El Gobierno encara octubre frente a una nueva dinámica política

El Gobierno encara octubre frente a una nueva dinámica política
Por: JORGE SOSA

Todavía no lo dicen en público, pero la mayoría de los analistas políticos admite que hay un ciclo político terminado en la Argentina. Una sensación que se hará expresa en las próximas horas seguramente a partir de la confirmación de nuevas fugas en el bloque de senadores oficialistas. Es la misma certeza que han comenzado a comentar por lo bajo varios dirigentes peronistas, algunos más cercanos al matrimonio Kirchner y otros no tanto. Pero solo lo deslizan fuera de micrófono, esa regla todavía se respeta a rajatabla en el mundo K.

¿Significa eso que se acabó el dominio político de los Kirchner, como asegura la oposición?. No necesariamente. Lo que se está dando es la conjunción de un cambio en el ciclo económico con el agotamiento de un modelo político de gestión basado en el poderío de la caja fiscal y cierta transversalidad política que le aseguró a Kirchner (que es Néstor) el control sin disidencias del peronismo y el Congreso. El resultado es que la oposición se anima, en el peronismo hay rebeldías, y ya no parece alcanzarle a Kirchner con la jefatura partidaria y un regreso al “peronismo clásico”.

¿El Gobierno no vio la crisis y no alcanzó a modificar su estilo, o él mismo ayudo a profundizar el freno económico? Debate insoluble por ahora, con cuestiones filosóficas incluso de eterna discusión. Pero lo cierto es que se ha acelerado el cambio de la dinámica política, con un nuevo escenario en el que Cristina y Néstor deberán apelar a nuevos recursos -de los políticos- para poder transmitir la sensación (la expectativa) de que después de octubre mantendrá el control de la agenda argentina.

Sería exagerado ubicar la ruptura de Carlos Reutemann de esta semana como el punto de inflexión. Más bien la historia empezó a escribirse el año pasado cuando el kirchnerismo decidió enfrascarse en la pelea con el campo, su primera gran batalla perdida ante la opinión pública.

Por eso no significa entonces que esté prescripto que el Gobierno vaya a perder las elecciones o que el peronismo se convierta de ahora en más en una diáspora interminable. Significa que ambos Kirchner deberán ajustar su modo de gestión para ir encontrando nuevos caminos y alianzas, aún cuando el propio Néstor pueda mostrar un triunfo en la provincia de Buenos Aires y más de uno de los dirigentes que hoy lo niegan vuelvan a acercarse.

Hay un dato que debe resaltarse: hasta el momento, el único posible candidato presidencial para suceder a Cristina en 2011 con férrea vocación oficialista es su marido, Néstor K. De aquí a octubre deberá maniobrar más de lo pensado para poder demostrar que tenía la razón de su lado.

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