El Gobierno controla el dólar, pero no logra bajar la incertidumbre

Por: Daniel Fernández Canedo

El Gobierno hizo las cuentas. Miró el balance comercial, la devaluación en Brasil, la mejoría en la marcha de la crisis financiera internacional y la evolución de los salarios y los costos empresarios en el mercado interno.

Su conclusión fue que el dólar no está atrasado, pero la realidad le volvió a mostrar que algo está pasando.

Hilando fino, sólo una de las variables fundamentales que inciden sobre el tipo de cambio, el crecimiento del gasto público, aparece desalineado.

Pero ese desajuste no alcanza para explicar lo que ocurre.

Cuando dejaron de sacar cuentas llegaron a la conclusión que se habían planteado como hipótesis desde el primer momento: la incertidumbre sobre el futuro político genera conductas defensivas que tienen como refugio el dólar.

Por primera vez en muchos años, es la política y no los desajustes económicos lo que explica la dolarización a la que asiste la Argentina.

Ese proceso adquirió fuerza y tiene una magnitud que requiere atención: la salida de dólares del último año iguala a la que precedió al quiebre del 1 a 1 en 2001.

En aquella oportunidad, en los diez meses previos al estallido fueron 22.000 millones de dólares. El número es muy similar al resultado del último año.

Una visión optimista diría que la Argentina es un país con una enorme capacidad de ahorro que le permite tener US$ 46.000 millones en las reservas a pesar de que no logra retener unos US$ 2.000 millones al mes.

Eso pasa cuando la Argentina, a pesar de la crisis y la caída del comercio mundial, sigue exportando más de lo que importa y podrá mostrar este año un superávit comercial de 8.000 o 9.000 millones de dólares.

El problema no es tanto la fuerte baja en la entrada de dólares porque se exporta menos. Tampoco, que no haya crédito internacional para la Argentina. Importa que los dólares que entran se van a la espera de definiciones que difícilmente lleguen antes de la elección del 28 de junio.

Frente a ese panorama, el Gobierno, el Banco Central y los políticos oficialistas comenzaron a respirar aliviados en los últimos días.

Los tan odiados y amados dólares de la exportación de soja comenzaron a entrar y el mercado cambiario se serenó en forma casi instantánea.

El Banco Central volvió a comprar dólares en vez de tener que venderlos para abastecer una demanda inquieta.

Una de las preguntas a formularse es si al Banco Central le alcanzarán los dólares para abastecer al mercado hasta el 28 de junio.

Todo indica que sí. Y que mantener tranquilo al dólar será de ahora en más una obsesión para las autoridades.

Para eso contarán con algunos adicionales a las reservas que ya tienen.

Habrá unos 2.500 a 3.000 millones de dólares que a la Argentina le corresponden por el aumento del capital del Fondo Monetario Internacional.

Y tendrán como reaseguro el acuerdo de un "swaps" con China que ayer quedó ratificado y que podría aportarle al Gobierno, en caso de necesidad extrema, unos 10.200 millones más (ver página 18).

La calma cambiaria de los últimos días estaría indicando que en general se acepta que hasta el 28 de junio el sendero del dólar está bastante definido.

Entre otros argumentos, el Gobierno entiende que una suba del dólar en este contexto contribuiría más a aumentar las compras de los minoristas que a desalentarlas.

Un interrogante obvio e importante es qué puede pasar el 29. Y otro, más inquietante, es que pareciera que hoy nadie puede dar seguridades sobre la economía del día después.

El oficialismo resalta los buenos resultados del pasado pero no dice cómo puede ser el camino a seguir.

Cristina Kirchner tiene por delante más de dos años de gobierno. El cambio de condiciones internacionales y locales le exigirán definir lineamientos nuevos sobre cómo hará la Argentina para financiarse en los próximos años.

El Tesoro está cambiando la forma de financiarse: de tener en las exportaciones de petróleo y granos una fuente destacada, ahora depende más de la plata de la ANSeS.

Frente a la crisis internacional, la plata que antes venía por el sector externo ahora pasó a cubrirse con los aportes de la gente que el año pasado iban a las AFJP y ahora van al Estado.

Así como no es creíble que la Argentina pueda mantenerse mucho tiempo perdiendo divisas como lo viene haciendo, tampoco cabe apostar a que el dinero de las jubilaciones será para siempre.

Para el Gobierno, los empresarios y los productores en general, el adelantamiento de las elecciones fue una bendición.

Tener tres meses de incertidumbre es mejor que tener seis y, más aún, cuando el rumbo que seguirá el Gobierno es una incógnita porque lo que pareciera que está en juego para la clase política en esta elección es la discusión sobre el pasado.

Mientras tanto, lo que crece es la fragmentación estadística.

Día a día la discrepancia entre las estadísticas oficiales y las privadas sobre datos clave como inflación, desempleo, pobreza y crecimiento van en aumento y eso distorsiona mucho la visión de la realidad. Que para muchos funcionarios sigue siendo maravillosa.

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