El Gobierno busca el apoyo del Tesoro norteamericano

Por: Marcelo Bonelli

Las gestiones que realiza el Ejecutivo tienden a despejar dudas sobre el financiamiento. Pero debe remover críticas como las manifestadas por el Banco Mundial.

El embajador Milton Drucker, jefe del área Cono Sur del Departamento de Estado norteamericano fue claro con los empresarios de nuestro país: "No entendemos a la Argentina". El subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental dio una larga lista de países amigos y con problemas de América del Sur; Craig Nelly agregó: "Argentina no está en nuestra agenda y todo se debe a la posición de su Gobierno."

Ambos funcionarios formularon estas declaraciones el miércoles, ante la cúpula de la Unión Industrial Argentina, en las oficinas del poderoso Departamento de Estado de Estados Unidos.

El equipo de Héctor Méndez escuchó pacientemente, y la cúpula fabril cumplió su compromiso con el Gobierno: evitar echar más leña al fuego en la relación entre la UIA y la Casa Rosada. Primero cumplió -como anticipó Clarín- al no llevar el conflicto de las estatizaciones al exterior. Tampoco hicieron declaraciones públicas ni privadas contra el Gobierno.

Actuaron así según el compromiso asumido frente a Julio De Vido. Y cumplieron a pesar de la descortesía del embajador argentino Héctor Timerman, quien suspendió una cena programada para homogenizar la posición de los industriales y el Gobierno.

Pero igual los industriales describieron sus problemas y admitieron la necesidad de que la política economía argentina tenga correcciones inmediatas

El mensaje de ambos funcionarios del Departamento de Estado norteamericano fue similar al que escucharon los industriales en todos los encuentros que tuvieron en Washington y Manhattan. Y todos ellos tienen un denominador común: dureza y escepticismo hacia Argentina. Se trata, en definitiva, del diagnóstico y visión que deberá remontar el Gobierno para llevar adelante un plan secreto que se elabora en la Quinta de Olivos: buscar un acercamiento con los Estados Unidos con la intención de aliviar la situación financiera ajustada que deberá enfrentar Cristina Kirchner en sus últimos dos años de mandato.

La intención oficial es normalizar la inexistente relación con la Casa Blanca y pedir un swap a la Reserva Federal para tranquilizar definitivamente el frente externo. En las últimas semanas hubo sondeos preliminales secretos y se espera el crucial recuento de votos para acelerar las tratativas con Washington.

El proyecto se aceleraría en caso de que el kircherismo pierda la elección para fortalecer la gobernabilidad. Así se informaron extraoficialmente los empresarios que participaron de las reuniones privadas con el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton. Entre los empresarios, estuvieron Jorge Brito, Eduardo Elsztain, Ernesto Gutierrez, Adrián Werthein y Sebastián Eskenazi.

La versión de un intento de acercamiento futuro a Barack Obama es uno de los motivos que puede explicar parte de la tranquilidad en los mercados domésticos, a pesar de la incertidumbre por la elección. Esta versión se escuchó el martes en la cena de hombres de negocios para apoyar y recaudar fondos en favor de Carlos Reutemann. Pagaron un bono de diez mil pesos por persona y fueron cerca de cien.

También en el último almuerzo mensual de los veinte economistas independientes -desde Daniel Artana hasta Miguel Bein- se dijo que un apoyo de la Reserva Federal de los EE.UU. despejaría las dudas sobre la Argentina.

Pero esa posibilidad es lejana por la frialdad que existe en la burocracia estable de Washington. La Reserva Federal ya rechazó en octubre pasado un pedido similar de la Argentina y, en contraposición, le concedió swaps a Brasil y México. Ahora Ben Bernanke propicia que cualquier ayuda especial sea canalizada por el Fondo Monetario Internacional, lo que configura una traba política adicional.

La dureza se reflejó esta semana en la aprobación del crédito del Banco Mundial. El tema sólo se destrabó después del encuentro -en abril- entre Cristina Kirchner y el titular del Banco Mundial, Robert Zoellick. Hasta hora la Argentina venía cancelando deuda con el Banco Mundial por cuatro mil millones de dólares y hay en el año en curso vencimientos por mil millones más. El acuerdo permite que este año Argentina sólo le cancele al Banco Mundial la misma cantidad de dólares que le ingresen del préstamo, y esto fortalece las reservas del BCRA.

El convenio fue defendido por el director de los Estados Unidos, Eli Whitney Debevoise, y más fuertemente por el delegado de China, con el apoyo de Brasil, Rusia e India. Pero tuvo la observación de las naciones europeas lideradas por los directores de Alemania e Inglaterra. La directora alemana y la inglesa omitieron hablar en el encuentro, y así manifestaron el desagrado por la decisión.

Al final, los veinticinco directores aprobaron el crédito que había cerrado Zoellick. Pero el staff del Banco Mundial utilizó a un funcionario argentino para difundir un severo cuestionamiento, en el cual incluso se habla de corrupción .

La Presidenta pidió un informe de lo ocurrido al director argentino Alberto Camarassa y se enfureció por la filtración con el secretario de Finanzas Hernán Lorenzino.

Pero en el Ministerio de Economía se culpó a los funcionarios de la Embajada argentina en Estados Unidos por la difusión del informe confidencial contra la Casa Rosada.

Así, la interna volvió a desnudar otra cuestión: la impericia profesional en el cuerpo diplomático y entre los funcionarios argentinos.

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