El gobierno español anunció la ruptura total del diálogo con ETA

Antes el rey Juan Carlos había exigido "darles en la cabeza hasta acabar con ellos".
El rey de España habla poco de política. En teoría, sólo lo hace una vez al año, en un tibio discurso navideño. Fuera de este calendario, también hay algunas raras excepciones en las que se sale de lo convencional. El sábado fue una de esas ocasiones. El rey habló de ETA a su llegada a Mallorca, donde pasará sus vacaciones a pesar del último atentado terrorista, y fue extremadamente duro. "Hay que darles en la cabeza y continuar hasta acabar con ellos." A su manera, Juan Carlos de Borbón sumaba su voz a un coro al fin unitario entre todos los partidos españoles: que no habrá una nueva negociación.

"Estamos ganando a la banda, vamos a derrotarla. El final no va a ser dialogado, eso ya no se va a producir. La democracia lo ha intentado tres veces y no vamos a volver a hacerlo", declaró ayer el ministro del Interior, Alfredo Rubalcaba, en una entrevista radiofónica.

Los tres intentos a los que se refiere el ministro llevan la firma de los tres últimos presidentes del gobierno español. Felipe González negoció con ETA en 1989; José María Aznar, en 1998; José Luis Rodríguez Zapatero, el actual presidente, en 2006. Los tres fracasaron. Rubalcaba, uno de los hombres más importantes del gabinete de Zapatero, conoce bien el último intento. Llegó al Ministerio del Interior en abril de 2006, pocas semanas después de que ETA anunciase una tregua permanente que de permanente tuvo poco. Nueve meses después, el 30 de diciembre de 2006, ETA dinamitó la tregua con una bomba en el estacionamiento del aeropuerto de Barajas, que mató a dos personas.

En esos nueve meses, los socialistas de Zapatero no consiguieron el acuerdo con ETA, pero tampoco con el principal partido de la oposición, el conservador Partido Popular. Su líder, Mariano Rajoy, tras unas primeras semanas junto al gobierno, pronto se desmarcó del intento y criticó duramente a Zapatero por negociar.

ETA se convirtió, de esta forma en un tema de dura confrontación política, que dividió tanto a los partidos como a la sociedad española. Los socialistas defendían una negociación que llevase a la paz, aunque fuese con algunas concesiones, mientras los conservadores argumentaban que la única manera de acabar con ETA era la actuación policial.

Tras el fracaso de esta última tregua, ese debate ha terminado entre los dos grandes partidos. Zapatero siguió defendiendo su frustrado proceso de paz. "Mi obligación era intentarlo y hubiera deseado tener el apoyo que otros presidentes tuvieron", declaró en una entrevista tras la ruptura de la tregua.

Pero tanto socialistas como conservadores han llegado, aunque por caminos distintos, a una misma posición, que hoy parece inamovible: no habrá una cuarta oportunidad para ETA.

El final de la banda no va a ser dialogado sino por la actuación policial y la deslegitimización social de ETA, recalcó ayer Rubalcaba.

La nueva sintonía entre PSOE y PP llegó a tal punto que incluso pactaron, tras las últimas elecciones en el País Vasco, un acuerdo de gobierno que, por primera vez en democracia, ha impulsado a un político no nacionalista a la presidencia de esta comunidad autónoma: el socialista Patxi López.

ETA, consciente de esta situación, ha diseñado una nueva estrategia para intentar dividir a los partidos y forzar un cuarto intento.

Según varias cartas y llamadas telefónicas intervenidas por las fuerzas de seguridad, ETA quiere compaginar meses de impactantes atentados, como los de esta semana en Burgos y Mallorca, con otras temporadas de baja intensidad, incluso con treguas temporales. El objetivo es, por un lado, demostrar que aún tiene capacidad operativa, a pesar de las numerosas detenciones que han diezmado sus filas. Por el otro, dar margen de maniobra a su acorralado brazo político, la ilegalizada Batasuna, para intentar crear una alianza soberanista con otras fuerzas independentistas vascas durante los meses en los que callan las bombas.

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