El Gobierno desconfía de la auditoría del FMI y la dilata

Por: Marcelo Bonelli

El ministro de Economía recibió la orden de postergar y enfriar la normalización de la relación con el organismo financiero internacional, por falta de garantías políticas.

Amado Boudou inició anoche una misión al exterior con una orden de la Quinta de Olivos: postergar y dilatar cualquier negociación para normalizar la relación política entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional. En otras palabras: para la reunión que mantendrá con Dominique Straus-Kahn tiene la instrucción de no avanzar en un pacto para que el Fondo vuelva a auditar la economía argentina.

Para eso tendrá que sortear los compromisos que el propio ministro asumió en la última reunión con Strauss-Kahn. En Estambul, Boudou avanzó en un acuerdo con el titular del FMI. Después de esa reunión, el ministro hizo declaraciones oficiales y anunció avances en un compromiso mutuo para recibir en Argentina una misión de técnicos del Fondo. Pero en Buenos Aires -un día después- tuvo que corregir su discurso público. Hubo una desautorización de Néstor Kirchner y Boudou salió a aclarar que no existía ningún pacto para habilitar la auditoría del FMI.

Este contraste obedeció a que el ex presidente monitoreó la negociación y objetó lo conversado, por lo siguiente:

No confía en los compromisos del titular del Fondo para garantizar una auditoría sin sobresaltos. Para Olivos Dominique Strauss-Kahn tiene un doble discurso sobre Argentina.

Sospecha que la misión del Fondo podrá incluir reuniones funcionales a la oposición política.

Teme que las conclusiones de la auditoría sean lapidarias sobre los desequilibrios de la economía argentina.

Este fin de semana Boudou se reunirá con Strauss-Kahn. Pero será un encuentro informal y paralelo a la reunión del G-20 que hoy comienza en Escocia. En esa reunión trasmitirá oficialmente el mensaje de "enfriamiento" en las negociaciones. También le presentará a Strauss-Kahn el cronograma de la normalización financiera que instrumentará Argentina. Primero quiere terminar el canje de la deuda y después, en febrero, intentar volver a los mercados para colocar un bono sin aval del FMI.

Los informes del Barclays Bank indican que el canje tiene garantizado una adhesión del 75% de los bonos. El banquero Carlos Mauleon -que conduce la operación- firmó una carta de intención con fondos de inversión que adhieren a la transacción. Los financistas están dispuestos a anunciar su apoyo el mismo día que la SEC apruebe los términos del canje. Están entusiasmados por una cuestión clave: la generosidad de la propuesta del Palacio de Hacienda. Según esos documentos, la rentabilidad mínima de la operación sería del 10% y podría llegar al 20% del actual valor de mercado de los bonos. Es tan dadivosa que los fondos de inversión pretenden un compromiso de pago por escrito del Ministerio de Economía, porque temen un cambio final en sus términos.

Recién después de esa demostración de fuerza, Argentina hablaría de "normalizar" la relación con el FMI para habilitar la negociación con el Club de París (ver página 26) Todo pasaría para el otoño. Pero Boudou, este fin de semana, tendrá también que enfrentar a varios ministros de naciones desarrolladas que exigen que Argentina permita auditar su economía para continuar formando parte del Grupo de los 20. Los ministros de Alemania, Japón y el Tesoro de Estados Unidos quieren que el FMI sea el encargado de auditar a todas las economías de las naciones integrantes del G-20 en lo que se llama "revisión entre pares". Primero en la lista está el único país fuera de control: Argentina.

Boudou para estos temas tiene como consultor a Héctor Torres, ex delegado argentino en el FMI. El acercamiento entre Boudou y Torres lo propició Strauss-Khan, quien considera al ex delegado como un hombre de confianza de la cúpula del FMI. Ahora Boudou impulsa su vuelta como "embajador coordinador" ante los organismos financieros internacionales. Pero la iniciativa está frenada en la Quinta de Olivos, a la espera de eventuales cambios en el gabinete. Rumores hay muchos y un impulsor de esos cambios es Aníbal Fernández. El jefe de Gabinete tiene enfrentamientos con Guillermo Moreno y le acota la gestión a Débora Giorgi. Esta semana la ministra tuvo que abortar un almuerzo, que ella misma solicitó, con la cúpula de la Unión Industrial. El pedido alivió a los industriales: ocurrió en medio de una feroz interna en la UIA, después de que Héctor Méndez amenazó con su renuncia al frente de la entidad.

"Yo renuncio. Así no sigo, me voy de la UIA", dijo Méndez ofuscado por las negociaciones secretas que dos vicepresidentes de la central fabril tuvieron con el ministro Julio De Vido. Clarín confirmó que ocurrió hace dos martes y la amenaza al final no se concreto. Méndez se consideró "traicionado y desautorizado" al enterarse que sus segundos Miguel Acevedo y Luis Betnaza integraban un grupo de empresarios que intentaron un diálogo paralelo y no formal -vía UIA- con el Gobierno. Dicen que querían reflotar a los "capitanes de la industria" de la época alfonsinista para buscar relacionarse con el Gobierno, utilizando a varios empresarios kirchneristas. Hubo dos reuniones y de la primera participó también Federico Nicholson. Pero el vicepresidente tercero de la UIA desistió de concurrir a la segunda para alinearse con Méndez, lo cual aumentó los reproches mutuos en la cúpula fabril. La cuestión motivó varios cruces, hasta volver a encauzar las cosas.

Ayer Méndez mantuvo una reunión con Hugo Biolcatti para reflotar el grupo de las siete entidades empresarias. La Mesa de Enlace tratará el tema la semana próxima. Méndez y Biolcatti coincidieron en fortalecer el frente crítico al Gobierno.

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