El Gobierno prepara un plan para pagarle al Club de París

Propondrá el pago de US$ 6000 millones, con un régimen de cuotas crecientes y quita de capital
El Gobierno retomó la negociación de la deuda en default, primero con un plan para pagarle al Club de París, con una quita de capital y en un plazo de cinco años, por cerca de 6000 millones de dólares, y luego de las elecciones legislativas intentará definir una operación de canje con los bonistas que no aceptaron el canje de 2005 (los llamados holdouts ), ya sin la precondición de obtener "dinero fresco" a cambio.

Mientras tanto, se trabaja para adelantar para el próximo junio el pago del fuerte vencimiento del bono Boden 2012, previsto para agosto, por unos 2300 millones de dólares (ver aparte).

Así lo indicaron a LA NACION fuentes del Gobierno, el Ministerio de Economía y el Banco Central.

La propuesta que acercó el banco Lazard Frères al Gobierno para saldar la deuda con los países reunidos en el Club de París incluye un monto menor que el comprometido por la Presidenta en su anuncio de septiembre pasado (6700 millones de dólares) y que el calculado por el propio organismo (US$ 7900 millones).

"Serán menos de 6000 millones de dólares por la quita de capital", expresaron las fuentes, con la confianza de saber que el actual secretario ejecutivo del Club de París tuvo vínculos muy directos hasta fines de 2008 con la entidad financiera que ahora busca quedarse con el negocio de este acuerdo, luego de fallar en su intento de ser la asesora del canje de 2005.

Las fuentes aclararon que el Estado no le pagará una comisión fija a este banco, sino que éste cobrará un porcentaje variable según el éxito de la negociación.

De este modo, atrás queda la idea del pago en efectivo con las reservas del Banco Central, prometida públicamente por la Presidenta hace unos nueve meses.

Más crédito

Ahora, crisis global mediante, se buscaría un esquema similar al acordado en enero de 2007 con el gobierno de España por una deuda de 1000 millones de dólares, generada por el "blindaje" financiero del año 2000, a cancelar en cinco años con cuotas crecientes.

Si se cumplen los pronósticos más optimistas y la crisis mundial comienza a revertirse en el segundo semestre del año, la Argentina podría aspirar a obtener algunas líneas de financiamiento para el comercio exterior e inversiones, gracias al acuerdo con el Club de París.

El reciente compromiso de un importante aporte a Volkswagen Argentina por parte del Banco Europeo de Inversiones, luego de que el Ministerio de Economía regularizara una situación similar, alienta esta aventurada hipótesis.

Las fuentes oficiales aclararon que estas ideas "todavía no constituyen un plan integral" por la campaña electoral y porque cierto sector del kirchnerismo cree que no hay que restablecer relaciones con los acreedores pensando en mantener la ilusoria premisa de "vivir con lo nuestro".

En ese sentido, se vanaglorian de contar con los recursos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), los depósitos del sector público en los bancos oficiales (10.000 millones de pesos), los adelantos transitorios del Banco Central (que podrían llegar a 4400 millones de dólares, según la consultora MVAS-Macroeconomía) y la aceleración de desembolsos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Pero esa masa crítica, reconocen los funcionarios consultados, "constituye stocks, que deben cambiar por flujos para mantener las líneas de defensa de la economía [superávit fiscal, tipo de cambio competitivo respecto del dólar e inflación que no se dispare]".

Esta preocupación cobrará más vigencia en 2010, cuando, según se estima, haya que conseguir unos 5000 millones de dólares para cubrir la brecha del programa financiero.

Si el Gobierno no avanza hacia un mayor aislamiento financiero respecto del resto del mundo, se reconoce, simplemente es porque el ex presidente Néstor Kirchner entendería mejor que nadie la escasez de los recursos en materia económica.

En cuanto a los bonistas en default, las fuentes subrayaron que se mantiene el diálogo con el sindicato de bancos formado el año pasado (integrado por Barclays, Citi y Deutsche) para regularizar la situación de unos US$ 30.000 millones, con un bono a 20 o 25 años, pero admitieron que quedó descartado el sueño de obtener "dinero fresco" a cambio, lo que fuera esbozado en 2008.

De todos modos, hasta después de las elecciones de junio no habrá una definición sobre esta compleja negociación con los acreedores privados.

Hoja de ruta

En la "hoja de ruta" que los funcionarios imaginan, también se incluye solucionar "el problema de las estadísticas oficiales", pero sin cambiar la manipulación de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), sino canjeando en forma paulatina todos los bonos que se ajustan por inflación.

A un costado, confundidos por la gran cantidad de versiones contradictorias que lanza el propio Gobierno, analistas y ejecutivos del mercado creen que, a estos precios, los bonos argentinos comienzan a ser un buen negocio, y por eso se animan, aun con el poco cariño que sienten por los Kirchner, a pronosticar que ni este año ni el próximo el Gobierno entrará en default de la deuda pública.

En parte, este mejor humor se debe a la fuerte recuperación del precio de la soja, que le asegura al país mayores ingresos que los esperados meses atrás.

Por esta razón, días atrás el banco de inversión Credit Suisse First Boston indicó en un informe: "El precio de los bonos argentinos aún es barato y es posible que tengan una muy buena performance en los próximos meses".

Si algún evento político volviera a cambiar esta percepción durante la campaña, y los precios de los bonos vuelven a derrumbarse, habrá que ver qué camino toma la administración kirchnerista.

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