Gobierno festeja si vuelven u$s 10 mil millones en un año

Por: Ignacio Zuleta

En la mañana de ayer Cristina de Kirchner repasó con el ministro de Economía, Carlos Fernández y el secretario de Hacienda los detalles de un proyecto que recoge ideas postergadas como el blanqueo del regreso de capitales.

Como ante todo plan que llega a su mesa, Néstor Kirchner le puso un piso de exigencia: el blanqueo de capitales repatriados tiene que aportar en el primer año por lo menos u$s 10 mil millones. Si no se logra, habrá castigos varios. Por eso hasta anoche ninguno de los funcionarios que suelen subirse a las fotos del éxito se animaba a atribuirse algún rol en la elaboración del paquete de medidas lanzadas ayer para frenar los efectos de la crisis internacional.

No es que Kirchner -que examinó en Olivos durante las últimas 48 horas hasta las comas del paquete- descrea de la eficacia de las medidas. Es porque sabe, como administrador que ha sido durante buena parte de su vida política, que anunciar moratorias, blanqueos, etc., es un cuchillo de doble filo: es premiar a los réprobos, por un lado, y desgastar la autoridad del gobierno por el otro. Sabe también, como todos los asesores a quienes escuchó respecto del plan, que si la plata negra no se blanquea en la Argentina no es por falta de instrumentos técnicos sino porque el país no ofrece confianza a los inversores.

Habilitó el proyecto a regañadientes también porque las medidas contradicen la leyenda kirchnerista, que busca expresar consignas populistas y antimercado. La necesidad lo ha forzado sin embargo a él, cuando era presidente, y de su esposa, a intentar todas las vías de acercamiento a los mercados: anuncios de pagos al Club de París, de arreglo con los bonistas defaulteados. Nada funcionó por la crisis internacional, que llevó al gobierno a bandearse al otro lado con la estatización de las jubilaciones. Este parece un nuevo golpe de péndulo; lo ilustra una frase de Cristina de Kirchner ayer en la cumbre de la UIA: «Yo me siento socia de ustedes en los resultados de sus empresas, porque sé que si a ustedes les van bien a mí también me va a ir bien». Nunca él hubiera dicho eso, ni aun porque el Estado ha pasado a ser accionista de numerosas empresas por haberse quedado con la participación que tenían en ellas.

Historia secreta

El plan tiene una historia secreta, como todos los que lanza el gobierno, pero se alimenta, con alguna resignación, de iniciativas viejas y ajenas, a saber:

La idea de facilitar con algún tipo de moratoria el retorno de capitales argentinos la tuvieron todos los gobiernos de los últimos 20 años, pero nunca se animaron a lanzarla por falta de decisión, pero también para no aparecer premiando a los evasores. Un cálculo oficioso que nadie puede probar habla de que existen algo así como u$s 150 mil millones de argentinos que no están declarados. En el último tiempo la iniciativa fue objeto de un proyecto de ley presentado en el Senado por Jorge Capitanich, antes de ser elegido gobernador del Chaco. Por eso estuvo en la mañana del lunes en Olivos junto a Kirchner repasando la letra del proyecto que hoy enviará el gobierno al Congreso. El gobernador mantuvo el secreto de la iniciativa, la acompañó ayer a Cristina de Kirchner en la UIA y por la tarde despachó dudas y consultas del ex presidente sobre la redacción final.

Este diario había adelantado que este proyecto navegaba sin luces por algunos despachos de la Casa de Gobierno en varias oportunidades, incluso con detalles como la posibilidad de que el blanqueo de dinero repatriado fuera respaldado por una mecánica similar al plan Brady de los años 90, es decir por alguna emisión de bonos del Tesoro de los EE.UU., con forma de darle seguridad jurídica a los repatriadores. La Reserva Federal no está hoy ni para soñar en emisiones patrióticas de este tipo, lo cual le ha quitado al mecanismo un respaldo externo.

Como ocurrió en otras oportunidades, estos megaplanes se anuncian sin que sepan nada quienes tienen que implementarlas. El paquete lo conocían desde hace un mes, además de los Kirchner, el ministro de Economía, Jorge Fernández, el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini -famoso por los decretos-relato que escribe para los Kirchner, que a veces hasta reproducen conversaciones privadas como justificación de medidas de gobierno-. Zannini se quedó sin ir a los Estados Unidos y al Magreb para terminar de redactar los considerandos del proyecto de ley que se conocerán hoy. Por eso se perdió detalles de las charlas que mantuvo su presidente en Washington con expertos que le acercaron a su hotel y que le explicaron cómo los bancos de los EE.UU. están presionando a ahorristas extranjeros para que declaren el origen de sus fondos. Eso la resolvió a Cristina de Kirchner a lanzar el blanqueo: cree que Estados Unidos verá con buenos ojos esta medida que favorece el blanqueo y va en línea con las presiones del gobierno de ese país sobre la banca comercial para que acentúen la política «conozca a su cliente». Que el mercado de los EE.UU. deje además de ser atractivo para cierto tipo de inversores cree el gobierno que también puede favorecer el perdón (también se trajo de EE.UU. la Presidente, un fuerte catarro, que ya le dura más de 15 días y que trató de disimular en los dos discursos que pronunció ayer).

De esto, como de otras medidas que lo comprometen, tampoco sabía mucho Martín Redrado que en 24 horas debe presentar un menú de emisiones de bonos para absorber lo que el gobierno sueña sea una catarata de dólares a blanquear y que puede modificar el tipo de cambio. Para antes de la conferencia de prensa con detalles del proyecto deberá tener escritos varios escenarios para evitar los efectos cambiarios negativos. Ese menú supone que en primer tramo los capitales que ingresen pueden llegar a los u$s 10 mil millones.

La idea del blanqueo la había pedido también otro hombre del gobierno, Daniel Scioli, quien llevó papeles sobre la experiencia de blanqueo que vio en Italia -modelo en el manejo de la economía informal en un país desarrollado-. Saludó con declaraciones las noticias sobre esa posibilidad y habló en la noche del lunes con Cristina de Kirchner sobre el proyecto. En esa charla telefónica, la Presidente le pidió que le cediese a Deborah Giorgi para el Ministerio de la Producción. Scioli no podía decir que no, pero celebró ayer que gente de su gabinete fuera llamada a responsabilidades más altas: Giorgi, a Producción; Carlos Bilardo, a la Selección nacional.

La creación del Ministerio de la Producción la creen los Kirchner algo meramente simbólico, pero con fuerte efecto sobre cierto sector de su público (el mismo que se entusiasma porque le hablen de proyecto de trenes, aunque éstos no funcionen). Kirchner heredó un Ministerio de la Producción de la presidencia Duhalde -la ejercía Aníbal Fernández- pero lo abolió, así como a la más importante realización de esa gestión del actual ministro de Justicia, un acuerdo con la empresa que administra los Aeropuertos cuyo decreto anuló Kirchner apenas asumió.

La idea de promover a las pymes reduciendo los aportes patronales durante el primer año a 50%, recoge una iniciativa de origen inconfesable para los Kirchner. La propuso Ricardo López Murphy en las campañas presidenciales de 2003 y 2007 como clave de su programa de apoyo a nuevas empresas. Esa idea tienen que digerirla todavía los sindicalistas de la CGT que no creen que pueda mejorarse empleos con medidas de flexibilización. Esta lo es y además castiga los ingresos de los sindicalistas a las obras sociales. Tendrá que emplearse a fondo Kirchner para convencerlo a Hugo Moyano de que ésta se la tiene que dejar pasar.

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