El Gobierno se cuida las espaldas sin arriesgar su alianza con la CGT

El oficialismo espera que el juez no avance contra otros sindicalistas aliados.
Ninguno de los habituales voceros del Gobierno salió a brindar siquiera una simple declaración pública sobre la detención de Juan José Zanola. Es cierto que la ausencia de la Presidenta y la concentración de Néstor Kirchner en las refriegas legislativas (la de hoy en Cámara alta por la reforma política y la de mañana en la baja por las comisiones, en el marco de su propia asunción como diputado) relaja el aire espeso de las oficinas gubernamentales. Los funcionarios aprovechan para despachar asuntos atrasados y nadie quiere meterse en problemas.

Esa realidad no debe llevar a confusiones. El golpe a la mandíbula de la ortodoxia sindical, inédito desde el retorno de la democracia, no pasa desapercibido en la cúspide del poder. Y los micrófonos y las agencias de noticias estarían inundadas del declaracionero habitual si hubiera bajado un simple gesto desde Olivos. Pero la decisión oficial es no agitar las aguas. Con la esperanza ¿o la información confidente¿ de que el líder bancario sea el único de los pesos pesados de la CGT que pague el pato de esta larga fiesta de boda entre las droguerías y las obras sociales.

La propia personalidad de Zanola le juega en contra. Su autonomía respecto a los "gordos", "independientes" y "moyanistas", que siempre se ocupó de cultivar, hace que no tenga hoy "ningún grupo de referencia en la CGT dispuesto a salir a bancarlo a cualquier precio", explicaba ayer un conocedor del paño del consejo directivo de la central obrera. El núcleo duro del sindicalismo parece dispuesto a ofrendar su caída, cual gangrena que conviene amputar a tiempo para rescatar el resto del cuerpo gremial.

Un alto funcionario del Gobierno repetía ayer que "hace tiempo que La Bancaria entró en una decadencia y corrupción que ya era insalvable".

Algunos especulaban con que la decisión de Norberto Oyarbide de darle un nuevo y contundente impulso a la investigación de la "mafia de los medicamentos" habría tenido su origen en una indicación al juez federal de parte de la Corte Suprema, luego de la "apretada" contra el máximo tribunal que Hugo Moyano protagonizó la semana pasada desde un palco frente a Tribunales.

Si así fuera, hay que tener en claro que ni Néstor Kirchner ni Hugo Moyano sienten a Zanola como uno de los suyos. Eran, en los últimos tiempos, aliados circunstanciales por conveniencias mutuas. Pero ambos están dispuestos a soltarle la mano sin remordimientos.

Eso sensación ya se respiraba ayer en los despachos oficiales, donde estaba en marcha una "operación despegue". Todos parecían olvidar las últimas fotos sonrientes del líder bancario con el matrimonio presidencial.

Es más, había algunos funcionarios que hasta evaluaban la caída de Zanola como una buena noticia hacia "los amigos de la centroizquierda" que se habían horrorizado en los últimos días con los gestos de refuerzo de la alianza con la CGT. "Ahora podemos mostrar que acá no hay intocables", se jactaba un hombre con despacho en la Casa Rosada. ¿Eso vale incluso si caen otros sindicalistas más cercanos a Moyano? Todos prefieren pensar que la Justicia no se animaría a llegar a tanto. Y nadie derramará una lágrima por Zanola.

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