El Gobierno aísla cada vez más al país del mundo.

Por: Joaquín Morales Solá.

Obama no llama. La Argentina de los Kirchner no figura entre sus prioridades latinoamericanas. La visita que Cristina Kirchner está haciendo a Madrid tendrá todo el boato de un matrimonio sin amor. Macerado en el inclemente clima de la Patagonia, el matrimonio presidencial ha optado, ante las primeras desventuras de su vida política, por el encierro y el aislamiento, dentro y fuera del país.

La Argentina está, en efecto, tan aislada como pocas veces estuvo desde la restauración democrática, aunque esta vez por la acción del propio gobierno argentino.

Tres veces Cristina Kirchner quiso postergar la actual visita de Estado a Madrid, que ya había sido suspendida dos veces. Sólo una advertencia desesperada del embajador argentino en España, Carlos Bettini, pudo resucitar el viaje. No habrá otra visita a Madrid si ésta se posterga, anunció. Los españoles se limitaron a una respuesta obvia: la decisión es de los argentinos.

¿Por qué la Presidenta, tan predispuesta antes a codearse con reyes y líderes extranjeros, era tan renuente a este viaje? Dicen algunos que su marido le insistió en la observación de que sería maltratada en Madrid por empresarios, periodistas y gobierno. Otros agregan que fue la propia Cristina la que intuyó un clima adverso, frío y distante por parte de los españoles. Fue uno de los viajes más difíciles de preparar y de concretar, aceptó una alta fuente diplomática argentina. Argentinos y españoles coinciden en describir el actual estado de la relación bilateral como el de más baja intensidad en los últimos años . ¿Más baja que cuándo? Más baja que cuando estaba muy baja, en medio de la gran crisis, porque entonces había esperanzas para el momento de la recuperación argentina; ahora, no , dijeron en Madrid y en Buenos Aires.

Ni siquiera agregó mejores condiciones la reciente y satelital suba en el precio de los servicios públicos. En Madrid no se confunden. Esa suba estuvo espoleada por la imposibilidad de los Kirchner de seguir distribuyendo casi 10.000 millones de dólares anuales, como sucedió en 2008, para subsidiar los servicios públicos. No fue una concesión a las innumerables gestiones del gobierno español sobre la situación de sus empresas en la Argentina, que siempre recibieron buenas promesas de los Kirchner, todas incumplidas.

Los últimos tiempos fueron peores aún: la reciente estatización de las AFJP sacudió fuertemente al sistema financiero español. El gobierno de Madrid nunca recibió ningún anticipo de esa decisión. No hablan, no dialogan, se quejaron siempre los españoles. El caso más largo, corrosivo y contradictorio fue el de Aerolíneas Argentinas, propiedad de dos líderes de la corporación empresaria española. Cristina Kirchner no se verá con la central empresaria hispana, porque su presidente, Gerardo Díaz Ferrán, es uno de los dueños de la compañía aérea. El gobierno argentino eliminó a última hora un día de la visita de Cristina Kirchner sin dar muchas explicaciones en Madrid, aunque allí provocó un descomunal problema de agendas y programas. Tampoco en Buenos Aires se conocen las razones.

Sólo la insistencia del presidente del Congreso español, José Bono, posibilitó que la presidenta argentina pueda hablar ante el pleno de los legisladores hispanos, como lo hicieron los principales presidentes latinoamericanos. Funcionarios argentinos habían insinuado que preferían un discurso de Cristina ante la comisión de Relaciones Exteriores. Bono les recordó que Lula, el mexicano Felipe Calderón y Michelle Bachelet habían hablado en el estrado del mayor recinto parlamentario de España. Cristina sospecha que en ese ámbito no tiene muchos amigos. Quizá no se equivoca. Pero no habrá desplantes ni réplicas a una presidenta en visita de Estado.

A Cristina la rodeará la fastuosidad de una visita de esa jerarquía a un país gobernado por una monarquía constitucional. Pero carecerá del contenido político y afectivo que tuvo la de Calderón, considerada en Madrid como un modelo de relación con América latina. De hecho, gran parte de la inversión española de los últimos años se fue a México.

En el caso de Cristina, sólo el esplendor disimulará el mal humor. El rey y el gobierno se ocuparon personalmente de buscarle una solución acordada y razonable al caso Aerolíneas Argentinas. El rey Juan Carlos tiene relación frecuente con los líderes empresarios directamente afectados por ese conflicto. No hubo caso.

La impresión generalizada entre los españoles es que la empresa Marsans, propietaria de Aerolíneas Argentina, fue victima de un juego de pinzas: sufrió el boicot de los gremios aeronáuticos protegidos por el Gobierno, mientras el Gobierno le negaba a la empresa las condiciones económicas para hacer viable sus negocios. El proceso terminó en una dura expropiación, que se ha concretado con muy malos modos.

No obstante, un acuerdo es probable ahora entre el Gobierno y Marsans, aunque todavía no está cerrado ni su conclusión es segura. Pero será, en todo caso, el acuerdo entre dos desesperados: el Gobierno necesita aviones nuevos para una compañía aérea con aviones viejos, y Marsans necesita sacarse de encima más de treinta aviones que compró para una compañía que ya no tiene. Punto. No habrá brindis por eso. Los españoles sólo han menguado la pérdida. Nada más.

La peor noticia que tuvo el gobierno español fue cuando los Kirchner decidieron incumplir un contrato con Marsans y, encima, enviaron un proyecto al Parlamento para reconstruir la mayoría legislativa pérdida durante el conflicto con el campo. Una cuestión de política exterior convertida en política interna.

Funcionarios argentinos se desesperan preguntando por qué Cristina Kirchner no figuró entre los interlocutores latinoamericanos del presidente Obama luego de la asunción de éste. ¿Acaso fueron líderes dóciles los presidentes a los que sí llamó? Obama habló con Lula, Calderón, Bachellet y el colombiano Alvaro Uribe. México y Chile son los dos países de América latina que mejor se opusieron a la invasión de Irak. Vetaron desde el Consejo de Seguridad, que integraban en ese momento, el aval de las Naciones Unidas al despliegue militar.

Brasil es el país que lideró decididamente la oposición latinoamericana al ALCA que quería Washington, y desarrolló también una intensa gestión diplomática contra la invasión a Irak. No fueron dóciles, pero fueron prudentes: hicieron actos eficaces en los lugares oportunos y callaron dentro de sus países.

Néstor Kirchner es el ejemplo contrario. Usó la impopularidad y los errores de Bush para hacer política interna desde tribunas innecesarias, llevando otra vez sus necesidades locales a la política exterior. Nunca hizo un gesto concreto y efectivo contra el estado del mundo que maldecía. Atacar a Bush era muy redituable , aceptó ahora un alto funcionario argentino.

El problema de los Kirchner es que en Washington existe un Estado con memoria histórica y que Obama no es kirchnerista ni peronista: es, al revés, una expresión cabal del establishment político norteamericano.

La llegada de Obama a la Casa Blanca ha significado muchos cambios políticos y sociales, pero no cambiará el sistema político ni los mecanismos del Estado. El sistema político de Washington no ha olvidado la cumbre americana y la contracumbre de Mar del Plata, las dos financiadas por el gobierno local, ni el severo hostigamiento de Kirchner a un presidente de los Estados Unidos. Tampoco olvidó el estadio cedido a Hugo Chávez para despotricar desde Buenos Aires contra un presidente norteamericano que se encontraba en Montevideo. Washington pidió entonces que se postergara dos días ese acto, hasta que Bush abandonara Uruguay. El pedido fue rechazado por el gobierno argentino. Bush es y ha sido impopular, pero era el presidente de la mayor potencia mundial que existe.

El precedente del maltrato no pasará inadvertido para los dirigentes norteamericanos de cualquier extracción. La propia Cristina Kirchner cuestionó el sistema jurídico y político nor-teamericano cuando Antonini Wilson destapó en Miami las vergüenzas de argentinos y venezolanos.

Obama, enfrascado ahora en apagar varios fuegos dentro y fuera de su país, hablará con Cristina. No se sabe cuándo y tampoco se sabe si hablará antes con otros presidentes latinoamericanos. Cristina le manda mensajes públicos de cercanía todos los días, pero sería conveniente que se olvidara ya del color de la piel de Obama, tema recurrente en sus discursos de seducción. Obama es ahora el presidente de los Estados Unidos.

La Argentina tiene, sin duda, otras formas de relación con Washington más allá de una conversación telefónica. Sin embargo, los silencios y las comparaciones también forman parte de la política exterior.

Los Estados Unidos siguen siendo la nación más relevante del mundo. España ha sido el país del Hemisferio Norte más cercano a la Argentina durante las últimas décadas. Las cosas están como están con ellos. Sólo con Chávez y con el ecuatoriano Rafael Correa parece haber corrientes cálidas desde la Argentina de los Kirchner. ¿Se puede estar más aislado en este mundo?

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