Por qué al gobierno lo corre cualquiera

El sindicalista Roberto Picco no es una figura relevante, pero se convirtió en una pesadilla oficialista. Las reuniones privadas donde se trata la crisis, y el sorprendente vuelo de Buenos Aires que vino lleno de intendentes del PJ.
Sólo un gobernador con una clara incapacidad para liderar como Celso Jaque podía destrozar una cumbre política partidaria y reducirla a una sucesión de encuentros minúsculos, más o menos confirmados, en las que todos están buscando recuperar la brújula y asegurar la "gobernabilidad".

Es que la gobernabilidad, tras haber sido la “jornada de reflexión en Uspallata”, se ha convertido en un misión individual para buena parte de los dirigentes importantes del PJ.

Fuentes partidarias aseguraron que en distintos lugares se vienen produciendo reuniones de intendentes entre sí, y de legisladores con intendentes del oficialismo. En todos estos encuentros se dialoga sobre la manera de “apoyar al gobernador” y “optimizar la gestión”, para que esta versión del justicialismo pueda dejar de mirar con espanto los dos años y meses que le queda en el poder.

Pero todas estas conversaciones se desarrollan sin ningún gesto de Jaque, el máximo responsable de mantener la gobernabilidad.

Nadie desmintió hasta aquí que en los últimos días de la semana se haya producido en Buenos Aires una reunión promovida por el jefe de los azules del PJ, Juan Carlos Chueco Mazzón, quien habría estado por lo menos con sus intendentes más leales (Adolfo Bermejo, de Maipú; y Jorge Giménez, de San Martín) para evaluar el estado de las cosas en Mendoza.

A propósito, un vuelo de la empresa LAN Buenos Aires-Mendoza juntó el viernes a una verdadera colección de intendentes peronistas que volvían a la provincia en horas del mediodía. Además, de Bermejo y Giménez, en el mismo avión venían los intendente de Las Heras, Rubén Miranda; de Guaymallén, Alejandro Abraham; y de San Rafael, Omar Chafí Félix. También ocupaba una butaca en la aeronave Carlos Bianchinelli, jefe del bloque de diputados del PJ. Y en otro avión de Aerolíneas, que salió más o menos al mismo horario, volvía a Mendoza el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús.

Todos se cruzaron en algún momento (es un hecho por lo menos que Giménez y Tanús mantuvieron charlas de política en Buenos Aires, mientras esperaban la presentación de la boxeadora chacarera Yésica Marcos en el Luna Park), pero en general los peronistas pusieron como excusa diversas gestiones oficiales en la capital del país, para tratar de esquivar los rumores de que la expedición sirvió para discutir los problemas del gobierno, sin Jaque.

Así de informal, misteriosa y casi clandestina es la discusión de la “gobernabilidad” en la era Jaque, que atraviesa su peor momento. Pero siempre todo puede ser peor cuando un partido y un gobierno están en crisis.

Intervención, ni a palos. Los cónclaves secretos y los diálogos inconfesables en Buenos Aires habrían quedado en meras especulaciones si no fuera que, el mismo día que los intendentes y legisladores peronistas esperaban la salida de sus vuelos en Aeroparque, el mayor francotirador del justicialismo mendocino hacía declaraciones explosivas en una radio de San Rafael. “Hay gente del peronismo que estuvo en Balcarce 50 (dirección de la Casa Rosada) viendo la posibilidad de intervenir federalmente la provincia porque dicen: Jaque está caído y tiene una imagen positiva bajísima”, dijo al aire el secretario de la CGT, Roberto Picco.

Desde el preciso momento en que los dichos de Picco fueron difundidos, no hizo falta que el sindicalista abundara en detalles: el viaje a Buenos Aires de los peronistas mendocinos tomó otro color. Un matiz “destituyente”, para usar una palabra que también está de moda en Mendoza.

El rumor escandalizó a los intendentes peronistas. Provocó en algunos casos desmentidas apresuradas y enojos generalizados en el partido gobernante. Quizás, despertó los anticuerpos, porque una intervención del poder central no favorecería a ningún dirigente local. “Sería un suicidio, nos vamos a unir todos contra eso”, deslizaron algunos justicialistas en las últimas horas para desmentir a Picco.

Pero más allá de la veracidad o no de los dichos del dirigente sindical, bien cabe preguntarse aquí por qué el jefe de la CGT ha adquirido semejante notoriedad y capacidad de fuego.

A pesar de tener un cargo institucional en el PJ (es uno de los vicepresidentes), Picco es una figura por lo menos menor en el PJ. La oscilante trayectoria política del alvearense incluye, por ejemplo, un paso por el MODIN del ex carapintada Aldo Rico.

Picco ha sido cobista alguna vez. Fue jaquista después, y entonces atacó a Julio Cobos con dureza. Hoy conduce asambleas políticas coronadas por el cuadro de Perón y jura ser un peronista ortodoxo. Pero quién sabe cuál será su fe en el futuro cercano.

Pero el sindicalista, con todos sus errores y a pesar de poseer uno de los archivos más vulnerables de la política provincial, se da el gusto de zarandear al peronismo y al gobierno mendocinos, casi a su antojo.

Picco se animó este viernes no sólo a anunciar la “intervención”, sino también a ventilar un gabinete completo de “ministros” en condiciones de reemplazar a todos los actuales y sostuvo que tiene “un plan de gobierno” que no posee Jaque, a quien quiere “ayudar” poniéndole nuevos colaboradores, previo echar a su entorno más dañino: el asesor Perruco Leiva y Alejandro Cazabán.

Ha logrado en el camino la adhesión de algunos peronistas históricos ( Luis Carral y Dante Pellegrini, entre otros personajes más o menos conocidos) a lo largo de una serie de reuniones donde ha ido reforzando su discurso “tirapiedras”. Y por supuesto, como todo peronista que se precie de tal, tiene por estos días sus propios encuentros para hablar de la “gobernabilidad”: en la tarde de este sábado habría hecho una reunión en un club de San Rafael.

Algunos justicialistas evalúan que la cumbre de Uspallata se suspendió precisamente por miedo a Picco, que es casi un Frankenstein del PJ, cuya figura crece y se torna más amenazante, cuanto más se hunde el peronismo en la crisis, sin que Jaque haga nada.

Con un plus: no sólo dejó a los peronistas sin jornada de reflexión, sino que, además, Picco colocó esta semana a un ministro en el borde del precipicio.

Adaro, el palomo bajo fuego. El ministro de Gobierno, Mario Adaro, no sintió nunca como esta semana que el piso de deshacía bajo sus pies. Y fue por una decisión que no consultó con el cuarto piso de la Casa de Gobierno: asistió en nombre del PJ a una de las asambleas de los “tirapiedras” del peronismo.

La foto con Picco convirtió en una odisea los siguientes días de la semana. Y la guerra psicológica siguió: Adaro fue acusado sotto voce de hacer su propio juego dentro del Gobierno, incluso a través de frondosos diálogos con la “prensa enemiga”, esa que el Gobierno insiste en dejar sin pan ni agua (léase: ni información, ni pauta).

Nadie va a llorar en el tercero y cuarto pisos si el dirigente de Palmira se va. Pero también es cierto que nadie lo ha echado todavía.

La guerra de nervios habría terminado este viernes, cuando Adaro subió al cuarto piso y mantuvo una larga “charla sobre temas de gestión con Celso Jaque”. También habría tenido encuentros con el propio Alejandro Cazabán, el “halcón” peronista que esta semana pareció adueñarse de su destinos.

“Estamos muy bien”, juraba en la mañana del sábado el ministro, que siempre sonríe y hace bromas. Que siempre intenta jugar a quitarle dramatismo a los momentos difíciles.

La lectura de una parte del PJ ahora es que los garrotazos de Picco pueden servir para cohesionar al desmembrado oficialismo y fortificarlo contra la amenaza “intervencionista”.

De más está decir que no es Jaque el que genera estas esperanzas. Es, más bien, el propio instinto de supervivencia peronista: de acuerdo al análisis del PJ, una intervención federal forzaría la realización de elecciones generales, y esos comicios sin dudas serían ganados por el cobismo, gracias a la inercia provocada por la victoria en la última votación.

Consecuencia: además de perder el gobierno, habría mucha sangría de bancas legislativas y los peronistas se quedarían sin el preciado bien de ciertas intendencias. A nadie le conviene, entonces, la intervención federal, en última instancia.

Sin embargo, eso no significa que los justicialistas consideren hoy un hecho la continuidad de Jaque hasta diciembre de 2011, si no hay un cambio o una demostración plena y contundente de conducción de su parte. Por eso algunas voces tímidamente empiezan a promover un cara a cara no masivo en el oficialismo, pero sí entre los actores principales de la película: el gobernador y sus intendentes.

Aunque el cónclave de Uspallata quedó suspendido sin fecha, actores importantes razonan de la siguiente manera: “Si bien no estoy en contra de los actos masivos, yo creo que la organización política va a pasar por el gobernador y los intendentes. Es la mejor manera, porque lo que se defina en esa mesa va a influir en los legisladores y en el gabinete”, dijo un legislador a MDZ.

Fórmulas y propuestas de consenso hay, aunque surjan de esas desperdigadas mesas que en conjunto conforman el PJ mendocino.

La verdad es la realidad. Los dirigentes y funcionarios peronistas que permanentemente apuestan a recrearse, empezarán esta semana con un objetivo: tratarán de darle inicio a la paralizada política habitacional de la provincia.

Desde principios de julio está parada una ley que propone el Gobierno para tomar un millonario crédito de la ANSES (650 millones de pesos) y llevar a cabo cerca de 7.000 viviendas. El resultado de las elecciones y el adormecimiento político del oficialismo sirvieron hasta la semana pasada para que el proyecto durmiera en la Cámara de Diputados. Pero desde el lunes, el oficialismo promete ir al ataque, para que se apruebe un poco menos del 30 por ciento de esa suma (180 millones).

La lógica del Gobierno dice que las casas podrían servirle para recuperar en la Legislatura un poco de iniciativa y la capacidad de negociación con otros sectores políticos. Y hasta daría la posibilidad de reprocharle al Frente Cívico algo, después de semanas en que ha estado sometido a críticas y balazos por el escándalo del show de los Cadillacs.

“No hay una oposición seria. Juegan especulativamente para no aprobar la ley de las viviendas en una etapa de crisis. Tenemos el mejor cupo del país, pero si no lo aprobamos, lo perdemos”, advierte Adaro, quien en este tema ha hecho causa común con otro palomo del Poder Ejecutivo con verba menos inflada: Francisco Paco Pérez, ministro de Infraestructura de la provincia.

Los azules del PJ también se cuentan entre los más interesados en sancionar la ley de las viviendas cuanto antes. Es que la única verdad, que es la realidad, señala que la Provincia perderá el cupo de la superpoderosa ANSES para construir inmuebles en Mendoza, si el oficialismo no reacciona a tiempo.

Este asunto (en el que habrá una intervención del cobismo, que ha prometido salir a mostrar su propio proyecto habitacional), sumado al irresuelto problema del financiamiento y el déficit de la provincia y de las comunas, dominarían la semana política que comienza mañana.

Y la realidad le va a ordenar al peronismo encararlos como se pueda: con un piloto mudo y a pesar de que el motor del auto siga fallando, sin que nadie ordene una parada en el taller para hacer unos cuantos arreglos.

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