un diálogo político indispensable, importante y que podría haber sido constructivo, en el marco de una elección parlamentaria que dejó un equilibrio político pocas veces visto en el país. Pero el Gobierno lo desaprovechó en su obstinación de mantenerse siempre en sus propias ideas, y muchas veces rechazar las ajenas. Y dejó más debilitado aún al Ministro del Interior.

El envío de la ley de radiodifusión al Congreso parece buscar revancha frente a los medios-siempre muy criticados y últimamente con algunos vestigios preocupantes de persecución en algunos casos- más que buscar un debate democrático, pluralista, federal que sirva para actualizar una ley que viene desde la época de la dictadura.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que busca imprimirle al Gobierno más gestión y hechos concretos, tiene desde hace varios días listas las resoluciones que permitirán liberar las exportaciones de trigo y maíz. Y busca la reglamentación de los $ 2 por kilo para incentivar a los productores agropecuarios en la cría del novillo pesado. Medidas anunciadas desde hace tiempo, que descomprimirían la tensa relación con el campo, pero se demoran y recién serían anunciadas la semana próxima.

En el medio del paro, el Gobierno tuvo otro gesto de dureza hacia el campo: mandó a echar al Ministro de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, Emilio Monzó, "por tener buenas relaciones con la dirigencia agropecuaria". Desde hace tiempo Monzó que estaba en la mira de la Rosada y del ex presidente Néstor Kirchner, precisamente por esas buenas relaciones. Y así se lo habían transmitido al gobernador Scioli, cada vez más preso de las decisiones del poder central. ¿Era necesario justo en este momento? Busca soluciones o busca confrontar con el campo?

El gobernador Schiaretti se siente "asfixiado" económicamente por el Gobierno, y desde la Rosada se demora una ayuda ya prometida, solo por haber marcado posiciones diferentes a las del Gobierno.

Hay señales preocupantes desde el poder. El Gobierno se debería dar cuenta que no tiene margen para ciertos actos. Y debería rápidamente alejar signos que, en algunos momentos se emparentan más con la Venezuela de Chávez que con la sociedad democrática en la que quieren vivir los argentinos.

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