El Gobierno analiza modificar el decreto para evitar embargos de fondos buitres

El Gobierno analiza modificar el decreto para evitar embargos de fondos buitres
La tropa K en el Banco Central se niega a implementar el programa tal como está. En la Rosada temen que se agrave la convulsión política si los acreedores capturan las reservas. Ya dan por desplazado a Redrado.
Aunque dan por hecho que Martín Redrado tiene las horas contadas en el Banco Central, los Kirchner admiten en privado que deberán rever su estrategia para pagar deuda pública con reservas. En medio de la peor crisis política que atraviesa desde el revés electoral del año pasado, el Gobierno evalúa no girar en lo inmediato los u$s 6.569 millones de la discordia a la recién creada cuenta del Fondo del Bicentenario. Según revelaron a este diario fuentes del oficialismo, es para evitar que los fondos buitres que litigan contra el país por el default de 2001 embarguen el total o una parte de esa suma, tal como advirtió Redrado al oponerse a la operación. Un picotazo de los buitres, analizan en el Gobierno, sería un golpe político muy duro. Por eso piensan en cambios.

Los directores K del Central, encabezados por el vicepresidente Miguel Pesce, estudian varias alternativas para que la movida no se interprete como una marcha atrás del Gobierno. Pero su principal preocupación es impedir que se cumpla el vaticinio más oscuro del todavía jefe del BCRA, que agudizaría la crisis en la cima del poder y catapultaría inmediatamente al economista como referente estrella del heterogéneo arco político opositor.

Al margen de las derivaciones que pueda tener la pulseada con la oposición en el Congreso y en los tribunales, el matrimonio Kirchner y su mesa chica procuran definir por estas horas la ingeniería financiera que deberán poner en marcha para cubrir los vencimientos del año echando mano a las reservas. Según las fuentes consultadas por Crítica de la Argentina tanto en el Central como en el Ministerio de Economía y en el ala política, la opción más firme es la de esperar a que se produzcan los vencimientos y recién entonces girar el dinero.

El obstáculo técnico para concretar ese plan es una decisión apresurada que tomó dos días antes de Nochebuena el ministro Amado Boudou: la emisión de una Letra única e intransferible por u$s 6.569 millones para entregarle al Central a cambio de las reservas. Si el giro se hiciera gradualmente y a través de los mecanismos necesarios para evitar el embargo, esa resolución (la 419/09) debería anularse. El dinero seguiría por ahora en el Banco Internacional de Pagos de Basilea, donde están depositadas las reservas, lejos de las demandas de los temibles buitres.

¿Blejer o Pesce?. Pesce, el radical K que volvería a pilotear el Central no bien el Ejecutivo cumpla con su palabra de remover a Redrado (ya sea por la vía judicial o por la vía de un nuevo decreto apenas se expida la Bicameral) es quien coordina el debate entre los directores alineados con la Casa Rosada. Aunque el matrimonio Kirchner y Boudou insisten con que el ortodoxo Mario Blejer será el próximo jefe de la autoridad monetaria, Pesce parece cada vez más cerca de hacerse cargo de una suerte de interinato hasta fines de septiembre, cuando vence el mandato original de Redrado.

Junto a los otros cinco directores que responden al Gobierno, Pesce le cuestiona a Redrado su falta de "creatividad" para instrumentar el Fondo del Bicentenario, que según ellos podría haber motorizado aun cuando considerara que el Gobierno se equivocaba con la decisión. Los técnicos de carrera del Central estiman que por la cosecha récord que espera el campo, las exportaciones permitirán recuperar en 2010 unos u$s 7 mil millones para las arcas de la calle Reconquista. Y que la sangría prevista no es tan grave como para afectar la estabilidad del peso.

Blejer regresará hoy al país tras unas vacaciones en Suiza, donde lo sorprendió la crisis en el ente que comandó durante cinco meses en la época de Eduardo Duhalde. El escenario para que tome nuevamente sus riendas no es el mejor, pero aún resta ver si tiene margen político para decirles que no a los Kirchner. Desde que asumió Boudou, seis meses atrás, quien fuera funcionario del Fondo Monetario durante 20 años se convirtió en un interlocutor privilegiado del matrimonio presidencial a la hora de definir la política económica. Incluso se lo sindica como uno de los "autores intelectuales" del Fondo del Bicentenario.

Intrigas en el Palacio. Según fuentes del Central, Boudou conocía los riesgos del mecanismo de garantía que anunció el 14 de diciembre para "despejar toda duda" de los acreedores sobre el pago de los vencimientos. Se los advirtió en privado una abogada del estudio neoyorquino que asesora al Gobierno en los juicios de los fondos buitres, el bufete Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton. Claro que en aquel momento nadie suponía que Redrado se rebelaría. Por eso en Economía creían que tendrían margen para esquivar los embargos en acuerdo con el "ex presidente" del Central, como aludió ayer Néstor Kirchner a Redrado, en un acto en Santa Teresita.

El dato explica por qué algunos de los directores K del Central empezaron a mirar cada vez con mayor recelo a Boudou y a Sergio Chodos, el único en ese cuerpo que responde incondicionalmente al ministro. Los más incómodos son Gabriela Ciganotto, Carlos Sánchez y Arnaldo Bocco. También el síndico Hugo Álvarez.

La inquina de ese grupo contra Chodos no sólo responde a los riesgos de embargo y de consecuente debilitamiento del Gobierno. También a cómo se manejó internamente con los técnicos de carrera durante la semana que pasó. Temen que ese desprecio por "la línea" termine por agravar la situación. Saben que necesitan a expertos no políticos como Pedro Rabassa, uno de los gerentes de más peso específico, quien ideó la ingeniería financiera para pagarle al Fondo Monetario con reservas en 2006, sin que los buitres lograran embargar la plata.

DOLAR Y TASAS EN PILOTO AUTOMÁTICO. El ministro de Economía, Amado Boudou, pretende limpiar la línea de funcionarios del Banco Central de hombres leales a Martín Redrado. Pero a la vez depende de ellos para garantizarse que las turbulencias en la autoridad monetaria no impacten sobre la cotización del dólar ni las tasas de interés. Es porque los técnicos de carrera están a cargo de las intervenciones en el mercado cambiario y de las operaciones entre bancos que definen las tasas al público. Por eso funcionan como una suerte de "piloto automático" que nadie en la quinta de Olivos quisiera descomponer.

La pelea con Redrado no disparó grandes corridas financieras como advertían algunos opositores y como deslizaron economistas como Claudio Loser (ex FMI), pero sí devolvió el impulso que había perdido la demanda de los ahorristas más chicos, que volvieron a abarrotar algunas casas de cambio de la City. Igual, gracias al piloto automático (que salió a vender u$s 100 millones el jueves), el dólar no subió sino que bajó un centavo, a $ 3,82 para la venta minorista.

EL MISMO QUE LO SALVÓ AHORA LO ODIA. Hace casi seis años, cuando fue designado en el Central, el kirchnerismo le tiró un salvavidas a Martín Redrado. Fue cuando jugó a su favor, en 2004. Redrado estaba acusado en una causa por cobrar sobresueldos en la Comisión Nacional de Valores, en los ’90. Con los votos de los kirchneristas de la comisión de acuerdos del Senado, el funcionario fue exculpado. Un año más tarde, la misma causa recayó en la Oficina Anticorrupción. El ARI pidió su destitución. Los cinco legisladores oficialistas que integraban la bicameral que debía enjuiciarlo, entre ellos Daniel Scioli, desestimó la denuncia. Finalmente fue el juez Norberto Oyarbide el que actuó. El magistrado cerró la causa.

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