El Gobierno impulsa medidas poco adecuadas para capear el temporal

Por: Daniel Muchnik

Puede decirse que el mundo se está preparando para un presente y futuro de recesión, problemas sociales y cuantiosas pérdidas económicas a lo que habrá que agregar imprevisibilidad. Esa nebulosa, el desconocimiento de la profundidad de la crisis y de las formas de su desarrollo es lo que tratan de contrarrestar muchas naciones.

¿Que está haciendo el Gobierno argentino al respecto? ¿Puede hacer algo? ¿Quizás evitar que los daños no sean mayores? En el hemisferio norte se escuchan propuestas. El premier británico Gordon Brown, por ejemplo, propone que se bajen ya el IVA y otros impuestos. Francia exige cambiar las instituciones como el Fondo Monetario o el Banco Mundial.

En otras partes de Europa la búsqueda de soluciones pasa por otorgar subsidios. Otros piden la reformulación del sistema financiero internacional, otro Bretton Woods para reconstruir el crédito. En 1944, a finales del estruendo bélico se propuso reordenar las bases económicas del planeta, financiar la reconstrucción, que todo pudiera volver a andar.

De las declaraciones de los funcionarios argentinos no se extrae que vivan en ansiedad frente a semejante problema instalado no en la puerta sino en toda la casa. El consumo se está frenando, las cámaras industriales reciben manifestaciones de intensa preocupación de sus afiliados, la contracción del crédito es severa en medio de un mercado de capitales acotado. Financiarse parece una tarea imposible e inalcanzable. Y en los bancos, presionados por el miedo, la estrategia de las altísimas tasas de interés para que el público no se aleje de los plazos fijos, recuerda otros momentos, no tan lejanos en el país, signados por la fragilidad y la sospecha.

Algunos empresarios apelan al descuento de cheques pero tienen que cargar con tasas del 42 por ciento. Hay una fuga importante de capitales, de 8.000 millones de dólares sólo en el segundo trimestre del año. Todos los países vecinos han revaluado sus monedas arrinconando a la Argentina en situación de falta de competitividad. La inflación ha venido atrasando el tipo de cambio. Más allá del pedido devaluatorio de la Unión Industrial, la estrategia oficial es evitar que el dólar suba más, movimiento cuestionado por algunos especialistas. Pese a la reducción de la actividad esa inflación se mantiene estable en niveles superiores al 20% anual. Eso llevó a reclamos salariales.

Una menor productividad impactará inexorablemente en achicamiento del empleo. La presión tributaria continúa en alza : pasó del 20,8% del Producto Bruto Interno entre 1998 y año 2000 al 28,9% del PBI el año pasado. La inversión de noviembre ha caído cerca del 70% respecto de igual mes de 2007. No ingresaron grandes mejoras tecnológicas, pese a los beneficios extraordinarios del sector privado entre 2003 y 2007 cuando el país crecía a "tasas chinas".

Otro problema que se ha instalado es el de los costos que suben constantemente.

En el campo, para la presente campaña se calculan caídas del 22% en las superficies sembradas con trigo, del 17% en el maíz, del 12% en girasol. Sólo aumentaría un 8% el de la soja. La producción agrícola está en baja y la totalidad se traducirá en menores volúmenes exportables en tiempos en que los valores de nuestras commodities, en el mercado internacional, cayeron un 50% en algunos casos.

El Gobierno no tiene un Programa Económico para capear el temporal. Sólo propone reducir el gasto público, postergando pagos y aumentando tarifas de servicios públicos y no habla de una estrategia cambiaria sólida y pragmática frente a la salida de capitales.

También los funcionarios consideran reforzar el superávit fiscal justo en esta instancia de aquietamiento. Y no faltan quienes proponen brindar liquidez al sistema financiero. Parecen no tomar conciencia que por ese camino se llegaría a frenar la dinámica económica y por mayor dinero ofrecería la tentación a mucha gente a pasarse al dólar, aunque la Secretaría de Comercio obstaculice las intenciones. Es que la dolarización, que aparece como un reflejo tradicional en el país, muestra que ha llegado para quedarse.

Una autocrítica debería obligar a esos funcionarios a preguntar el destino del Fondo Anticíclico que comenzó a caminar en 2004: ese Fondo, en estos días podría haber servido de bote salvavidas. Olvidado ya, el Gobierno se respalda en los activos que podría manejar la ANSeS.

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