El Gobierno apuesta a reactivar el consumo con una suba del gasto

Por: Daniel Fernández Canedo

Los jubilados que ganan la mínima recibirán $ 350 pesos de compensación a fin de año. Esa decisión tendrá un costo de $ 1.793 millones para el Estado.

A partir del 1° de diciembre, los trabajadores en negro cobrarán $ 180 por hijo menor de 18 años. Para el Tesoro implicará un desembolso de $ 6.000 millones al año.

Esas dos medidas, que son un paso importante frente a las necesidades sociales, forman parte de los cambios en materia de política económica que está poniendo en marcha el Gobierno y que tienen dos caras claramente diferenciadas.

Una es la de intentar un blindaje por el lado de la recaudación y los ingresos. La otra, expandir el gasto público todo lo que se pueda para incentivar el consumo.

Del lado del blindaje, el Gobierno logró ayer la prórroga por dos años, y no uno como era habitual, de la Emergencia Económica.

En otras palabras, consiguió mantener un poder para fijar tarifas, subsidios y cambios en las partidas presupuestarias con alto grado de arbitrariedad hasta 2011.

El tema no es menor a partir de que el Gobierno va dejando atrás su postulado de tener un superávit fiscal robusto y "vivir con lo nuestro", para pasar a aprovechar las ventajas de un mundo que tiene exceso de liquidez del cual podrá conseguir crédito.

En la agenda de Kirchner, en tanto, no figura la posibilidad del moderar el aumento del gasto público.

Este año podría marcar otro récord al aumentar más de 30% a pesar de la baja de la recaudación y nada indica que en este tema las cosas vayan a cambiar mucho.

Seguramente la recaudación impositiva mejorará por el ingreso de las retenciones a la soja si se cumplen los pronósticos de una buena cosecha, pero eso recién se notaría en abril del año próximo.

Hasta tanto, la apuesta oficial por el lado de los ingresos pasará por volver a conseguir crédito en el mercado internacional.

Los planetas financieros se están alineando para eso y el ministro de Economía, Amado Boudou, prevé hacer el canje con los bonistas en enero y así abrir la puerta para colocar bonos por una cifra que giraría entre 1.000 y 2.000 millones de dólares.

La tasa de interés en EE. UU. es cercana a cero y un bono argentino que ofrezca 10% o más tendría un fuerte atractivo para los inversores que operan a nivel mundial.

¿Y eso se podrá dar sin un acuerdo con el FMI que actúe como garantía de que la Argentina resulta más confiable para los mercados?. Probablemente sí; la superliquidez mundial está bañando lo mercados y la Argentina se puede beneficiar.

El cambio de las condiciones financieras de los últimos tiempos lo refleja bien la suba de los bonos argentinos.

El bono atado al crecimiento triplicó su precios desde abril hasta ahora. De 3 centavos de dólar pasó a 9 centavos y sigue escalando.

La escalada de los títulos públicos es otro indicador de que se acerca el momento de que el Gobierno estaría en condiciones de volver a colocar deuda, una posibilidad vedada desde 2001 y denostada por el Gobierno en otros tiempos.

Otro indicador de que la reactivación está más cerca es que el Banco Central sigue comprando dólares.

Entre octubre y noviembre lleva comprados 2.500 millones de dólares dejando atrás el proceso de fuga de divisas y evitando una baja del dólar que ahora los economistas lo creen "clavado" en torno de 3,80 pesos por varias semanas.

Con dólar quieto, entrada de divisas, aumento de depósitos en los bancos y sin el fantasma del default, la economía está para recuperarse.

Incluso, los economistas están actualizando la magnitud de la reactivación de 2010 llegando a ubicarla, en algunos casos, encima de 4%.

El Gobierno se lanza a expandir el mercado interno dándole posibilidades de gasto a sectores de la población que destinan todo su ingreso a consumir.

La apuesta está definida y una mayor inflación aparece como posible consecuencia.

Ese riesgo pesa poco en este momento para un Gobierno que le imprime un ritmo vertiginoso a casi todo y que aparece muy necesitado de fogonear la economía para intentar recuperar el terreno perdido en la política.

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