El gobernador que dejó de ser kirchnerista

Por Fernando Laborda

A dos semanas de la convocatoria presidencial al diálogo político y social, está visto que la receta frente a los problemas tras la derrota electoral del Gobierno no ha sido otra que más kirchnerismo.

El diálogo quedó casi vacío de contenido luego de que el ministro de Economía anunciara las menos que cosméticas modificaciones en el Indec y de que el titular de la cartera de Justicia desestimara reformas para el Consejo de la Magistratura.

Los Kirchner están convencidos de que el traspié electoral obedeció a problemas de comunicación. La conformación de un gabinete de ministros en el que abundan los voceros (Aníbal Fernández, Amado Boudou, Julio Alak) da cuenta de esa percepción. Es común echarle la culpa a la comunicación cuando no se quiere profundizar en las causas reales de un fracaso.

Pero la presencia de ministros más locuaces no resolverá el problema que representa la consolidación de un estilo de toma de decisiones que descree de todo ámbito de debate político. Un estilo que va desde la intolerancia a la crítica hasta la inexistencia de reuniones de gabinete, lo cual equivale a hacer acrobacia mayor sin red. ¿Puede un gobierno que descree de la discusión interna fijar condiciones para un diálogo serio?

La estrategia de "retroceder nunca, rendirse jamás" de Néstor Kirchner comienza, sin embargo, a encontrar limitaciones. El problema del matrimonio presidencial es que no sólo enfrenta ya a una oposición política todavía desarticulada, sino también a gobernadores que hasta no hace mucho eran sus aliados.

El mejor indicador lo dio horas atrás Daniel Scioli, quien se puso del lado de los productores agropecuarios y reclamó el fin de las retenciones al trigo y la reapertura de las exportaciones de carne. Finalmente, llegó el día en que el gobernador bonaerense descubrió que debía dejar de ser kirchnerista.

"No es que querramos diferenciarnos de Kirchner. Es que somos distintos y tenemos estilos diferentes", puntualizó un dirigente cercano a Scioli. El gobernador piensa reconstruir su fortaleza política sobre la base de dos sectores: los intendentes y el campo. Así como confirmó al jefe comunal de Avellaneda, Baldomero Alvarez de Oliveira, como ministro de Desarrollo Social, es probable que sume a otros intendentes al gabinete. "Es lo contrario de Cristina, que pudo haber llenado su gobierno de Manzures (por el ministro de Salud proveniente de Tucumán), pero no lo hizo", aclaran los sciolistas.

Scioli reclama una compensación para su provincia, que sufre un abultado déficit. El problema es que el rojo financiero del Estado nacional supera en el primer semestre del año los 1700 millones de pesos frente a un superávit de casi 13.000 millones en igual período de 2008. Si no pudo capitalizar antes de los comicios su fidelidad al kirchnerismo, ¿podrá Scioli lograr algo ahora fuera de él?

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