El Gobierno, frente al desafío del día después.

Las elecciones legislativas de hoy fueron abordadas por el gobierno de Cristina Kirchner como la prueba de fuego para la gobernabilidad de los futuros dos años. No debieran serlo. Pero la Casa Rosada asumió que el triunfo o la derrota definirán la capacidad para gobernar de la Presidenta con un parlamento sin mayoría propia, el futuro político de Néstor Kirchner y de Daniel Scioli, y la composición del futuro gabinete.
El dramatismo se olfatea en la Casa Rosada. Los números oficiales de las encuestas de Kirchner le auguraban para hoy al candidato a diputado del Frente para la Victoria un triunfo por seis puntos en la provincia.

Pero altas fuentes oficiales admitieron a LA NACION que un revés significará "el deterioro de la gobernabilidad, en lo político, pero no en lo institucional".

En ese escenario, preocupa en el Gobierno un clima de conflictividad social prolongada. Entrevén, además, una pulseada feroz en el Congreso, como reflejo de una pelea en el peronismo por el futuro liderazgo para 2011. Y una inminente acción de "los factores de poder".

"Ellos -el campo, los empresarios y los medios de comunicación, según el kirchnerismo- acelerarán el deterioro", suele quejarse Kirchner en Olivos, según pudo saber LA NACION. "Ellos" son la obsesión del ex presidente.

La otra lectura de los comicios es nacional. El kirchnerismo aspira a obtener el 35% de los votos en el país; el 20 o el 25% sería para el Acuerdo Cívico y Social, y el 15%, para Unión Pro. Con esos guarismos, en una elección presidencial, Kirchner iría a un ballottage en 2011, sin seguridad de ganarlo si no suma a otros sectores medios de la sociedad.

Por ello en la Casa Rosada asumen que un triunfo de Kirchner serviría para posicionar al gobernador bonaerense Scioli como candidato a presidente. Kirchner sería diputado por cuatro años y ordenaría la retirada. "En el peronismo, luego de Menem, todos saben que deben dejar paso a los de abajo", dijo ayer un ministro. A Kirchner ya le llegan esos mensajes.

En el Congreso, Kirchner sabe que perderá la mayoría parlamentaria. Frente a eso, se abrió un debate en la Casa Rosada. Un ala dura -Guillermo Moreno y Carlos Kunkel- plantean endurecer las posturas para no perder poder. Los moderados -Sergio Massa, Florencio Randazzo, por caso- sugieren dialogar y consensuar. Desde mañana, Kirchner tomará decisiones cruciales en lo económico. Las dificultades fiscales podrían abrir la puerta a proyectos de aumento de la recaudación y de reducción del gasto. Y a la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento.

Gabinete

Kirchner y Scioli podrían dirimir el liderazgo bonaerense, sobre todo si el primero quiere ser gobernador. Pero Scioli se propone recoger, para él, a los eventuales heridos de Pro, con asistencia de Eduardo Camaño, su ministro de Gobierno. Apuesta a que De Narváez sufrirá deserciones.

Una versión sugiere que Kirchner lo induciría a Scioli a asumir su banca el 10 de diciembre. Pero el gobernador no piensa en dejar la Provincia.

Los cambios en el Gabinete no serían inmediatos. Menos si hay un triunfo resonante. El jefe del Gabinete, Sergio Massa, podría regresar a la intendencia de Tigre. Pero la Presidenta y el jefe del PJ lo requieren para la gestión diaria. En caso de irse, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, o el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, podrían reemplazarlo.

El ministro de Justicia, Aníbal Fernández, podría regresar a Interior, ante un traslado de Randazzo. Se llevaría consigo a las fuerzas de seguridad. Si Carlos Fernández debe abandonar el Ministerio de Economía, sus reemplazantes podrían ser Amado Boudou, titular de la Anses; Echegaray, o el presidente del Banco Central, Martín Redrado; pero éste no quiere. El jefe de la economía es Kirchner y Redrado no tendría margen de acción.

Tras las elecciones, podría volver Miguel Peirano. No a Economía, sino a la cartera de Producción. Es un hombre cercano a los industriales, con quienes Débora Giorgi empeoró su vínculo en estos meses. Se da por seguro el retiro de Graciela Ocaña del Ministerio de Salud (de lo que se informa en la pág. 1). La gripe porcina será el otro gran desafío de los Kirchner. Se mencionan a Ginés González García, Graciela Rosso o Claudio Zinn para reemplazarla.

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