El Gobierno K y una nueva patología política

El Gobierno nacional padece una especie de patología política inédita: anunciar medidas anticrisis todas las semanas, de forma sistemática
Eso no tendría nada de malo, si no fuese por el hecho de que la mayoría de los planes que se piensan instrumentar -que por el momento son meras promesas- no apuntan a las soluciones de fondo que necesita la Argentina. Es más, fueron diagramados en la más absoluta soledad del matrimonio presidencial, en el minúsculo círculo de poder que rodea a la Presidenta, sin siquiera recibir sugerencias u opiniones de los actores del trabajo, de la producción y de la materia gris que existe en las universidades de nuestro país.

El Gobierno nacional padece una especie de patología política inédita: anunciar medidas anticrisis todas las semanas, de forma sistemática. Eso no tendría nada de malo, si no fuese por el hecho de que la mayoría de los planes que se piensan instrumentar -que por el momento son meras promesas- no apuntan a las soluciones de fondo que necesita la Argentina. Es más, fueron diagramados en la más absoluta soledad del matrimonio presidencial, en el minúsculo círculo de poder que rodea a la Presidenta, sin siquiera recibir sugerencias u opiniones de los actores del trabajo, de la producción y de la materia gris que existe en las universidades de nuestro país.

Se trata, en definitiva, de un peligroso aislamiento, en el que la Casa Rosada está cada vez más inmersa. Y lo más preocupante es que los errores de las autoridades nacionales parten desde el diagnóstico, están realizando una lectura errónea de lo que está sucediendo en el mundo, con el crac económico-financiero, y las consecuencias que ya se están sintiendo en nuestro país.

Pero la crisis no sólo está causada por causas externas. También es producto de los errores cometidos en estos años de poder K, de las asignaturas pendientes que no se encararon por una evidente falta de voluntad política. Sin ir más lejos, el caos que se vivió el viernes en gran parte del país, por el paro en las estaciones de servicio, se podría haber evitado si el kirchnerismo hubiese modificado el modelo privatizador de los años ‘90, que le quitó a nuestro país el manejo de gran parte de los hidrocarburos y de los recursos naturales.

El egocentrismo K no sólo pone en riesgo al Gobierno nacional, sino también a la mayoría de las administraciones provinciales que, para no generar una crisis institucional y verse ahogadas económicamente, optan por mantener lazos políticos con la Casa Rosada.

Esta situación de cuasi dependencia afecta de sobremanera a la provincia de Buenos Aires. No sólo por la injusta distribución de los recursos coparticipables, que los K no están dispuestos a modificar, sino también por la imposibilidad de generar alternativas propias para superar la crisis. Incluso el gobierno bonaerense tuvo que resignarse a no recibir los fondos que, por ley, le hubiesen correspondido en concepto del impuesto al cheque.

Ocurre que actualmente la Casa Rosada se queda con el 70% de la recaudación de este tributo, que es altamente regresivo y que perjudica al aparato productivo. Pero la ley 23548 establece que las provincias tendrían que recibir el 54% de lo recaudado, algo que no es tenido en cuenta por la administración K. Si se cumpliese esa norma, a las arcas de la Provincia, en 2009, tendrían que llegar $ 2.763 millones. Pero Daniel Scioli deberá conformarse con el esquema actual, que está a punto de ser prorrogado por el Congreso nacional, lo que implica que sólo se destinen a las arcas bonaerenses unos

$ 829 millones durante el próximo año.

En ese escenario, las cuentas públicas de la provincia de Buenos Aires atraviesan por una difícil situación financiera. Los puntos centrales de esta situación, según un reciente informe de la oposición al que accedió Hoy, son los siguientes:

n Existe un claro desahorro en el balance financiero de la Provincia. El resultado económico negativo de la ejecución presupuestaria al cierre de 2007 fue de $ 157 millones (se había presupuestado un resultado positivo de $ 138 millones) y para octubre de 2008 es de $ 1.589 millones (se había presupuestado un resultado positivo de $ 142 millones). Si este año se proyecta un déficit de $ 1.112 millones se superaría ampliamente dicha cifra, pues no hay posibilidad de contención del gasto corriente ni de alcanzar el nivel de recursos proyectados. Esto implica que la Provincia necesita un financiamiento permanente para cubrir, no sus gastos por la realización de obras de infraestructura, sino sus erogaciones corrientes, las que incluyen una alta proporción de gastos burocráticos.

n En el año 2005, por decreto se aprobó el “Convenio de Asistencia Financiera” dónde la Nación se comprometió a entregar fondos a la Provincia para equilibrar sus cuentas. En 2006 la falta de financiamiento fue de $ 1.102 millones y representó un 65% del estimado anual de $ 1.692 millones. Si se considera la amortización de deuda por $ 2.709 millones el déficit alcanza los $ 3.811 millones. Considerando lo estimado en 2007 la necesidad de financiamiento ascendería a $ 2.107 millones y la amortización de deuda a $ 2.722 millones. Lo que totaliza un déficit de

$ 4.829 millones.

n El proyecto de presupuesto 2009, que se trataría el próximo 18 de diciembre en la Legislatura bonaerense, estima un financiamiento de $ 2.904 millones, lo que sumado a la amortización de deuda de $ 2.953 millones, totaliza un déficit de $ 5.857 millones. Los números expuestos exhiben por sí solos la gravedad de la situación financiera de la Provincia.

La debilidad de las cuentas bonaerenses ponen a la Provincia en inferioridad de condiciones para afrontar el colapso financiero mundial. Y por eso se requiere de un gran acuerdo nacional, algo que es posible si existe verdadera voluntad política, para afrontar un año que estará cargado de dificultades.

Juan Gossen

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