El Gobierno busca ganar tiempo y posterga los cambios en el Gabinete.

Se realizarían recién dentro de unos diez días. Aún resta definir qué magnitud tendrán.
Salvo algún hecho inesperado, la presidenta Cristina Fernández se tomará un respiro de diez días para introducir cambios en el Gabinete.

El feriado del 9 julio y el viaje de la Presidenta a Centroamérica contribuirán -suponen en el poder- a descomprimir la presión política creciente tras la derrota electoral del oficialismo en los grandes distritos del país y en particular en la provincia de Buenos Aires.

Como de costumbre, en Olivos reina el mutismo y para peor los colaboradores cercanos a Cristina y a Néstor Kirchner han hecho un pacto de silencio y poco trasciende las reuniones que suceden en la quinta presidencial.

No obstante, todas las fuentes consultadas estiman que además de la renuncia del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, se producirán más cambios. Lo que no está claro es la magnitud de los mismos, porque la Presidenta aún no decidió si para las correcciones que debe hacer en la gestión resulta indispensable optar por una cirugía mayor o alcanza con unas pocas modificaciones.

Esta vez parece cierto que la suerte está echada para el poderoso secretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien el lunes presentó su renuncia y sigue en el cargo porque se lo pidió Kirchner. Pero la salida del controvertido funcionario, que es un reclamo generalizado en el peronismo y en los llamados factores de poder, tiene como prerrequisito el arreglo de algunas cuestiones básicas como el INDEC y las relaciones con los sectores del agro y la industria, que se sienten ofendidos y humillados por el accionar de Moreno.

Cerca de la Presidenta, algunos piensan que además de ese reemplazo habría que designar a un nuevo ministro de Economía que tenga más presencia que Carlos Fernandez (ayer circuló la versión de que renunciaría el martes próximo). Dicen también que el perfil no debería llegar al que ostentaron Roberto Lavagna o Domingo Cavallo, pero tendría que atajar los penales a él dirigidos y que hasta ahora, esos pelotazos pasaron de largo por el Palacio de Hacienda y golpearon las puertas de la Casa Rosada.

Es difícil que los eventuales candidatos a sentarse en el Palacio de Hacienda (Martín Redrado, Amado Boudou) acepten el cargo si antes el Gobierno no resuelve qué hacer con Moreno y el INDEC.

Los que se animan a reflexionar en voz alta -en la Rosada y en el Congreso- creen que el cachetazo que recibió el oficialismo en la elección obliga a ir más a fondo con los cambios.

Son los que aseguran que el Gobierno "puede superar la crisis", pero para ello es "indispensable dar con hombres que den la cara, sepan gestionar y defiendan a la Presidenta". Para estos kirchneristas de la primera hora habría que tumbar por lo menos al jefe de Gabinete, Sergio Massa (dicen que quiere volver a la intendencia de Tigre), y a los ministros de Educación, Juan Carlos Tedesco y, de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao.

Ya se sabe que Julio De Vido condicionó su continuidad como ministro de Planificación al control de dependencias estratégicas. Por eso, entre otras razones, renunció Jaime en Transporte y el lugar quedó para Juan Pablo Schiavi, un funcionario de confianza de De Vido. Por el mismo motivo se iría el secretario de Energía, Daniel Cámeron, quien siempre reportó a los Kirchner y tiene una mala relación con De Vido.

La enorme estructura de este ministerio acogerá al parecer como subsecretario de Vivienda al diputado Edgardo Depetri, un kirchnerista que defendió a rajatabla al Gobierno en la Cámara Baja y al que Cristina quiere premiar. Pero Depetri tiene mandato hasta el 10 de diciembre y será necesario su voto y su presencia en la Cámara baja hasta esa fecha. Lo más problable es que él y algún otro diputado desembarquen en Planificación a fin de año.

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