"El gobierno apuesta por la guerra"

Después de varias liberaciones unilaterales, la senadora apuesta por el intercambio humanitario y cree que no es posible derrotar a la guerrilla por la vía militar. Dice que Uribe perdió apoyo y que la derecha no tiene otro candidato.
Mira con unos ojos tan grandes como desafiantes. Su cuerpo es todo curvas dentro de un ceñido trajecito. Acaba de dar una ponencia sobre derechos de la mujer en Colombia en el Palacio San Martín y parece que no logró hacer un acuerdo con el tiempo, la apremia. Con tono suave, la senadora opositora Piedad Córdoba repite dos palabras clave durante este reportaje: intercambio humanitario. Ella misma, que fue víctima de un secuestro de los paramilitares, es crucial en las negociaciones entre la principal guerrilla de su país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Alvaro Uribe.

–¿En qué momento se está de las negociaciones?

–Estamos esperando la tercera carta de Cano (número uno de las FARC) en la que establezca las condiciones de tiempo y lugar de un intercambio humanitario entre el gobierno y la guerrilla.

–¿Existe una predisposición diferente de las FARC?

–Yo creo que sí. Lo demuestra con las últimas seis liberaciones de rehenes. El problema es que el gobierno ha privilegiado la política de seguridad democrática y eso dificulta las negociaciones.

–¿Qué le pide a la comunidad internacional?

–El apoyo para que obliguen a las FARC a avanzar en el intercambio humanitario y para que comience una solución política y negociada del conflicto.

–¿Qué habló con Cristina Fernández?

–La Presidenta está pendiente de lo que pasa en Colombia. Le pedí que siga apoyando el intercambio y que la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) sea un espacio para que se pueda dar la negociación del mismo. Además, que la región esté atenta a las pretensiones de Uribe de violar el espacio territorial con el argumento de perseguir a la guerrilla.

–¿Cree que puede haber más liberaciones unilaterales por parte del grupo rebelde?

–Las liberaciones cada vez me emocionan menos porque son muy difíciles, riesgosas y complejas. Por lo tanto, es más importante el intercambio.

–¿Las FARC están diezmadas?

–Se han dado golpes importantes. No pueden estar tan diezmadas cuando hace unos días mataron a 20 soldados. Yo creo que ni la guerrilla le gana al ejército ni el ejército a la guerrilla.

–Tras la liberación de Ingrid Betancourt pareciera que la causa de los rehenes perdió interés para el gobierno, ¿es así?

–El gobierno privilegia la salida por la guerra y no por la negociación, ha reforzado las operaciones militares, no está comprometido en la salida del conflicto. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, está en campaña permanente y quiere algún hecho que lo catapulte en la presidencia.

–Recientemente el vicepresidente Francisco Santos habló en contra del Plan Colombia. Existe una escisión en el uribismo?

–Es un gobierno que ya es bastante conocido. Pero lo más preocupante para Uribe es que su posibilidad de reelección cayó estrepitosamente 28 puntos. Y también hay que ver que la administración Obama está recortando los fondos del Plan Colombia y pidiendo que se esclarezcan las causas de derechos humanos para seguir contribuyendo. Si Uribe no es el candidato, estoy segura de que no se les va a hacer fácil ganar.

–En el último congreso, la izquierda del Polo Democrático Alternativo no logró un candidato de consenso...

–(interrumpe) No, no, esa candidatura está en proceso.

–Con su popularidad, ¿piensa en ser candidata para las elecciones de 2010?

–No. Yo estoy en el intercambio humanitario más que todo. Es lo fundamental.

–El fenómeno de los desplazados está acallado en Colombia, ¿qué piensa?

–Son cuatro millones y medio de desplazados, 35 mil desaparecidos, masacres de Estado, detenciones masivas y arbitrarias y, sobre todo, hostigamiento a la Justicia.

–¿Se pudo avanzar en los procesos de la "parapolítica"?

–Está estancado porque se extraditaron 16 jefes paramilitares que podían dar testimonio sobre los vínculos con el gobierno.

–Hasta dónde ha alcanzado el escándalo por las escuchas ilegales a políticos –incluida usted– de parte de los servicios de inteligencia?

–Es la desinstitucionalización del país. Una de las consecuencias de esto será que el gobierno use la información que recabó de todos los políticos para mandar un mensaje al país de que nosotros somos terroristas, malhechores o delincuentes. Seguramente sucederá cuando nos acerquemos a los comicios.

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