El Gobierno cumple un segundo año marcado por la turbulencia

El Gobernador recibió una dura derrota electoral, enfrentó un caso de posible corrupción y tuvo que desnudar una realidad dolorosa: el regreso del déficit.
Celso Jaque cumple hoy su segundo año al frente de la provincia e inicia la segunda mitad de su mandato. Los últimos 12 meses no fueron gratos para el Gobernador. El común denominador fue la turbulencia. La política y la economía le dieron la espalda y el Gobierno provincial se anotó un récord en esta etapa democrática: perder por 20 puntos una elección.

Nunca antes un oficialismo fue derrotado tan duramente en los comicios, como pasó el 28 de junio. Al cachetazo de las urnas se sumó un escándalo por corrupción resonante que debilitó insólitamente al Ejecutivo y la confirmación de que Mendoza otra vez -luego de seis años de respiro- tiene sus cuentas públicas en rojo.

El año comenzó con el Gobernador de vacaciones y problemas entre el Ejecutivo y los productores alvearenses a los cuales una tormenta granicera de fin de año les llevó toda la cosecha. La pelea fue por las hectáreas afectadas y el dinero que se necesitaba para socorrerlos. Pero tomó tintes de crisis política.

Fue el primer hito de un año complicado para el mandatario provincial, quien en marzo recibió a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Fiesta de la Vendimia y fue brutalmente abucheado en el anfiteatro, mientras su rival político, el vicepresidente Julio Cobos, fue recibido como un ídolo.

Abril fue el mes de los conflictos gremiales. ATE se mantuvo en pie de guerra en hospitales y cortó rutas en el Gran Mendoza. La pulseada fue dura y el Gobierno debió concederles un aumento de sueldo.

Intentando levantar cabeza, el Ejecutivo lanzó en mayo una reforma judicial que quedó en la nada. Pero como la Nación decidió adelantar las elecciones, se lanzó la campaña del peronismo gobernante, que encabezaron Adolfo Bermejo y Omar Félix, y la estrategia que se definió fue dura para Jaque: se decidió ocultarlo por su mala imagen.

A fines de junio la voz de las urnas sella un semestre catastrófico para el Gobierno. Se esperan cambios inmediatos de todo el gabinete, pero recién el 12 de julio el mandatario anuncia la salida de Iris Lima de Educación, quien es reemplazada por Carlos López Puelles, y de Guillermo Migliozzi de Producción, quien es relevado por Raúl Mercau.

Este mismo mes estalla el escándalo por el subsidio que en febrero el Gobierno decidió pagarle a los productores mendocinos que trajeron a los Fabulosos Cadillacs. El dinero aportado fueron 315 mil pesos y la Justicia acusó a varios funcionarios y a los empresarios cuyanos de defraudar al fisco.

Los reflejos gubernamentales para atenuar el caso fueron escasos y el polémico hecho desnudó una guerra interna en el Gobierno, con casi todo el gabinete enfrentado a los hombres de mayor confianza del mandatario: Alejandro Cazabán, Daniel Pereyra y Raúl Leiva. Los ecos de la investigación judicial continúan hasta hoy y la secretaria de Deportes, Beatriz Barbera, se fue dando un portazo.

En agosto el Gobierno toma una decisión fuerte: decide la intervención de OSM y aumenta un 36% la tarifa para todos los usuarios. Alega una crisis sanitaria por la falta de inversión de la empresa en obras de saneamiento.

En esta segunda mitad de año el Ejecutivo consiguió dos trabajosas victorias en la Legislatura. Se aprobó la ley de Viviendas para hacer casas para la clase media (las primeras de la gestión) y, en noviembre, consiguió ganarle al cobismo en la puja por el endeudamiento.

El apoyo de 14 de los 18 intendentes, que se llevaron fondos frescos y una nueva ley de coparticipación municipal, fue clave. Pero la ley desnudó un mal manejo de las cuentas públicas y una situación financiera complicada para la Provincia.

El último hito de este segundo año de gestión se produjo hace exactamente una semana. El secretario general Alejandro Cazabán fue interpelado en la Legislatura y denunció a los empresarios polirrubros Daniel Vila y José Luis Manzano de extorsionar al Gobierno por la política de juegos del oficialismo y el manejo que los privados hacen de Edemsa.

Se trató de una declaración de guerra cuyo primer capítulo no se cierra y que podría terminar con la intervención de la empresa de energía.

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