El Gobierno libera recursos para hacer caja y sostener los gastos

Por: Alcadio Oña

El ministro de Economía dio ayer una llamativa explicación sobre el uso de las reservas del Banco Central: dijo que es para que "no haya ninguna duda sobre la capacidad de pago de la Argentina". ¿O Amado Boudou la tenía o el mercado se estaba equivocando de plano cuando, desde hace un tiempo, había sacado ese tema de su agenda?

Un dólar planchado, libre de presiones y turbulencias, más el crecimiento vertical en la cotización de los títulos públicos no eran, justamente, síntomas de incertidumbre a corto plazo. Sino todo lo contrario: mostraban que era posible manejar una aceitada bicicleta financiera sin mayores riesgos.

El Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad, tal cual anunciaron ayer la Presidenta y Boudou, no es otra cosa que una garantía a los acreedores internacionales en el sentido de que se les pagarán prolijamente los 6.569 millones de dólares que vencen en 2010. Está dicho en un comunicado del Ministerio de Economía.

Siempre cuidadosos de que nadie los corra por izquierda, esta vez los Kirchner no repararon en que empezaban a conmemorar la llegada del Bicentenario con un fondo para la deuda externa. Y aparecieron quienes afirman que, en vez de eso, podrían haber empleado las reservas en cubrir necesidades perentorias de la deuda social interna.

Con diversas fuentes de financiamiento, del propio sector público en su mayor parte, el Gobierno ya tenía prácticamente asegurada esa plata. Salvo que el ministro de Economía creyese lo contrario, ningún analista veía nada parecido a una situación apremiante durante el año próximo.

Lo concreto es que el uso de las reservas del Banco Central libera otros recursos del Estado. Que podrán ser aplicados a sostener el gasto público por arriba del crecimiento de la recaudación impositiva o, si se prefiere, a fogonear obras y mantener una caja robusta: todo útil en cualquier intento del kirchnerismo por seguir alineando voluntades y remontar su manifiesta debilidad política. Allí hay una buena explicación.

Existe una especulación, sólo atendible porque es algo siempre latente en Olivos. Que los recursos excedentes sirvan para que el Estado entre con una porción mayor en YPF, sin demasiado cuidado por el precio que se paga.

Para cualquier necesidad asociada al gasto público estarán a tiro las utilidades que el Central cosechará este año -arriba de $ 10.000 millones-, los adelantos a la Tesorería del propio BCRA, la ANSeS, el PAMI o los depósitos en el Banco Nación. No es todo lo mismo, pero a los efectos vale igual.

Más cercano a la realidad es que las reservas vayan, de hecho, a llenar las necesidades financieras originadas en el paquete de obras que Julio De Vido puso en el Presupuesto del año que viene: por $ 4.500 millones y US$ 1.200 millones juntos.

Hasta ahora, únicamente existían los montos y un listado de las inversiones. Ahora, el Gobierno tendrá 6.500 millones de dólares para garantizar el financiamiento: el aval ya figura en la letra del Presupuesto.

Cristina Kirchner dijo ayer que el Fondo del Bicentenario es una "fuerte señal al mercado de que no vamos a aceptar cualquier tasa de interés". Se entiende: los préstamos para De Vido o el que se precise.

Aun con un alto margen de adhesión de los bonistas al canje, difícilmente la Argentina conseguiría crédito en el mercado internacional a menos del 10 % anual en dólares, si al mismo tiempo no cerraba un acuerdo con el Club de París. La apuesta del Gobierno es bajarle un escalón a la tasa, así no sea muy grande.

Otra cosa es la autonomía del Banco Central, que como se sabe nunca contó demasiado en las políticas de Néstor Kirchner. Por muy curtidos que estén, al menos varios funcionarios importantes de la entidad se enteraron de la noticia cuando había sido anunciada. Queda la duda si entre ellos estaba Martín Redrado o si la novedad le fue comunicada, pero recién a último momento.

El instrumento bajo el cual el Gobierno volverá a meter mano en el BCRA será un decreto de necesidad y urgencia, que luego deberá ser ratificado por una comisión bilateral del Congreso. Otro DNU de Cristina Kirchner, o sea, más de lo que ella rechazaba cuando no era Presidenta.

Un efecto colateral de la decisión es que vuelve a achicar la frontera entre el Banco Central y el Estado. Para los fondos extranjeros que pleitean contra la Argentina, el BCRA y el Estado son lo mismo. Y esta asociación tan estrecha alimenta la teoría del alter ego, que usan en los tribunales del exterior para avanzar en embargos sobre las reservas.

Hasta ahora, los dólares en el Central podían ser usados para pagarles a los organismos internacionales, tal cual se hizo con el Fondo Monetario, y llegado el caso al Club de París. Con el DNU de ayer, entran también los acreedores privados.

Quizás pura coincidencia, la última novedad coincidió con el primer año de vida del sistema previsional reestatizado. Fuera de cualquier otro debate, está visto que gracias a los fondos que vinieron de las AFJP el Gobierno dispuso de una poderosa fuente de financiamiento del gasto público. Sólo en 2009, unos 12.000 millones de pesos extra.

Alguien puede decir que, al fin, los Kirchner son buenos pagadores. Y también, que son una caja de imprevisibles sorpresas, por más que esta vez la bolilla haya caído en el casillero de los acreedores.

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