El Gobierno y un gesto desesperado

Por Joaquín Morales Solá

Decidieron separar los objetivos, sin renunciar a ninguno. El proyecto de ley de radiodifusión tenía dos propósitos claros: fragmentar y debilitar a los actuales conglomerados de medios de comunicación y, al mismo tiempo, crear las condiciones para levantar un conglomerado propio de medios de la mano de la telefónica Telecom, cuando ésta haya sido totalmente argentinizada.

Ayer, Cristina Kirchner separó a las telefónicas del proyecto audiovisual. ¿Quedaron afuera definitivamente? No. La futura vida de las empresas telefónicas, su capacidad para ofrecer triple play y la mención de quiénes podrán hacerlo se intentarán regular más adelante a través de la ley de telecomunicaciones.

Con todo, el de ayer fue un gesto desesperado, una improvisación más en la marcha a los tumbos del kirchnerismo desde que decidió aprovechar al máximo la fugaz mayoría parlamentaria que tendrá hasta el 10 de diciembre. Antes había constatado que el quórum y la mayoría necesaria le eran esquivos, aun ahora, para aprobar el proyecto original de radiodifusión. El proyecto estaba condenado, en la mañana de ayer, a un rechazo parlamentario.

Los socialistas habían hecho de la presencia de las telefónicas en el proyecto una cuestión de vida o muerte, y los aliados de centroizquierda estaban más enfurecidos con las telefónicas que la oposición frontal a los Kirchner. Entre ocho y diez diputados del propio bloque kirchnerista habían anticipado que no votarían la ley en las condiciones en que estaba. Definitivamente, no había números suficientes en la Cámara de Diputados.

Patricia Bullrich llamaba al proyecto la "ley Telecom" y el radical Ernesto Sanz denunció un "fenomenal negocio" del kirchnerismo con esa telefónica. Telecom deberá argentinizarse cuanto antes, según una reciente resolución del Gobierno que obligó a los dueños italianos a vender sus acciones en la empresa. Grupos de empresarios argentinos, muy cercanos al kirchnerismo, aspiran a quedarse con las acciones que los italianos deberán liquidar en poco tiempo.

La española Telefónica, propiedad de extranjeros, había quedado fuera de los beneficios que recibían las telefónicas, porque le aplicarían la ley de bienes culturales. Esta ley fija un techo del 30 por ciento para las acciones en manos de extranjeros en los medios de comunicación.

Ante la perspectiva del fracaso parlamentario, los Kirchner decidieron postergar la mitad de sus objetivos, que era la futura conformación de un holding propio de medios. La presencia de las telefónicas en el ámbito audiovisual podría regularse luego mediante una modificación de la ley de telecomunicaciones. Eso es lo que anticiparon ayer empinados funcionarios oficiales. Pero es cierto que le será muy difícil al Gobierno doblegar luego al Congreso, cuando no pudo seducirlo ahora. "Sería un fraude político", señaló un legislador oficialista.

Decidieron, en cambio, privilegiar el objetivo mayor de fragmentar los multimedios actuales, entre los que resalta Clarín, aunque no es el único ni mucho menos. Hay infinidad de otros medios provinciales, regionales y algunos nacionales que se verán seriamente afectados por la sentencia al desguace que les caería encima. Prevaleció, en fin, la intención de permitir sólo medios pequeños, sobre todo en el interior del país ("pymes", como los llamó la Presidenta), más vulnerables a la extorsión económica del poder que manda.

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De hecho, nada se anunció sobre el artículo que señala un plazo de apenas dos años no para la revisión de las licencias, sino para una nueva observación del ordenamiento legal. Esa disposición aleja cualquier posibilidad de previsibilidad y de inversión en un medio que necesita de la modernización y la inversión constantes.

También se anunciaron vagos cambios en la integración del futuro organismo de control, pero no se aclaró si el Gobierno cederá la mayoría de sus miembros. Probablemente, no. No debería descartarse que ese organismo termine siendo un remedo del Consejo de la Magistratura: muchos tienen representación allí, pero el poder de decisión -y de apriete- quedó reducido a dos diputados hiperkirchneristas.

Todo sabe a improvisación, en efecto. ¿Podía esperarse algo más serio y consistente? No. El proyecto audiovisual enviado al Congreso tiene notas al pie para fundamentar sus disposiciones. Cuando lo anunció, Cristina Kirchner lo comparó pomposamente, en materia de notas y de precedentes, con el Código Civil de Vélez Sársfield.

Fue una irreverencia con la historia y con el personaje. Su proyecto de radiodifusión, sensible a las necesidades políticamente correctas de los "pueblos indígenas", tiene notas totalmente escritas en inglés (seguramente copiadas de Internet, sin traducción) y referencias apuradas y tan representativas como las opiniones de la Agrupación Comandante Andresito, la Federación Juvenil Comunista, Agrupación La Vallese o Barrios de Pie. Está claro, ahora y antes, que el tiempo es el bien más escaso del kirchnerismo.

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