El Gobierno cedió para que se levante el acampe en la 9 de Julio

El Gobierno cedió para que se levante el acampe en la 9 de Julio
Tuvo que dar marcha atrás y accedió a incorporar a unos 5 mil piqueteros al programa de empleos cooperativos. Ahora se comprometió a negociar con las organizaciones sociales y los intendentes del conurbano la distribución de los planes.
Fueron 33 horas de acampe en la 9 de Julio. Pasadas las 21 de ayer, los líderes de los movimientos sociales que acampaban frente a la sede del Ministerio de Desarrollo Social bajaron del despacho del Coordinador Nacional de Microcréditos, Alberto Gandulfo, y anunciaron que levantaban el piquete que trastornó el tránsito porteño durante un día y medio.

El Gobierno dio marcha atrás con la decisión que había tomado la semana pasada de excluir a estas organizaciones no alineadas al kirchnerismo del plan "Argentina Trabaja" y les prometió que podrán incorporar a unos 5 mil desocupados al plan "Argentina Trabaja". Ese es el plan estrella con el que la Casa Rosada promete dar 100 mil empleos en tareas de mantenimiento en los barrios del conurbano.

"Después de que la semana pasada nos cerraran la puerta, ahora se comprometieron a volver al plan original. Vamos a mantener la guardia muy en alto para controlar que esto se cumpla y que los compañeros puedan empezar a trabajar y cobrar su sueldo lo antes posible", explico a Clarín Carlos Bértola, de la CTD Aníbal Verón, uno de los que participó de la reunión en el ministerio que destrabó el conflicto.

Las autoridades se comprometieron a conformar una mesa tripartita de trabajo en cada uno de los 25 distritos con representantes del ministerio, del municipio y de las organizaciones sociales. Para esta mañana está programada la primera reunión.

Los líderes de la protesta pretenden que los colaboradores de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, se conviertan en los garantes de que no serán excluidos del programa.

Según denunciaron, algunos intendentes venían utilizando las cooperativas como una nueva herramienta clientelar. Así, delegaban su conformación en punteros barriales que inscribían trabajadores a cambio de quedarse con 100 pesos o $ 200 pesos de cada sueldo de $ 1.200.

Las cerca de mil personas que a esa hora permanecían sobre el asfalto de la 9 de Julio lucían agotadas después de otro día al rayo del sol. La cuadra debajo del edificio en el que Evita anunció su histórico "renunciamiento" era un camping a cielo abierto. En la esquina de Moreno, unos chicos jugaban a la pelota. Cerca de Belgrano largaban humo las ollas populares en las que se había calentado el guiso de lentejas del mediodía y el agua para el mate de la tarde. Las madres con hijos chicos apenas se masajeaban los pies.

Hubiese sido muy difícil atravesar otra noche en la calle. De hecho, los líderes de la protesta se habían pasado el día pidiendo que el Gobierno abriese una ventana al diálogo.

La madrugada había sido movida. Cerca de la 1.45, en la esquina de Belgrano y Bernardo de Irigoyen, hubo una refriega entre la Policía y un grupo de piqueteros. Fuentes policiales hablaron de un intento de robo. Los manifestantes lo desmintieron. Su versión hablaba de un grupo que se había apartado de la concentración para comprar agua y otras vituallas cuando fue "salvajemente" reprimido por la Policía. Lo cierto es que se escucharon algunos disparos y tres militantes resultaron detenidos. Dos de ellos, fueron liberados a los pocos minutos. Pero Antonio Vega permaneció detenido en la comisaría 4ta.

Durante todo el día el Gobierno nacional y el de la Ciudad protagonizaron un nuevo capítulo de su pelea por ver quién pone orden en las calles porteñas. La fiscal contravencional Silvina Bruno ordenó el cese del corte y el despeje de la Avenida. Pero nadie le hizo caso.

"Hay que lograr cambiar las formas en que se realizan las protestas. Hay que organizar las protestas de otra manera. Esto es un caos y no va más", se enojó Mauricio Macri, al reclamar la intervención de la Policía. Desde la Federal respondieron en un comunicado que el jefe de Gobierno "menoscababa" la autoridad policial. La Casa Rosada se mantuvo en silencio.

Al caer la tarde llegó el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, para intentar una mediación informal. Pero la reunión con mayor densidad política tuvo lugar en un bar cercano. Fue allí donde el ex funcionario de Desarrollo Social y hombre de confianza de Néstor Kirchner se sentó con algunos de los líderes de la protesta para encauzar la situación. Como muestra de poder, con un solo llamado logró la liberación de Vega. Y poco después, la reunión en el ministerio le puso fin a la protesta.

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