El Gobierno y los bonistas están más cerca de un acuerdo

Massa negocia con fondos buitres que iniciaron juicios en Nueva York; designan a los bancos
El Ministerio de Economía tendrá listo en los próximos días el decreto para designar a Barclay´s, Deutsche y Citi como los bancos que organizarán el nuevo canje de bonos con los tenedores que no adhirieron al que se llevó adelante en 2005 ( holdouts ).

La operación quedará disimulada tras una ficción consentida: no es que el Estado renuncie a su intransigencia; son los holdouts los que, golpeados por la crisis, realizan una propuesta. El artificio de esta reverse inquiry permite eludir la taxativa ley que, por impulso de Néstor Kirchner, impide abrir cualquier tratativa con los bonistas que no aceptaron aquella propuesta de Roberto Lavagna.

El encargado del trámite es Sergio Massa, secundado por el secretario de Financiamiento, Hernán Lorenzino. Massa se reunió la semana pasada con representantes del fondo Gramercy, cuya filial Gramercy Argentina Opportunity Fund litiga contra la República en el tribunal de Thomas Griesa. Los representantes de Gramercy fueron los primeros en abrir una negociación con el Gobierno, tal como adelantó LA NACION en agosto del año pasado. La tormenta financiera desbarató aquellas tratativas, que se retoman ahora.

En la Jefatura de Gabinete esperan para las próximas horas la visita de otro grupo de bonistas. Pertenecen a los fondos Elliot y Dart, que también litigan contra la Argentina y a los que Griesa ya les asignó US$ 72 millones de los más de 2000 que demandan.

Elliot Associates ganó notoriedad en 2000, al conseguir una sentencia de los tribunales de Londres por la que Perú desembolsó US$ 58 millones por bonos que se habían adquirido en 11 millones. Radicado en las islas Caimán, el Elliot es uno de esos "buitres" por cuya regulación clamó Cristina Kirchner anteayer, durante su discurso ante la Asamblea Legislativa.

Barclay´s -a cargo en este caso del argentino Gustavo Ferraro y del mexicano Carlos Moulión-, Deutsche -a cargo de Marcelo Blanco- y en menor medida Citibank trabajaron hasta ahora para organizar la propuesta sin retribución. Esperan el decreto que los designe organizadores del canje para poder fijar las comisiones habituales. Todo negocio es bueno en estos tiempos para esa industria.

Discusión política

La resolución abrirá una discusión política. Los funcionarios afirman que el Estado no pondrá una moneda por esta reestructuración. Pero la oposición intentará demostrar que los costos correrán por cuenta del emisor de la deuda, como sucede en todos los casos, aunque estén implícitos en el precio de los nuevos bonos. Las condiciones del acuerdo son muy distintas de las imaginadas en agosto pasado. Ya nadie habla de aportar más de US$ 3000 millones en efectivo para incentivar la entrega de los bonos pares o discount que ofrezca el Gobierno.

La reapertura del canje argentino revela, en su escala, las condiciones actuales de la economía internacional. Si el fondo Elliot accede a una negociación extrajudicial es porque la crisis lo ha golpeado de manera brutal.

Lo mismo cabe decir de los Kirchner. Ya no pueden esperar nada de Hugo Chávez desde que pasó una factura bolivariana con intereses del 15% para sus préstamos. Por otra parte, las últimas sentencias de Griesa embargaron grandes sumas al Tesoro y sólo falta que sean transferidas a los acreedores.

Desde el nuevo poder instalado en Washington también se plantean exigencias. Dos íntimos de la canciller Hillary Clinton, como Robert Shapiro y Nancy Soderberg, publicaron en The Wall Street Journal una nota en la que le reclaman a la comisión de control de la Bolsa de Nueva York (SEC) que no admita la emisión de bonos argentinos bajo jurisdicción estadounidense.

Shapiro -ex asesor económico de Bill Clinton- y Soderberg -ex representante del gobierno de Clinton ante la ONU- sugirieron a la SEC que, si admite esa emisión, obligue a que los títulos lleven una leyenda similar a la de los atados de cigarrillos: "Este bono es perjudicial para su salud financiera". Shapiro y Soderberg encabezan la American Task Force Argentina, una organización de bonistas defraudados.

FMI

El panorama, internacional y local, hace pensar en que Néstor Kirchner ya se resignó a buscar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para conseguir un préstamo y, de ese modo, evitar un golpe devaluatorio o un nuevo default. Pero esa presunción es demasiado lineal. Y no porque el esposo de la Presidenta haya jurado que no aceptará dinero del Fondo ni que se lo regalen: enseguida aclaró que hablaba de "este Fondo", no del que, en los papeles o en la retórica, podría redimirse según las sugerencias menos conservadoras del G-20.

Hay mejores señales de la resistencia de Kirchner. Una fue la filípica que le impartió a Massa, hace una semana, cuando el joven funcionario le sugirió negociar un crédito con Dominique Strauss-Kahn. "Siempre fuiste un liberal, parecés Cavallo", dicen que gritaba el ex presidente, frente a quien, en enero, había definido que el kirchnerismo no era progresista sino pragmático.

Pero, como sucede con los gobiernos pragmáticos, tampoco habría que dejarse llevar por estas efusividades santacruceñas. Sin un entendimiento con el Fondo será muy difícil que el Gobierno acceda a la financiación de obra pública que le está solicitando al Banco Mundial y al BID. Es el drama de Pablo Abal Medina, quien negocia en nombre de Julio De Vido. Del éxito de Abal depende que los intendentes del conurbano puedan inaugurar esa escuelita o aquella rotonda prometida por enésima vez.

Ante estas encrucijadas, un experto en el comportamiento de Kirchner explicó así su conducta: "Ya arreglaron los préstamos garantizados, admitieron que el FMI revise las cuentas y, ahora, negociarán con los holdouts . No es que hayan decidido volver al Fondo. Pero, por las dudas, están sacando el pasaporte".

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