El Gobierno dilatará las respuestas a los reclamos opositores

Usará las mesas de diálogo sólo para canalizar quejas; dudas sobre el papel de Randazzo
Cristina Kirchner escuchó el parte y ordenó: "Vos avanzá con las convocatorias a los políticos. La oposición tendrá que dar el debate en el Congreso". Así respondió la Presidenta a los reclamos opositores que le transmitió el ministro del Interior, Florencio Randazzo, el funcionario que quedó a cargo del diálogo con los partidos políticos.

No habrá en lo inmediato respuestas concretas a los reclamos que haga la oposición en las reuniones que cada semana encabece el ministro político. Su función, por orden de la Presidenta, es mostrar que el Gobierno está abierto al diálogo y, por lo menos en los primeros encuentros, nadie podrá llevarse de él nada.

La estrategia de la Casa Rosada busca generar un ámbito para que la oposición canalice sus quejas, pero el Gobierno dilatará cualquier decisión que pueda ser consecuencia de esos pedidos. Esa actitud tiene una explicación entre los hombres que acompañan a la Presidenta: las puertas recién se abrieron la semana pasada y para capitalizar la jugada después de tantos años sin reuniones, la jefa del Estado necesita que todos sus oponentes pasen por Balcarce 50. El Gobierno, mientras tanto, buscará la forma de reacomodarse tras la derrota electoral que lo obligó a hacer algunos retoques en sus relaciones políticas.

Hasta dónde podrá aguantar la presión Randazzo es una incógnita entre los funcionarios. Sucede que en el primer encuentro, con el presidente de la UCR, Gerardo Morales, y la diputada electa Margarita Stolbizer, Randazzo escuchó que si no recibían respuestas, pedirían directamente hablar con Cristina Kirchner, una advertencia que podría hacer caer toda la jugada. El tomó nota.

El tema preocupa en la Casa Rosada porque ya la invitación del ministro nació herida. Su convocatoria, la primera tras la derrota electoral, casi naufraga ante los cuestionamientos de la oposición, que intuía que el Gobierno se negaría a debatir otros temas más allá de la reforma política. Sobre la marcha, Randazzo negoció con Morales para evitar un fracaso.

Ante el escaso margen de acción del Gobierno, Randazzo cedió. Siempre con la aprobación de la Presidenta, convocó al Acuerdo Cívico y Social todo junto y seguirá el mismo camino con la tercera agrupación en el Congreso, Unión Pro, a quien recibirá el miércoles próximo.

Pero sólo podrá negociar un proyecto de ley sobre reforma política que incluirá elecciones internas y obligatorias para los candidatos de cada partido y una nueva política de financiamiento de las campañas, además de propuestas sobre voto electrónico o boleta única. Nada más.

"No va a discutir el Indec", anticiparon cerca del ministro del Interior. "La orden de la Presidenta fue que avanzara en la reforma política y que escuchara. Tampoco quiere meterse", agregaron. El funcionario es consciente de que el mayor reclamo es y será la permanencia de Guillermo Moreno en el Gobierno. Ahí no hay dudas: la última palabra la tiene el matrimonio presidencial.

Para evitar el fracaso de la primera ronda de encuentros, los Kirchner concedieron una agenda parlamentaria consensuada con la oposición el mismo día en que comenzaron los diálogos, el miércoles. Ante el escaso margen que ya tenía Randazzo, la decisión le dio un poco de aire.

Mediaron también para evitar la caída de la convocatoria el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro de Planificación, Julio De Vido, los dos funcionarios con mayor poder, que se reunieron con empresarios y sindicalistas, el martes pasado, en una cena de la que ni siquiera participó el ministro de Economía, Amado Boudou. Ambos reportan, claro, a los Kirchner.

En el Gobierno sostienen que la oposición tendrá la palabra en el Congreso. Los diálogos de Randazzo, entonces, si la coyuntura no lo obliga a dar un vuelco imprevisto, se centrarán sólo en la reforma política. Cerca del ministro se conforman con tener a fin de año listo ese proyecto. Su historial de negociador había comenzado este año sin brillos cuando protagonizó las reuniones con el campo, que terminaron intempestivamente ante la falta de acuerdos. Esta vez, y aunque con el resultado electoral mediante, también parece tener poco margen de acción.

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