El gobernador Jaque versus los "vices" Cobos y Racconto

Frente al vacío que Jaque está dejando en la relación de Mendoza con la Nación, tanto su Vicegobernador como el Vicepresidente, lo están golpeando donde duele.

Por su conformación institucional poco propensa al caudillismo, su ubicación geográfica lejana del puerto y la moderación política de sus elites alejadas de todo extremismo, Mendoza no es una provincia dispuesta a un enfrentamiento frontal ni tampoco a un acatamiento acrítico al Gobierno nacional.

En estos días donde tímidamente renacen los debates federalistas frente al agotamiento de los recursos propios y las exigencias de sumisión por parte de la Nación, el Gobierno local debe demostrar si tiene carácter y personalidad, o si carece de ambos.

Casi todos los críticos de las actitudes "nacionales" de Jaque rememoran la figura del primer gobernador de la democracia, Santiago Llaver, como referente para el momento actual. Es que su decisión de tomar Los Nihuiles en rechazo a la política seguida hacia Mendoza por el entonces presidente Raúl Alfonsín, ha quedado en la memoria colectiva de los mendocinos.

Lo que se celebra de Llaver es que siendo un político de amistad personal y de suma afinidad ideológica con Alfonsín, en una ocasión supo enfrentar a su amigo y conductor poniendo los intereses de Mendoza por encima de los lealtades personales, ideológicas y partidarias. Nadie en Mendoza le pedía que rompiera con el presidente ni con la Nación, pero sí que pusiera los límites que todo gobernador debe poner cuando los intereses no coinciden.

Frente a Llaver, los dos modelos extremos fueron los de José Bordón y Julio Cobos. Bordón fue muy estimado cuando se negó a dejar la gobernación para asumir como Ministro de Menem. A partir de allí, Bordón se diferenció cada vez más de Menem y eso sólo le sumó. Pero cuando el enfrentamiento fue a todo o nada y Bordón hasta rompió con el PJ para competir con Menem por la presidencia, los mendocinos no lo acompañaron.

En sentido inverso, la provincia recibió con beneplácito la política de acercamiento del gobernador Cobos con el entonces presidente Néstor Kirchner. La figura de Cobos no paró de crecer gracias a ese acuerdo. No obstante, cuando Cobos estableció una "relación carnal" con Kirchner y se hizo su socio político, los mendocinos le dieron un apoyo impensado a Celso Jaque, quien se postuló prometiendo que entre Mendoza y el proyecto nacional al cual adhería, siempre optaría por la primera en caso de conflicto. Sin embargo, cuando el pacto entre Cobos y Kirchner se rompió, Jaque no dudó un instante en suplantar a Cobos en su papel de aliado incondicional del poder central. Y así le está yendo.

Entonces, desechadas la oposición frontal o la alianza carnal con el gobierno nacional -ambas rechazadas por los mendocinos- las opciones que quedan son la del aislamiento como practica San Luis o la del lobbie como hace San Juan. Pero el aislamiento es imposible porque no tenemos independencia financiera. Ni el lobbie, porque los legisladores nacionales oficialistas no responden a Jaque, sino a Kirchner.

Por estos días, el gobernador busca desesperadamente un camino para afirmar una gestión que frente a cada problema de mediana jerarquía parece atomizarse en infinitos caminos, donde cada uno de sus miembros sólo apuesta al sálvese quien pueda. Imagina posible contrarrestar esos vicios obligando a un acatamiento vertical a sus directivas o, bien, definiendo algún enemigo externo tras el cual unificar sus huestes.

Pero todos los intentos serán infructuosos mientras la provincia no defina una clara relación con la Nación, bien diferente a la seguida hasta ahora de querer repetir la sumisión cobista pero en tiempo de vacas flacas y sin que Jaque le sea necesario a Kirchner como sí le era Cobos.

Frente a las vacilaciones jaquistas, el vicegobernador Cristian Racconto encabezó una minisublevación interna contra esa relación tan subordinada al poder central. Y si bien no pudo arrastrar a nadie del PJ, pegó en el punto más flaco de Jaque. Luego, el vicepresidente Cobos lanzó -asesorado por sus principales espadas económicas locales- un planteo de descentralización.

Está claro que -al menos por ahora- las propuestas de ambos "vices" no pasan de meras declaraciones porque ninguno de los dos puede hacer nada para modificar esa realidad de brutal sumisión al poder central. Pero sus golpes, aunque no cambien la realidad, pegan donde duele.

La situación federal sólo podrá ser alterada sustancialmente cuando los gobernadores se rebelen en conjunto contra el hegemonismo nacional en defensa de los intereses locales que deben representar. No obstante -y por mejores o peores razones- los dos "vices" le han marcado a Jaque el único camino que le queda para reconstruir un gobierno en crisis. En él estará tomarlo o dejarlo. Nadie le pide que sea otro Bordón u otro Cobos.

Pero a casi todos los mendocinos les gustaría que sepa ponerse firme como en su momento lo supo hacer Llaver.

Comentá la nota