¿El Gobierno debe plantearse regresar al Fondo Monetario?

Por: Daniel Fernández Canedo

El cambio en la matriz de recaudación del Gobierno se hace cada vez más palpable.

Parecen lejanos los gloriosos tiempos de la "soja-dependencia" para pasar a dominar ahora los de la "ANSeS-dependencia".

La baja de las exportaciones deprime la recaudación por las retenciones. De allí que ahora la apuesta fiscal descansa sobre los aportes previsionales de trabajadores y empresas.

En eso no se puede decir que Cristina y Néstor Kirchner no fueron previsores: frente a la crisis que amenazaba con derrumbar los precios de los granos, estatizaron la jubilación, que está siendo la vía de acercarle fondos al Estado.

Unos $ 15.000 millones que de otra forma irían a las AFJP, este año ingresarán al Tesoro, cifra jugosa siempre. Mucho más, en tiempos de crisis donde el que pierde es el que se queda sin liquidez.

Este esquema, como es obvio, pesa más lo que ocurre con la actividad económica, con el empleo y con el nivel de sueldos de los trabajadores.

Y esas tres variables presentan grandes interrogantes para este año.

Los economistas son cada vez más cautos a la hora de pronosticar que la Argentina pueda crecer en 2009.

El desbarranque de la economía mundial no deja margen para mucho optimismo, a pesar de que los precios de los granos parecen estabilizarse.

Las noticias de que bancos y empresas gigantes de Estados Unidos y Europa no paran de caer en sus ventas y despedir personal, paralizan las decisiones de inversión y gasto. Nadie sabe cuándo la crisis tocará fondo y todos esperan a que Barack Obama, como un mesías, tome las medidas que reviertan el desplome.

¿Puede la Argentina quedar más allá de ese derrumbe?.

Como todos, deberá navegar aguas muy agitadas: los coletazos ya se sienten.

El resultado del balance comercial de diciembre no puede pasarse por alto: las exportaciones cayeron 24% y las importaciones, un 11%.

En el primer caso, la caída habla de sequía, de menor demanda mundial y, probablemente, de que parte de los productores decidieron postergar la venta de sus granos.

La baja de las importaciones, por su parte, es un claro reflejo de que hay menos actividad económica. Nadie importa productos si no está convencido de que los podrá vender.

Es por eso que muchas resoluciones empresariales esperarán a marzo cuando, creen, se correrá el "velo del verano" y se pondrán en blanco sobre negro las previsiones para el año.

El Gobierno tiene la estrategia definida y ayer dio un paso adelante.

La refinanciación de lo que se conocía como "préstamos garantizados" le permitirá postergar el pago de unos $ 13.000 millones, una cifra importante para tiempos de crisis y, más aún, para el intento de despejar las cargas financieras de este año y el próximo.

El plan de obras públicas por $ 111.000 millones es el corazón económico-político del plan kirchnerista con el triple objetivo de ocupar mano de obra, favorecer que haya más plata para consumir y mejorar las chances oficiales en las elecciones de octubre.

Otra pata es la estrategia del dólar en la cual no pasa desapercibida una realidad: el 12 de noviembre la divisa cotizaba a $ 3,20 y ahora está en $ 3,50.

Una suba de 9% en el período muestra que el Gobierno no lo quiere dejar atrasar pero todos los funcionarios aseguran que la intención no es adelantarlo.

Como argumento para fundamentar su posición aseguran que nunca la variación del dólar va a superar a la renta de la tasa de interés.

Claro que para que esa relación sea efectiva, deberá tener de respaldo una convicción: que la gente crea que el Banco Central tiene los dólares suficientes para ahogar cualquier corriente compradora.

Frente a eso en el Gobierno hay una discusión sorda, pero de peso, sobre la necesidad de cuidar los dólares.

Algunos funcionarios, por caso, sacaron las cuentas y comprobaron que en el último año los pagos al Banco Mundial y al BID superaron los créditos que se obtuvieron de esas entidades.

Al Banco Interamericano de Desarrollo le pagaron US$ 1.500 millones y él desembolsó créditos al país por US$ 1.300 millones.

Frente al Banco Mundial, el déficit fue aún mayor: se le pagaron casi US$ 1.000 millones y se recibieron préstamos por 500 millones.

El afán de proteger las divisas tiene un objetivo claro: el Gobierno puede demostrar que tiene superávit para pagar los compromisos de este año, pero los tiene en pesos y necesitará comprar dólares.

El Banco Central está autorizado a venderle los dólares (puede hasta el equivalente al 10% de la recaudación impositiva del año), pero deberá asumir que, por ejemplo, las reservas bajen US$ 3.000 millones. Una cifra no recomendable para los tiempos críticos.

Es por eso que en varios despachos oficiales hablan en voz baja (¿será para que Néstor Kirchner no los escuche?) sobre la necesidad de analizar un posible retorno a la asistencia del FMI.

Hay tres argumentos que ahora le jugaría a favor:

El FMI Obama no será el de Bush y eso se podrá sentir a corto plazo.

Argentina canceló la deuda con el organismo en tiempos de bonanza.

La caída del petróleo limita a Hugo Chávez como prestamista de última instancia.

Se podrían obtener US$ 15.000 millones y eso es un argumento muy potente para ir por la vuelta.

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