El Gobierno se cierra.

Por Paulino Rodrigues.

El anunciado cambio de gabinete no resultó tal. Néstor Kirchner y Cristina Fernández decidieron recostarse sobre los suyos y no apostar a una apertura que alentara un diálogo que todos los sectores políticos y la realidad le demandan. El proceso electoral derrumbó mayorías absolutas y dejó huérfano al país de liderazgos fuertes. El poder se atomizó y el Gobierno no reaccionó. Se plebiscitó una gestión y el oficialismo perdió. Menos de un tercio de los votos totales le pertenecen. Más de dos tercios clamaron por correcciones y cambios. Por tanto, se imponía una oxigenación que incluyera caras y métodos nuevos que le dieran una salida para la compleja problemática económica, social y política que se percibe y se tiene por delante. Sin embargo, no sucedió.

Los cambios además no acallaron las voces dentro del peronismo que pedía mayor participación en las decisiones de gobierno. No hay gobernadores detrás de los anuncios. Tampoco reconocimientos a nuevos actores. Ni siquiera a triunfadores. Tampoco apertura a otros sectores que apoyan al gobierno. En todo caso hay premio a los leales o castigos para los que nunca se jugaron por entero con el gobierno como Pablo Bruera, el intendente de La Plata que logró ganar con un fuerte corte de boleta que lo ubicó a Kirchner tercero. O Sergio Massa, que en Tigre registró un diferencial de casi 30.000 votos respecto al caudal que le aportó a la fórmula Kirchner - Scioli. Para el primero, el gobierno eligió a Julio Alak como Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, justamente su adversario dentro del peronismo durante años en la ciudad de las diagonales. Para el segundo le asestó el golpe de devolverlo a la intendencia de Tigre que reasumirá el 24 de julio. Tal vez, igualmente, un favor por los servicios prestados y la innecesaria exposición y acumulación de cargos de los últimos tiempos.

No son Aníbal Fernández (cuarto ministerio que recorre de manera ininterrumpida desde 2002), Amado Boudou (hasta hace tres años ignoto secretario de Hacienda del Partido de la Costa) y el hábil Alak (ex intendente de La Plata y director de Aerolíneas Argentinas) las personas que garanticen una apertura del gabinete que le incorpore adhesiones al gobierno. Son tres apósteles de Kirchner. No son dirigentes dispuestos a marcar agenda, abrir espacios y construir capital político. Son dirigentes que cumplen órdenes y probablemente de manera muy eficiente. Pero no alcanza. La lógica del poder no cambió. Y probablemente esas transformaciones fueron las que un 70% de la población expresó con su voto el 28 de junio. Lo que colapsó esa noche, trágica para el oficialismo en términos electorales, fue un método cerrado de toma de decisiones. Ese método sigue vigente. Guillermo Moreno y Julio De Vido son sus garantes. También la Ministro de Defensa Nilda Garré o el canciller Jorge Taiana. Ambos de bajo perfil, pero también de baja productividad.

Ellos siguen, salvo el desgastado y probablemente pronto procesado Ricardo Jaime, que dejó la secretaría de Transporte la semana pasada ante el obstáculo de una justicia que ahora se plantó frente a los Kirchner y lo que los rodea. Es que desde el 28 a la noche ningún juez está dispuesto a cajonear expedientes por mucho tiempo. Toda una novedad con la cual el kirchnerismo deberá convivir. No será fácil.

Cristina necesitaba una transformación propia y de su gabinete. No tanto por los nombres, más bien por las prácticas y algunas de sus políticas. El estilo utilizado hasta aquí caducó. Sin embargo, ayer se rearfirmó todo. "¿Qué hubiera pasado si se ganaba?", preguntó un legislador kirchnerista que ya piensa el 2011 sin Kirchner. Nadie de los 5 comensales que estaban a su lado pudo responder. Sólo levantaron sus cejas.

Un dato vale la pena recordar: la voz que se escuchó ayer anunciando los cambios de gabinete fue la de Alfredo Scoccimarro, subsecretario de Medios de la Nación. El "corcho", como se lo conoce es el virtual jefe de prensa de Néstor Kirchner, después de ser durante años vocero del Ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. Todo un símbolo respecto a quién toma las decisiones. Todo un símbolo respecto a quién aún manda y dónde está el poder. Una vez más el gobierno mostró un divorcio con la agenda pública y sus demandas. También con la opinión publicada. Un encierro que muestra una oscuridad preocupante pensando en los 30 meses de gestión que que quedan por delante.

Comentá la nota