El gobierno cierra el año sin conflictos sindicales latentes

Tras haber logrado bajarle el tono a la pasajera Unión de Gremios Estatales, prometido algunas soluciones a los municipales mas rebeldes y acordado con el bederista Fernando Salcedo que se había distanciado y volvió, el Ejecutivo llega al término de 2008 sin sobresaltos ni conflictos sindicales en ciernes, lo que le asegura -en principio- un verano desprovisto de protestas sociales.
Los sindicatos culminan 2008 sin haber obtenido reivindicaciones importantes y sin poder encarar medidas de acción directa contra la política oficial, producto de la habilidad para negociar que demostró la administración de Luis Beder Herrera y de la escasa representatividad que tienen los gremialistas "de turno".

Pese a que el único aumento salarial concedido por el gobierno apenas rozó el 20 por ciento y no conformó a la mayoría de los estatales, los sindicatos amagaron con protestas y reacciones que no tuvieron eco ni respaldo suficiente de las bases.

En las últimas semanas, el Ejecutivo logró desactivar la Unión de Gremios Estatales que, por impulso del Sitrapp de Carlos Laciar y el Seipos de Fernando Salcedo, había surgido con cierta fuerza. Sin embargo, el gobierno logró "recuperar" a Salcedo, un bederista que había tomado distancia, y así dejó sin fuerzas a la nueva entidad.

Del mismo modo, el reinicio de luchas de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) es una señal de alerta que, por ahora, no pasó de allí, porque su principal integrante es la Asociación de Maestros y Profesores -AMP- de Rogelio De Leonardi. Y los docentes tuvieron un exitoso año en materia salarial y eso acalla los ánimos mas exaltados.

Finalmente, el único foco de conflicto que se le abrió sobre fin de año al gobierno fue el encabezado por el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales -Soem- de Carlos Del Giorno. Ni siquiera la brusca detención policial de su titular sirvió para que los gremios mostraran una reacción frontal. Y esta semana, el Ejecutivo logró que el Soem desarme la carpa que había armado en la Plaza 25 a la espera de que Beder Herrera los reciba y escuche sus reclamos salariales.

Así las cosas, con una CGT virtualmente aliada al oficialismo, el gobierno cierra un 2008 que, en materia sindical, no le trajo dolores de cabeza y le permitirá transitar un verano sin sobresaltos, mas allá de los reclamos de la gente y, especialmente, de los insatisfechos estatales.

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