Un gobierno acorralado

Por Martín Dinatale

Hay una postal inconfundible, y es la de un gobierno acorralado por la realidad. El llamado al diálogo con la oposición, el sindicalismo y los empresarios no hizo más que desnudar una situación de hecho que vive la Presidenta desde la derrota electoral: ya no le queda mucho margen para manejar a su gusto la economía, como tampoco tiene suficiente espacio para hacer promesas que después no cumplirá.

El tiempo se les acortó más rápido de lo pensado a los Kirchner y no les quedó otro camino que convocar al diálogo. Pero ¿cambió verdaderamente el matrimonio presidencial en su estilo de hacer política? "Nadie cambia de un día para el otro: simplemente, sabían que tenían una enfermedad grave y ahora sólo anuncian que la tratarán", graficó con suma crudeza un hombre que supo compartir la cima del poder kirchnerista.

Los márgenes en los que la Presidenta se sentó a dialogar son tan estrechos en lo económico como en lo político.

El Gobierno tiene para el año próximo una abultada lista de pagos de intereses de la deuda y más de un ministro se mostró preocupado por una posible baja de la recaudación. Se fugan en promedio 2000 millones de dólares mensuales. El último Barómetro de Deuda Social que hizo la UCA mencionó que la pobreza e indigencia llegó al 39%. Según el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas el "panorama monetario se muestra en un delicado equilibrio". Además, dice que "hay una virtual desaparición del superávit a nivel nacional en un contexto de fuerte aumento del gasto". Es decir, que cualquier negociación por una baja de las retenciones del agro o por el presupuesto 2010 deberá estar atada a una reingeniería fiscal para que la Casa Rosada se asegure el mismo reembolso.

Desde lo político, el diálogo surge con desconfianzas y cautela de parte de la oposición. Hubo gestos del Gobierno para abrir una agenda de temas para consensuar en el Congreso. Esto es la limitación de los superpoderes, cambios en la ley del cheque y en las retenciones. Ninguno de los opositores que estuvieron en la Casa Rosada está plenamente confiado en que los Kirchner vayan a cumplir todo lo expuesto pero a la vez tienen una misma certeza. "Si el diálogo sólo fue para la foto, la jugada será corta y se gastará el mecanismo de diálogo como forma de legitimar un poder debilitado", sintetizó el jefe de la UCR Gerardo Morales.

En el peronismo, los márgenes también se achican para los Kirchner. Los máximos operadores del PJ en el Congreso y la liga de gobernadores acompañarán un proceso de diálogo, siempre que no haya compromisos quebrantados. "Aseguraremos gobernabilidad a la Presidenta, pero ya no podemos jugar a forzar más escenarios de choque o proyectos que vayan en contra de la ley de la gravedad", dijo en las últimas horas un referente parlamentario. En otras palabras, esto significa que el único camino que quede ante posturas inflexibles será el de una derrota legislativa.

La oposición, con excepción de Carrió, le puso una cuota de racionalidad a la política al asistir a la Casa Rosada. Nadie espera ni quiere otro escenario de abismo como ocurrió en 2001. Hoy se cumple un año de la noche en que los Kirchner perdieron su pelea contra el campo en el Senado, y el diálogo que esta semana se inició no deja muchos resquicios para otra derrota de la Casa Rosada.

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