El Gobierno, su pelea con los medios, y la alternativa generacional de Eseverri

El Gobierno, su pelea con los medios, y la alternativa generacional de Eseverri
Los Kirchner se obsesionaron contra los medios y desatendieron algunos aspectos de la realidad. La disputa los alejó de la gente. José Eseverri integra una agrupación que pretende ser una alternativa al kirchnerismo en todo sentido. Las tasas como una manera de independizarse económicamente. Los partidos se llenan de líneas pero se vacían como estructuras. Frase 1: Alberto Fernández y otros dirigentes como Sergio Massa y el propio José Eseverri pretenden ser una alternativa generacional a la política actual. Lo que no se sabe es si será una nueva izquierda o un pragmatismo absolutamente desideologizado. Frase 2: El Gobierno se peleó con los medios y terminó descreyendo de todo lo que decían, aún cuando decían la verdad.
Y se fue el año tal como vino, con una estructura política completamente atomizada a pesar de las alianzas transitorias de junio, bastante política sin gente, la eterna pelea de discursos mediáticos y una puja interminable por el control de los medios.

El peronismo siempre criticó y muy ácidamente la obsesión por los medios que tuvieron algunos exponentes de la Coordinadora Radical de los '80, y los calificaba de gramscianos por eso, aludiendo al pensador del neomarxismo italiano.

En grandes trazos, Antonio Gramsci pensaba que la lucha socioeconómica y política se daba en el plano de lo discursivo o de los mensajes, y por ende los medios de comunicación representaban el espacio de disputa por excelencia de esa transformación social.

El kirchnerismo, sin saberlo o sin quererlo, terminó metido en esa pelea simbólica al establecer una lucha casi cósmica contra los principales medios nacionales, y se fue olvidando de la política que tanto éxito le produjo en los primeros cuatro años de gobierno basada en la solución de los problemas concretos y un gran feeling con la gente, producto de sus políticas distribucionistas, de derechos humanos, por su posicionamiento internacional, por las jubilaciones anticipadas y a las amas de casa, entre otras decisiones.

Conclusión: se terminó hablando y pensando más en los medios y en su manera de construir la realidad que de la misma realidad.

La pelea mediática

El Gobierno acusó a los medios de mentirosos y se olvidó que un mentiroso no miente permanentemente, por lo tanto, los problemas de pobreza, injusticia social o inseguridad era reales y no un producto discursivo malintencionado de un diario opositor.

La pelea extremó las posturas. El Gobierno dejó de objetivar y comenzó a recibir solamente los discursos de los adulones para quienes siempre todo está bien, y acaban abonando el error. En virtud de este esquema polarizado de opositores y adulones, el Gobierno cerró sus oídos a las malas noticias y se perdió de conocer una parte de la realidad.

Quizás la obsesión sea un rasgo de locura, la lente deformante que obstruye una verdadera observación de las cosas. Después del conflicto con el campo, el discurso oficial estuvo impregnado de un sopor ideologista que le impidió parar la pelota y revertir la situación a tiempo. La segunda línea se enganchó en ese discurso y nadie lo supo aconsejar al Gobierno para recuperar la línea que tantos réditos políticos le venía generando. Ese fue el punto de partida de una pelea demencial entre los Kirchner y los medios nacionales, especialmente con Clarín.

El Gobierno Nacional cayó equivocadamente en una disputa excluyentemente gramsciana y se distrajo de los que son los principales problemas de la gente: la pobreza, la distribución desigual de la riqueza y la inseguridad.

Una alternativa generacional

La pelea de los Kirchner se encuadra en una especie de pensamiento o mentalidad generacional muy atada a las dicotomías ideológicas y al afán de resolverlas a través de la disputa a sangre y fuego.

Por eso es que en la política argentina ha surgido una agrupación que se plantea como alternativa "generacional" no tanto política como de estilo y de concepción. Es el grupo que integran Alberto Fernández, Sergio Massa (Tigre), Pablo Bruera (La Plata), Cristian Breittenstein (Bahía Blanca), Juan Manuel Urtubey (Salta), y el mismo José Eseverri, quien ve en esta agrupación una salida y continuidad del proyecto en el que se enroló en 2005.

Hay quienes aseguran que Emilio Monzó, ex ministro de Scioli, hoy armador denarvaísta en la provincia de Buenos Aires, habría sido tentado a integrar esta agrupación que plantea como una especie de ruptura conceptual con la manera de concebir la política y a la vez gestionarla.

No sería extraño suponer que el Intendente haya encontrado en las nuevas tarifas en la tasa de Servicios Urbanos la manera de ir construyendo su independencia económica y política de los Kirchner, lo que se encuadra fácilmente en el objetivo de la agrupación que integra y una forma además de ir definiendo su futuro político.

Con las nuevas tasas, José se predispone a caminar sobre el filo de la navaja. No descarta que puede haber un costo político pero también sabe que debe ir consolidando una alternativa independiente.

En varias de estas columnas se ha dicho que los espacios políticos actuales son bastante difusos en lo ideológico al punto que alguien calificado de "centro izquierda" puede llegar a sostener políticas de derecha, y a la inversa. Las ideologías, como sistemas cerrados de pensamiento, si no murieron, padecen de enfermedad terminal. Basta observar a Lula, Tabaré Vázquez o el mismo "Pepe" Mugica, para ver este giro pragmático y de sentido común de la izquierda latinoamericana. Lo que no se sabe aún es dónde puede terminar, si en una nueva izquierda o un pragmatismo absolutamente desideologizado.

La oligarquía contemporánea

Por otro lado, la gente permaneció completamente alejada de esa disputa simbólica entre el Gobierno y los medios (porque además es realmente secundaria) y seguía reclamando soluciones a sus problemas concretos como el deterioro salarial y la exclusión social.

El kirchnerismo tomó la controversia atávica del peronismo y se peleó obsesivamente con el campo, presumiendo que en ese sector estaba su enemigo mítico, la oligarquía de los años '40 y '50.

Pero oligarquía es poder de unos pocos, que puede o no coincidir con el poderoso terrateniente. Hoy, a esos pocos que ostentan el poder económico habría que buscarlos en otras actividades como la industrial o la financiera. Pero no, al kirchnerismo lo pudo la épica peronista y el afán de recaudar más de una manera fácil y directa, algo así como cazar en el zoológico, una práctica de la que ningún gobierno está exento.

Hoy por hoy, aquella oligarquía económica y rural de los '40, es industrial y financiera, de origen brasilero, o irlandés, norteamericano, francés o español, pero nunca argentino, por la creciente desnacionalización de la industria nacional, un proceso que no habría que achacarle solamente a este gobierno sino también a todos los otros anteriores.

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