Gobierno no reforma impuestos: renueva los de Menem y Cavallo

Por: Rubén Rabanal

El gobierno volvió a demostrar ayer que, en materia tributaria, no está dispuesto a llevar adelante ninguna reforma. Por el contrario: durante cinco años confirmó su apoyo a la existencia de los impuestos más regresivos que el país haya alumbrado, casi todos en épocas de emergencia, y que complican desde hace tiempo el costo empresarial.

Este fin de año es la prueba más evidente de esa realidad. Antes de comenzar a debatir la estatización de las AFJP, la Cámara de Diputados aprobó ayer la prórroga hasta el 30 de diciembre de 2009 del Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta. Ese impuesto fue creado por Roque Fernández, ministro de Economía de Carlos Menem, en 1998 y por un plazo de 10 años que ahora vence, en medio de una amplia reforma tributaria que intentaba reforzar la caja pública en momentos en que el país sufría la fase más aguda del déficit fiscal de esos tiempos.

Fue creado dentro de un paquete de reformas al Impuesto a las Ganancias, al IVA, Bienes Personales y que dejó como regalo Ganancia Mínima Presunta y el impuesto sobre el costo del endeudamiento empresarial y los intereses pagados, este último ya derogado.

Esa creación del entonces ministro fue bombardeada desde todos los sectores de la producción. Pero como en todo gobierno peronista, las razones casi no fueron escuchadas y terminó aprobado por la mayoría que el menemismo impuso en el recinto.

El problema desde el inicio con ese nuevo tributofue el mismo que aún subsiste: fue creado con la excusa de gravar los activos improductivos que mantenían las empresas y particulares, como campos o inversiones inmobiliarias, pero no se consideraron en el cálculo los pasivos. Por lo tanto, aunque Ganancia Mínima Presunta actuó siempre a cuenta del pago del Impuesto a las Ganancias, los empresarios debieron comenzar a adelantar el pago sobre la base de sus activos y no de su situación real. Peor aún: fue en un momento en que la convertibilidad comenzaba a crujir y las empresas, a desmoronarse.

La presunción fue que todos los activos de empresas (incluidas entidades financieras y hasta consignatarios de ganado) y particulares debían generar una renta, independientemente de su productividad. Y sobre ese valor se aplicó el impuesto con una tasa de 1%.

Esa polémica creación del menemismo tardío llegó ayer al recinto de Diputados y consiguió la aprobación por 129 votos a favor y siete en contra, casi sin discusiones. Así, continuará vigente, al menos hasta el 30 diciembre de 2009. Lo curioso es que en el mensaje de elevación de ese proyecto que Cristina de Kirchner y Carlos Fernández enviaron al Congreso el 7 de julio pasado se defiende el impuesto con las mismaspalabras que utilizó en 1998 el entonces ministro Roque Fernández: el tributo «constituye una clara herramienta para castigar a los activos improductivos afectados a la actividad empresarial», dice el texto.

No será el único impuesto que se prorrogue. Antes del 31 de diciembre, el Congreso deberá votar, además, la continuación de la vigencia del impuesto al cheque. Es cierto que no es éste un momento para resignar recursos eliminando impuestos distorsivos, pero el debate desatará otra vez una puja entre la Nación y los gobernadores que quieren llevarse algo más de 30% de la recaudación de ese tributo sobre los débitos y créditos bancarios. Su origen, además, no puede enorgullecer a los Kirchner: fue creado por Domingo Cavallo en abril de 2001 cuando el ministro por entonces de Fernando de la Rúa también veía licuarse los ingresos del Tesoro. Como Ganancia Mínima Presunta, nació en medio de una crisis y se prometió que sería sólo mientras durara. Los Kirchner pasaron cinco años que no pueden considerarse de emergencia, pero no intentaron en ningún momento modificar esos impuestos que siempre afectaron a la producción. Ahora ya no podrían hacerlo, aunque quisieran.

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