Gloria, sospechas y caída de un gigante de EE.UU.

Gloria, sospechas y caída de un gigante de EE.UU.
Previo a la crisis, el Citi era el banco más grande de EE.UU. y aun del mundo, escoltado -al vaivén de la cambiante valoración bursátil de estos dos últimos años- por el británico HSBC, el estadounidense Of America o el chino Industrial & Commercial Bank (ICBC).
En su país fue un gigante desde que nació como Citi Bank en 1812, presidido por el coronel Samuel Osgood, compañero de George Washington en la Revolución, y más todavía desde hace 11 años, cuando su grupo de control, Citicorp, se fusionó con el holding Travelers para dar nacimiento al nuevo Citigroup.

Según datos del propio banco, maneja 200 millones de cuentas de clientes en todo el mundo y tiene presencia en más de 100 países, entre ellos Argentina. Su cuartel central siempre estuvo en Nueva York, por eso es tan newyorker que hasta su slogan evoca a la Gran Manzana: el banco que "nunca duerme". Pero quizá la falta de sueño le jugó en contra, pues estos años se vio envuelto en varios problemas financieros y legales. Y la crisis global en curso agravó las cosas.

El domingo, Clarín reprodujo una imagen contundente sobre la desvalorización de grandes bancos por esta crisis -de la que todos ellos fueron responsables connotados- y la del Citi era impactante. En dos años su valor cayó de US$ 255 a 19 mil millones, piso que esta semana siguió hundiéndose (La imagen de las burbujas reventadas la realizó otro banco, el JP.Morgan-Chase, que hace el índice EMBI más famoso como de "riesgo-país", cuyos empleados son los que están en riesgo de veras: el jueves 12.000 quedaron en la calle).

Como otros grandes bancos, el Citi se comprometió con operaciones desreguladas en bonos hipotecarios y el pinchazo del boom especulador en bienes raíces le provocó pérdidas colosales: en sus libros hay incobrables por US$ 300 mil millones, casi el valor de toda la economía argentina. Ahora entra en él el Estado para sostener la estantería y responder ante los clientes que buscan recuperar su dinero.

En los '90, su punto oscuro fue el lavado de dinero y la liviandad del banco para supervisar a algunos de sus grandes inversores. El propio Senado de EE.UU. realizó una célebre investigación que derivó en el cambio de directorio. Quedó al frente Charles Prince, a quien al final de 2007, en la primera etapa de la crisis de las hipotecas, sucedió Vikram Pandit.

En el directorio, hasta que el Estado asuma la mayoría, siguen siendo principales accionistas el príncipe saudita Al-Waleed bin Talal y el gobierno de Singapur.

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