"Si el Gobierno pierde en junio, habrá un Congreso menos favorable. Sólo eso"

Es el hombre en la mira de la UIA. Uno de los empresarios más influyentes de la Argentina y de los pocos que dicen todo lo que piensan. En una entrevista exclusiva con El Cronista Weekend da su veredicto sobre los temas más polémicos: la industria, el dólar, la economía después de las elecciones y analiza las claves por las que un superávit con inflación es para él de "casi ficción".
En sus venas, confluyen la sangre de poderosos empresarios, influyentes políticos y nobles de la aristocracia europea. Las ramificaciones de su árbol genealógico paterno se extienden hasta un lejano parentesco con Napoleón. En tanto, Italia vistió de luto la semana pasada por su madre, Susanna, portadora de un apellido que supera, incluso, el activo protagonismo que la llevó a ocupar, entre otros cargos, una banca en el Senado y el ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Era una Agnelli, el clan al que, alguna vez, se definió como "los Kennedy" de la península. Nieta de Giovanni, fundador de la Fabbrica Italiana Automobile Torino (FIAT), fue hermana de Gianni, "L"Avvocato", el escultor que cinceló la fisonomía actual de ese imperio piamontés.

Cristiano Santiago Argentino Rattazzi podría vivir en Turín, Nueva York o cualquier otra ciudad del mundo. Pero eligió Buenos Aires, donde nació hace seis décadas. Presidente de Fiat Auto Argentina desde el retorno del grupo italiano al país, en 1996, seis años después tomó el volante de todos los negocios locales del holding. Esa extraña condición de ejecutivo y, a la vez, accionista, le brinda una libertad de palabra que no duda en ejercer. De hecho, en el último lustro, su estrella brilló más por ser uno de los pocos que se animó a romper el férreo círculo de silencio que los empresarios forjaron durante las presidencias Kirchner, que por haber reactivado la fábrica de autos de Fiat en Córdoba, paralizada desde 2002. Es que, cuando Rattazzi habla, dice. Y cuando dice, la voz díscola del establishment vernáculo toca fibras sensibles. Como en las últimas semanas, después de que sus declaraciones provocaron una implosión en la mesa chica de la Unión Industrial Argentina (UIA), entidad de la que es vicepresidente quinto.

Fiel a su estilo -llano y a usualmente cultor de la incorrección política-, explica que, simplemente, opina sobre lo que, cree, la Argentina debería hacer para, en sus palabras, "no ser un país subdesarrollado para siempre".

"Quiero que, un día, pueda aspirar a los mismos salarios que se tienen en Europa y en los Estados Unidos", manifiesta el destino que desea para el terruño que idealizó durante su primera infancia, transcurrida en el paisaje rural de Balcarce.

¿Cómo ve la economía?

- Comparado con las caídas de 50 por ciento que tuvieron otros mercados, como Estados Unidos o los principales de Europa, el retroceso local en la venta de autos no es tan grave. Pero, en general, la economía del país está 15/20 por ciento por debajo del año pasado.

¿Por qué tuvo ese impacto?

-Porque se dio así. Aún tenemos desafíos por delante porque no aprovechamos el período de bonanza para arreglar los temas pendientes. Entonces, ahora, cuando se viene el invierno, tenemos una economía muy desordenada, con impuestos distorsivos -como las retenciones- que castigan la producción marginal. Otros tributos, como ingresos brutos, se eliminaron en Europa hace 50 años. El impuesto al cheque no deducible de Ganancias es una promoción de la economía negra: el que puede evadirlo, lo evade. Y también reapareció el impuesto a los Sellos, que hasta las piedras deben estar de acuerdo sobre su inutilidad. Además de que no se ordenaron cosas básicas y fundamentales, se falsearon todos los datos. Tener datos falsos es como jugar a hacer trampa en el solitario.

¿Por qué cree, entonces, que se desaprovecharon estos años?

-Es un problema ideológico, de desconocimiento de las economías modernas. Hemos deshecho todo lo bueno del primer período de Menem: desregulación, privatizaciones… Una aerolínea pública, hoy, es un absurdo. En el mundo no existen más porque se entendió que es un negocio muy competitivo y difícil, claramente de técnicos, que exige manejos extremadamente complejos de enormes capitales. En los Estados Unidos, el gobierno no interviene General Motors. Le dice: "Te doy una mano pero, después, me devolvés todo; si no lo superás, quebrás". Acá, en cambio, existe una idea argentina de que, en el fondo, el Estado resolverá el problema de cada uno y de todos. Y eso impide que el país avance hacia la visión que tiene Chile o Brasil.

Esa presencia estatal, ¿no es un pilar del "modelo productivista"?

-"Productivista…" (pausa). Todos quieren producir. ¿O conocen alguien que no?

¿Sin protección o dólar alto?

-El tipo de cambio alto nos viene muy cómodo a todos. Siempre es muy cómodo. Pero Italia, que lo tuvo durante años, cuando entró en la convertibilidad del euro, cambió algunas cosas. Muchos chillaron. Pero lo hizo en un país acostumbrado a devaluar y tener inflación, que es una estructura mental mucho más difícil. Tener inflación quiere decir que, si uno se pasó 10% en un salario, también tiene que poder bajarlo en esa proporción. Porque, si uno se equivoca cuando hay inflación, sin devaluación a la vista, el salario excesivo puede perjudicar, hasta hacer cerrar la fábrica. Es la regla de la vida: difícil, competitiva y que aplica el mundo al que le va bien. Por ejemplo, España, cuando salió del superproteccionismo de Franco para entrar al Mercado Común Europeo. Por supuesto, recibió ayuda. Pero hubo una decisión. Como el dicho italiano: "Ayudate que Dios te ayuda". Si decís que vas a hacer las cosas seriamente y bien, te van a ayudar. Hacé las cosas para ser más eficiente, más confiable, más parte del mundo. No es bueno aislarse. Menos, en un mundo en el que todo se sabe. No podés vender productos de calidad inferior a los de otras partes. Entonces, ¿por qué acá tenemos que proteger al que fabrica los tornillos torcidos?

¿Por qué?

-Volvimos a una visión levemente paleolítica de la economía, que es no competencia, ni eficiencia, ni productividad, ni innovación, ni desarrollo, ni investigación… Evidentemente, en un momento difícil como ahora, todo eso crea enormes problemas. Mayores para la economía local que para otras del resto del mundo. El proteccionismo no debería ser declamatorio. Proteger sólo porque se produce algo. No. Debería ser algo pragmático para sectores sensibles y contra la competencia desleal. No un proteccionismo de principios.

¿Cómo ve las paritarias?

-En esta situación, empresa por empresa. Cuando las cosas andan bien, el sindicato tiene derecho a participar. Cuando no, no hay mucho para repartir. Los gremios mismos se dan cuenta.

¿Hay conciencia de eso?

-Sí. Tenemos sindicatos buenos. La gente de Smata entiende perfectamente. Siempre hubo un discurso entre adultos, serio. Obviamente, a quien le va bien le será un poquito más difícil la negociación. Pero no podemos ir alegremente aceptando que la inflación es de 20% y, por lo tanto, dar un aumento del 15 ó 20%. Este modelo "productivo y competitivo" ya es sólo "productivo" por que perdió lo competitivo. Si uno se pasó en un salario, tiene que poder negociar con su sindicato. Si no, no se sale más del ciclo devaluación-inflación. Y tener inflación es pésimo. No hay devaluación gratis. Para un industrial, sería mucho mejor tener un dólar a $ 4,50. Pero también sé que, para los números macro de la Argentina, no es tan conveniente. Debemos conservar la inflación próxima a cero. Eso será una tarea gigantesca. Lo mismo, el superávit: tiene ser sólido pero sin inflación. El superávit con inflación es un superávit medio ficticio.

¿Qué opina del escenario fiscal para este año?

-Como estaba dado mucho por inflación, el superávit es endeble. ¿Qué hicimos entonces? Confiscamos los ahorros de los jubilados. Fue algo que se celebró con la misma alegría que se aplaudió el default y después, cuando se pagó sólo el 25 por ciento a los acreedores. Y una quita del 75 por ciento significa que nadie te prestará cuando lo necesites, porque te quedaste sin financiación. El que tenía un bono de 2003 a 2007 estaba muy seguro: a toda América latina le fue bien. Ahora, en cambio, el holder argentino no te da más. Por el contrario, piensa qué le van a pagar, cuánto y cómo. Nosotros le devolvimos plata al FMI, al 4,2%, y nos endeudamos con Chávez, al 15%. Perdemos u$s 1000 millones por año sólo por no hablar más con el FMI. ¿Por qué no vamos a hablar más con el FMI? No pide cortarnos las venas, sino cosas normales: monitorear la economía, ver que estemos haciendo cosas sensatas.

Ahora se le pedirá de nuevo, si cambian las condiciones…

-El FMI lo dijo bien claro: los datos del país tienen que ser públicos. Entonces, ya quedamos afuera.

En términos impositivos, ¿qué más debería corregirse?

-Poner reglas, instituciones. No se puede vivir sólo bajo la regla del Príncipe. Los países se fundan en función de reglas. No se inventa la rueda cada cinco minutos. Debemos ser un país normal y serio, como nuestro amigo Néstor (sic) repitió varias veces. No hay mucha cosa que inventar. Obviamente, todavía debemos salir del default. Salir del default es cerrar todo: holdouts, Club de París… Ser un país que respeta sus compromisos, como Brasil. No uno que haga un desparramo cada siete años. De 1929 a hoy, no hay un presidente que haya terminado en serio su mandato y pueda contar lo bien que hizo la Argentina a largo plazo, como hacen (Ricardo) Lagos, Felipe González, Cardoso, como podrá hacer Lula.

¿No hay también responsabilidad empresaria? En los últimos años, hubo mucho silencio…

-Pienso que, en adelante, habrá un cambio. Cuando se confiscó la plata de las AFJP, la UIA y AEA emitieron comunicados en desacuerdo. La historia no va a mirar la estatización de los fondos de pensión como una cosa brillante. Aunque no me gustara mi AFJP, un año antes había decidido quedarme ahí. Y de golpe me encontré que ese dinero se lo llevó otro. De repente, la ANSeS se encontró con todo ese caudal que tiene que empezar a colocar, como si fuera un banquero. Y la ANSeS no es un banquero.

¿Qué piensa del papel que hoy le toca al ministro de Economía?

-Ahora también hay ministra de Producción… En los países en los que las cosas andan muy bien, no se sabe quién es el ministro de Economía. Ahora no sabemos pero no es el caso (risas).

¿Qué opina del adelantamiento de las elecciones?

-No me gustó. Si la ley decía que debían ser en una fecha, ¿por qué cambiarla? Me gusta que las instituciones se respeten.

¿El adelantamiento no despejará incertidumbre económica para el segundo semestre?

-No. Se complicará más. Si hubo motivos económicos para adelantarlas…

¿Qué cree que hará el Gobierno después del 28-J?

-Hay que gobernar. Cuando un gobierno gana las elecciones, no tiene que crear poder, sino administrar el patrimonio público y, una vez cumplido el mandato, volver a casa, con lo bueno o malo que se haya hecho. Si el Gobierno pierde en junio, habrá un Congreso menos favorable. Sólo eso. El Gobierno debería tratar de hacer las cosas bien y, si el Congreso se lo impide, mostrar a la sociedad en qué te está jorobando

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