El Gobierno prorrogó las sesiones y dejó todo listo para aprobar la reforma política

La iniciativa se debatiría en el Senado el 2 de diciembre. El oficialismo debió firmar el despacho de comisión en soledad, porque la oposición se retiró enojada
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner prorrogó ayer por la mañana hasta el 10 de diciembre las sesiones ordinarias del Congreso y, horas más tarde, su bloque de senadores apuró el dictamen de comisión del proyecto de reforma electoral en soledad, ya que la oposición abandonó el debate en protesta por la falta de tiempo para analizar el texto. Así, el oficialismo dejó el terreno preparado para la sanción de la iniciativa, que podría plasmarse el martes próximo si la bancada que conduce Miguel Pichetto llega a juntar los 37 votos necesarios para transformar la reforma en ley.

Antes de que la oposición lo abandonase, el debate en el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales, de Justicia y de Presupuesto y Hacienda contó con las participaciones del secretario de la Gestión Pública, Juan Manuel Abal Medina, y el director nacional electoral, Alejandro Tullio, a quienes más tarde se agregaría el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien finalmente no concurrió. "Lamento la actitud de la oposición de no querer escuchar y retirarse del plenario. Estaba en camino al Senado pero me avisaron de la actitud que tomó la UCR", explicó el funcionario.

"Si no se van a aceptar modificaciones estamos de más en este debate; no vamos a quedarnos si el Gobierno no acepta una petición del radicalismo", expresó el senador Gerardo Morales antes de abandonar el Salón de Lecturas del Senado. Su bloque había solicitado extender el debate hasta marzo del año próximo para sancionar la ley recién los primeros días de abril, pero Pichetto rechazó la propuesta en función de que hay "muy poco margen de tiempo para que se trate" el tema. En ese marco, Pichetto, jefe del bloque oficialista, admitió que sancionar el proyecto en 2010 será "muy difícil" porque "el escenario del año que viene es un escenario de fragmentación".

Al igual que su colega en Diputados, el rionegrino advirtió además que "muchos hombres de la UCR" expresaron su "respaldo" a la reforma "porque saben en el fondo que el proyecto sirve para consolidar los partidos políticos en el país"; pero consideró que "les resulta muy difícil, como parte de la oposición acordar coincidencias mínimas" con el oficialismo, en un contexto de "escenario de conflicto" que se ha construido "desde otros sectores" en el país. "Tenemos un sentido de pertenencia a un partido; no somos libre pensadores", dijo Pichetto.

Se le sumó el titular de Asun

tos Constitucionales, el santacruceño Nicolás Fernández, quien procuró convencer a la oposición: "Nosotros no estamos imponiendo una agenda, sino que queremos terminar con un debate que está abierto en la Argentina desde hace mas de 25 años". Pero ninguna de las justificaciones fue suficiente y el socialista Rubén Giustiniani se sumó a la protesta radical. "Creo que el Gobierno equivoca el camino con este tratamiento. No es razonable", sostuvo el senador santafesino, y aseguró que "esta ley nace muerta porque no tiene consenso". "¿Cómo van a modificar las leyes de los partidos políticos, sin acordar con los partidos políticos?", se preguntó el presidente del Partido Socialista. A su turno, Samuel Cabanchick (Buenos Aires Federal), calificó de "aberrante" la metodología del debate y consideró que "esta reforma electoral se va a llevar adelante a espaldas de la gente".

El proyecto –que establece la realización de elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para todos los partidos que postulen precandidatos para nominar a cargos electivos nacionales– necesita de una mayoría especial para ser aprobado por tratarse de una modificación a la Ley Electoral. Por ello, el oficialismo deberá conseguir el apoyo de, al menos, más de la mitad más uno de los integrantes del Senado. Es decir, 37 voluntades.

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