Gobernar es también integrar

Por: Ginés González García

EX MINISTRO DE SALUD, EMBAJADOR ARGENTINO EN CHILE

En un mecanismo inédito de coordinación, se reúnen por segunda vez mañana, en Buenos Aires, los gabinetes de las presidentas de Argentina y Chile. Es una muestra del vínculo intenso y productivo entre los gobiernos y sus sociedades.

Mañana jueves se reunirán en Buenos Aires los ministros de los gabinetes de las presidentas Bachelet y Fernández de Kirchner. Se trata de la segunda edición de un mecanismo regular de coordinación, de cuya primera edición participé como ministro en Santiago en 2007.

Presididos por los cancilleres Taiana y Fernández, los titulares de las carteras de Interior, Justicia, Planificación Federal, Obras Públicas, Cultura Medio Ambiente, Minería, Trabajo, Educación y Salud abordarán una extensa agenda, que va desde la articulación de medidas para evitar la extinción de especies protegidas o el combate de incendios forestales hasta la lucha conjunta contra los delitos trasnacionales y la realización de obras de infraestructura en los pasos más importantes de la hermosa cordillera que nos une.

Se trata de un mecanismo inédito, que refleja la relación entre dos pueblos, en las puertas del Bicentenario, que han sabido construir un vínculo que bien puede ser un modelo de relacionamiento para la región. La relación con Chile es una de las más amplias y ricas dentro del universo de relaciones que la Argentina mantiene con otros países y son varias las áreas en las que nuestras formas de relacionamiento se ubican a la vanguardia en el concierto internacional.

En el campo de la minería, Argentina y Chile acordaron un tratado que es único en el mundo, y cuyos primeros y más importantes frutos se empezarán a ver con el Proyecto Pascua Lama, que generará inversiones por más de tres mil millones de dólares. Muy probablemente este proyecto, que cambiará sensiblemente la fisonomía económica de las provincias de San Juan y la Región de Coquimbo y el bienestar de sus habitantes, será acompañado por el ambicioso plan para construir el Túnel de Agua Negra. Juntas, estas dos iniciativas transformarán radicalmente el perfil de esas economías regionales. Será la más cabal demostración de lo que la política exterior y la integración pueden hacer por el desarrollo a nivel local y regional.

En el campo de la defensa y las relaciones exteriores, la coordinación y el trabajo conjunto de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestra diplomacia es una realidad que ha dejado de ser novedad y se ha derramado sobre las otras áreas del gobierno y la gestión pública. La nutrida reunión de ministros de esta semana es fiel testimonio de ello. Pero la relación bilateral no se desarrolla sólo a nivel nacional: más de la mitad de las provincias argentinas se relacionan anualmente con las regiones chilenas en siete Comités de Integración.

Se trata de foros multidisciplinarios en los que gobierno y sociedad civil, capitales y regiones, discuten ampliamente sobre una variedad de temas que les conciernen. Y es en las provincias y regiones donde reside el mayor de los desafíos pendientes entre argentinos y chilenos: el trasladar al terreno los formidables avances de la "alta política", logrando que el tránsito de nuestros ciudadanos y de nuestro comercio (fundamentalmente por tierra) fluya sin inútiles contratiempos.

Con dicho fin, casi 300 millones de dólares invertirán ambos países en los próximos dos años para mejorar los accesos en 13 pasos fronterizos priorizados. Hasta ahora, el corredor principal entre Argentina y Chile ha tenido como eje el Complejo Cristo Redentor.

Sin embargo, junto con el Túnel de Agua Negra, la finalización de la pavimentación total del Paso Pehuenche, prevista para el año 2010, permitirá potenciar un nuevo corredor a lo largo de la ruta nacional 188, que en sus más de 800 kilómetros vincula a cuatro importantes provincias argentinas.

El nuevo paso afianzará el vínculo con la Sexta Región de Chile, una de las regiones más pujantes, fuerte en producción de frutas, vinos y semillas para siembra.

De esta manera, empezará a corporizarse la posibilidad de dar vida a una nueva macro región que conjugue lo mejor del potencial agroindustrial de la Argentina y Chile.

Mientras tanto, empresarios de ambos países perseveran con audacia y determinación en la idea de un túnel ferroviario de baja altura para poner el turismo, el comercio y el transporte al abrigo de las inclemencias del duro invierno cordillerano. No se trata de una simple quimera, si piensa con inteligencia en el fabuloso nicho de oportunidades que promete a la Argentina, Chile y el resto del Cono Sur el impresionante horizonte de crecimiento de la próspera cuenca del Pacífico.

Estos proyectos, que serán realidades, y estas realidades, que fueron proyectos, permiten imaginar ejes definidos de desarrollo económico regional, estructurados en Jama, Agua Negra, el Cristo Redentor, Pehuenche y Samoré entre los principales, alrededor de espacios de conectividad bioceánica que permitirán consolidar la prosperidad en una región que hace ya tiempo conquistó la estabilidad.

Pero no se trata sólo de un acercamiento entre políticos y gobiernos. Las sociedades a uno y otro lado de la cordillera hace tiempo que caminan juntas.

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