El Gobierno apunta a un dólar alto y estabilidad en salarios y empleo

  • Negocia con empresarios y sindicalistas un acuerdo de paz social no escrito
  • Analizan poner trabas a las importaciones desde China
  • Con Brasil no se tomarán decisiones unilaterales
  • El tipo de cambio oscilaría entre 3,30 y 3,40 pesos

El Gobierno confía en limitar el impacto de la crisis global en la Argentina con una propuesta de acuerdo de paz social no escrito con empresarios y sindicalistas. El plan contempla un compromiso para mantener puestos de trabajo, el congelamiento de los reclamos salariales y la garantía de mantener un tipo de cambio competitivo, entre 3,30 y 3,40 pesos por dólar, reveló a LA NACION una alta fuente de la administración kirchnerista.

Además, la presidenta Cristina Kirchner tiene previsto definir, en forma urgente, algún tipo de traba a las importaciones provenientes de China para evitar su impacto en la industria local, mientras se realiza un control, sin respiro y hora por hora, de las fluctuaciones en las importaciones y exportaciones desde y hacia Brasil, confió ayer a La Nacion una fuente oficial vinculada con el comercio exterior.

Para el caso particular de Brasil, el Gobierno dispone de salvaguardias de aplicación automática, herramienta acordada hace tres años junto con el vecino país, pero que hasta ahora no se ha aplicado. Cristina Kirchner no quiere tomar ninguna medida inconsulta que pueda afectar la relación y el Mercosur. "Brasil es nuestro principal socio y vamos a cuidar nuestra relación, pero también vamos a cuidar nuestras empresas", señaló ayer el jefe de Gabinete, Sergio Massa.

En los últimos días se intensificó el diálogo de los principales ministros del Gobierno; del presidente del Banco Central, Martín Redrado, y de la propia Cristina Kirchner con empresarios y sindicalistas, en busca de lo que en los despachos más importantes de la Casa Rosada llaman control de daños de la crisis.

No contempla por ahora la adopción de medidas específicas hacia el interior de la economía, porque -sostienen en la Casa de Gobierno- en un contexto de extrema volatilidad e incertidumbre como el actual todo cambia de un momento a otro y no surtiría efecto. "Las causas de la debacle no están aquí; lo mejor es concentrarse en evitar que el impacto sea grande", dijo a LA NACION una alta fuente oficial. La clave es la gradualidad. "Seremos todo lo ortodoxo que exija el momento y tendremos la mente abierta para aplicar las medidas heterodoxas que se requieran", dijo como un eslogan un miembro del gabinete.

La obsesión presidencial es evitar la destrucción de puestos de trabajo, una disparada del dólar y la pérdida de reservas del Banco Central, que hoy se ubican en torno de los 47.000 millones de dólares (pero la urgencia oficial por contener una escalada en el precio del dólar le provoca una sangría diaria a las arcas estatales).

La frase más escuchada en las últimas horas es flotación administrada del tipo de cambio. Es la orden de Cristina Kirchner. En ese contexto, el Gobierno no descarta ordenarle al Banco Central que deje de intervenir un día para dejarlo subir hasta el techo que consideren manejable y, de golpe, volcar al mercado millones de dólares para hacerlo retroceder bruscamente.

Para la Casa Rosada sería razonable una fluctuación del dólar entre 3,35 y 3,40 pesos, porque consideran que es el nivel que exige la devaluación de Brasil y el equilibrio para que no haya presión sobre la inflación. Por las dudas, los números de Brasil se miran minuto a minuto. Y la Presidenta quiere que el Mercosur se reúna cuanto antes para tratar la crisis. Ayer, según fuentes oficiales, conversó del tema con su colega Luiz Inacio Lula Da Silva, pero el Gobierno no hizo comentarios sobre el contenido de la charla.

El Gobierno admite que por la crisis se ha visto obligado a frenar el gasto público para poder cumplir con la pauta de superávit fiscal de 3,28 % del PBI para este año que le permita cubrir los compromisos de pago de la deuda. Por esa razón, el ritmo del gasto de aquí en adelante será lento y dependerá fundamentalmente de la evolución de la balanza comercial, ya que lo que ha sostenido hasta ahora el uso de los excedentes de los fondos públicos fueron los ingresos extraordinarios por las exportaciones de commodities (soja principalmente), cuyos precios se desplomaron al ritmo de la crisis.

Desde que el derrumbe financiero mundial entró en una dinámica de vértigo en las últimas dos semanas, el diálogo con los empresarios y sindicalistas se intensificó hasta llegar a ser prácticamente diario. Nunca hubo tantas reuniones con ambos sectores por separado o en conjunto en la era kirchnerista como en los últimos días, reconoció un miembro del gabinete.

"La situación internacional va a permitir que los diferentes sectores de la economía acompañen con responsabilidad este momento", dijo Massa a LA NACION. Massa y los ministros de Planificación, Julio De Vido; y de Economía, Carlos Fernández, además de Cristina Kirchner, han sido interlocutores del diálogo permanente con los jefes de la Unión Industrial Argentina (UIA), Juan Carlos Lascurain; de la asociación de Bancos (Adeba), Jorge Brito, y los empresarios de la selecta mesa de la Asoción Empresaria Argentina (AEA), que preside Luis Pagani (Arcor) e integran Paolo Rocca (Techint), Viktor Klima (Volkswagen) y Alfredo Coto (Coto), entre otros.

Massa, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y su colega de Interior, Florencio Randazzo, han dialogado en forma permanente con el líder de la CGT, Hugo Moyano. Diez días atrás, fue Néstor Kirchner el encargado de ablandar a Moyano. Las suspensiones de personal en la industria automotriz en Córdoba provocan inquietud en el Gobierno porque, aunque temporarias, son las secuelas económicas y sociales de las que habló la Presidenta. Por eso, Cristina Kirchner aspira a evitar la pérdida de puestos de trabajo con un entendimiento amplio con todos los actores.

Según un ministro con despacho en Balcarce 50, el diálogo abierto con empresarios y sindicalistas se puede sintetizar en tres objetivos: "Mantener el nivel de actividad, mantener nuestras empresas, mantener los puestos de trabajo". En este contexto, Tomada llamó al gremialista Rodolfo Daer para felicitar a la CGT por la "responsabilidad" exhibida el jueves pasado en la reunión del consejo directivo en la que aceptaron congelar los reclamos salariales. Ese es, para el Gobierno, el aporte sindical a la paz social que persigue en medio de las turbulencias. Y la traducción: suspender el reclamo de un pago adicional de 500 pesos para los trabajadores en relación de dependencia y no pedir la apertura de las paritarias para exigir un reajuste salarial.

Ayer, cuando caía la tarde en Buenos Aires y Cristina Kirchner estaba en su residencia en El Calafate, se tenía la impresión en la Casa Rosada de que la crisis está alcanzando su punto máximo y que a partir de ahora se producirá un ajuste brutal de precios en la economía mundial, para lo cual la Argentina debe estar preparada. Tanto, como para no descartar una baja en las retenciones a la soja si su precio continuara cayendo, un tema tabú hasta ahora en el léxico kirchnerista.

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