El Gobierno usa las reservas para pagar deuda y los buitres acechan

Por: Daniel Fernández Canedo

El lunes se publicó el decreto por el cual el Gobierno tiene previsto tomar 6.570 millones de dólares de las reservas del Banco Central para pagar los vencimientos de deuda de 2010. A partir de ese momento, los conocidos fondos buitres que litigan contra la Argentina redoblaron su presión en Estados Unidos.

Elliot, NML, EM y Dart -así se llaman- reclamaron ante el juez Thomas Griesa de Nueva York que se contemple la posibilidad de acelerar los embargos a los bienes argentinos en el exterior.

Hasta ahora, Griesa siempre falló a favor del país y en contra de los fondos, pero ahora los acreedores creen tener más argumentos para lograr su cometido: cobrar lo más que puedan por la deuda argentina que aún está en cesación de pagos.

El argumento principal es que si el Gobierno usa reservas del Banco Central para pagarle a los bonistas, que son acreedores privados, quien lo hace es el Tesoro y por tanto ese dinero es pasible de ser embargado.

En Olivos y la Casa Rosada, donde se gestó la idea del Fondo del Bicentenario, argumentan que no pasó nada cuando se le pagó US$ 10 mil millones al FMI y que ahora tampoco debería haber problemas a la hora de mostrar vocación de pago.

Una diferencia es que en 2006 se le canceló la deuda a un organismo internacional y ahora se trataría de ahorristas privados. Para los abogados de los fondos buitres no se trata de una diferencia menor.

Mientras tanto, y después de que el ministro Boudou dejó en claro que su intención es gastar todo ese dinero en 2010, aparecen estrategias diferentes y cuestionamientos dentro y fuera del oficialismo.

Para Economía, un decreto presidencial basta y sobra para que el Gobierno tome y use US$ 6570 millones de las reservas.

La oposición ya adelantó que sería necesaria una ley. Pero el Congreso entra en receso y la implementación de este fondo podría ser en dos semanas.

Además, desde el Banco Central se escuchan voces en favor de defender las reservas no sólo por motivos económicos: un decreto parece demasiado endeble para evitar un juicio sobre la forma de manejar esas divisas.

Martín Redrado espera un pronunciamiento del Procurador de la Nación sobre el tema pero, también, un respuesta de abogados del exterior sobre si se podrán evitar embargos de importancia.

Además, los auditores del Central deberán dar un dictamen sobre el efecto que tendrá en el balance la salida de US$ 6570 millones a cambio de un bono del Tesoro.

Esos temas no parecen ser una barrera para Néstor Kirchner, que vuelve a apostar por pagar al contado la deuda antes que tener que hablar con el FMI. Además el desembolso más importante (US$ 2.500 millones para el servicio de los Boden) será en agosto. Falta mucho tiempo.

¿Podrán surgir amparos judiciales? Parte de la oposición lo tiene en mente y en el oficialismo, hay funcionarios que empiezan a evaluar el costo político y personal de tener que pasar por los Tribunales.

Mientras tanto, en estos días la medida no tuvo efecto en la marcha de los mercados.

A los mercados no les preocupa el futuro de la solidez externa del país sino las ganancias que se puedan obtener rápido y, en el corto plazo, el panorama aparece despejado.

Las condiciones para la reactivación de la economía siguen siendo buenas.

A los inversores que operan a nivel mundial se les hace difícil conseguir títulos que rindan 5% anual; los bonos argentinos ofrecen hasta 11,5%.

Eso favorece la entrada de capitales financieros y más aún cuando la idea oficial es que el dólar se quede lo más quieto posible.

También en el corto plazo el aumento del gasto público juega a favor para expandir el consumo. Y eso ya se está notando en las compras de fin de año, y se prolongaría durante las vacaciones de verano.

El Gobierno se comió el superávit fiscal y hoy, si bien lo oculta con cosmética, el Tesoro no puede evitar que las cuentas caigan en déficit.

La táctica oficial para el manejo económico de corto plazo surge con claridad: aumentar el consumo pese al riesgo de que la inflación le pueda jugar una mala pasada.

Comentá la nota