El Gobierno recorta gastos básicos pero no toca las obras electorales.

Por: Alcadio Oña .

Hasta mediados de junio, el Gobierno ha gastado el 80 % de la partida anual destinada al plan de viviendas "Techo Digno": consumió 1.605 millones de pesos sobre un total de 1.994 millones. Cualquier asociación entre este manejo de la plata y las elecciones es, desde luego, procedente.

En ese paquete entran construcciones nuevas y terminación de otras en marcha, cloacas, redes de agua, gas y electricidad. Necesidades evidentemente insatisfechas, pero a la vez todo visible y rápido.

Al calor de la política, es un privilegio nada casual que en Buenos Aires ya hayan ejecutado el 73 % del presupuesto que tiene para los planes de vivienda: 484 millones de 662 millones. El grueso, se sobreentiende, son obras en el conurbano.

Allí cae la lluvia de anuncios que el Gobierno hizo estos meses. Y se construye a todo vapor, pues la movida vale siempre y cuando se vean las casas.

Según las encuestas más recientes, la elección en la Provincia viene con final abierto. Pero la apuesta en dinero que Néstor Kirchner hizo, ahí donde se juega su destino político, aflora por todas partes.

Vuelta a los números:

En lo que va del año, Buenos Aires se llevó el 71 % de la partida asignada a todo el programa "obras de infraestructura en municipios". Son recursos para repavimentaciones, alumbrado y otras inversiones urbanas. Y una enorme ofrenda, en el reparto de fondos K, a los llamados barones del conurbano: interés por unos y desinterés por el resto de los intendentes del país.

La Provincia también está arriba en las distribuciones de Vialidad Nacional. Ya se le giró el 96 % de su presupuesto anual, contra el 40 % de Córdoba o el 32 % de San Luis.

A pesar de los apremios fiscales, Julio De Vido se puso prácticamente al día con la parva de plata que el Gobierno adeudaba a las constructoras y hasta habría algunos pagos por adelantado, según fuentes privadas. Cualquier asociación entre la decisión de apurar ciertas obras y las necesidades electorales es de nuevo procedente.

La Ley de Presupuesto, que debiera reflejar verdaderas políticas de Estado, ha sido sistemáticamente vulnerada durante la era kirchnerista, con decretos de necesidad y urgencia y superpoderes. Parte de lo mismo, también es usual que el poder político distribuya fondos públicos según criterios arbitrarios y poco equilibrados.

Es justamente lo que ahora se ve en los números que le tocan a Buenos Aires, así sea una provincia de otros modos relegada. Y también lo que aparece, oculto, en una masa de gastos postergados estos meses: todos al fin esenciales.

El plan "Más escuelas¿Mejor educación" está concebido, en la letra del Presupuesto, como un sistema de apoyo a las provincias para atender "demandas que se encuentran en riesgo social y educativo, mejorar la calidad, la equidad y la eficiencia". Todo muy encomiable, salvo por un detalle: transcurrida la mitad del año, apenas se usó el 27,6 % de la partida anual que el mismo Gobierno había destinado a la construcción de escuelas.

Hay más de lo mismo, y mucho, en planillas oficiales:

En el Presupuesto existen 15 millones de pesos para sanidad escolar: sólo se gastaron 58 mil.

De los 213 millones correspondientes al "fortalecimiento del sistema público de salud", se usaron 24 millones: el 11,2 %.

No se llegó al 28 % en el caso del plan de lucha contra el sida: 71 millones sobre 259 millones.

Para el programa "Atención a la madre y al niño", hay fondos disponibles por casi 500 millones de pesos: se utilizaron 109 millones, menos del 22 %.

Son algunos datos que corresponden al Ministerio de Salud. Y ninguno insustancial.

Pero ocurren cosas semejantes en Desarrollo Social: allí aparecen 1.213 millones para seguridad alimentaria, de los cuales apenas se gastaron 372 millones. O en el Ministerio de la Producción, donde están previstos 349 millones para el fomento de las pequeñas y medianas empresas y se usaron muy modestos 8 millones: nada menos que en aquello que se considera motor de la economía y de la creación de trabajo.

Si no fuese porque tanto número ya apabulla, sería posible encontrar unos cuantos ejemplos más, sensibles también, en los casilleros del sector público nacional. Y cualquiera contrastaría con el 80 % que se consumió en el plan de viviendas.

Todo el tiempo se comprueba que las cuentas fiscales están apretadas y que el superávit subsiste gracias a la caja del sistema previsional. Hay otro par de cosas que también se conocen. Una, que por definición los recursos son insuficientes respecto de las necesidades. Otra, derivada, que siempre es clave definir un orden de prioridades.

De hecho, el kirchnerismo se ha inclinado por un orden: al menos hasta el próximo 28 y en función de su plan electoral.

Pero cualquiera sea el resultado, pasado el comicio tendrá que seguir gobernando. Y si no saca recursos de otras fuentes, le será inevitable ajustar por algún lado. Debiera suponerse que no será por donde lo ha hecho en estos seis meses: escuelas, salud, acción social, según sale de las propias planillas oficiales.

Comentá la nota